Una ley de abastecimiento que sale para ser aplicada

Por José Angel Di Mauro. En una maratónica sesión, el Senado aprobó los proyectos sobre la deuda y la reforma de la ley de abastecimiento. Los reparos de empresarios y legisladores. Sergio Berni, omnipresente.

Recién salido de la reunión de Labor Parlamentaria, el senador opositor admitió resignado ante este medio dos cosas: que la sesión de ese “supermiércoles” sería sumamente extensa, por tener que abordar temas tan importantes como polémicos como el Pago Soberano de la deuda y la reforma de la ley de abastecimiento, y que el oficialismo tenía los votos para aprobarlos. Pero aclaró que por lo menos no presidiría Amado Boudou, lo cual constituía un alivio por dos motivos: no agregaría un factor resistido por la oposición, y evitaría una polémica que alargaría el debate.

La oposición sabía que la ausencia del vicepresidente podría ser solo inicial, para permitir el quórum y el comienzo normal de la sesión, no descartándose que durante el transcurso de la tarde el titular del Cuerpo se pusiera el frente, lo cual igual generaría una serie de cuestiones de privilegio. Por eso se abocaron a delinear una estrategia para la emergencia, pero todo quedó de lado cuando al arrancar la sesión se encontraron con el vicepresidente sentado en su sitial.

No pudo confirmarse si fue orden de Cristina, o si no hubo manera de que hacer desistir a Boudou de lo que se había propuesto, y una vez más el presidente del bloque oficialista apareció desautorizado. De ahí que no sorprendiera verlo fastidiado durante la hora y media que duró esa discusión.

El episodio no es más que una anécdota frente a los temas más gruesos que se debatieron luego, sobre todo la reforma de la ley de abastecimiento que comenzó a discutirse a las 0.30 y se votó pasadas las 4 de la madrugada. Pero sirvió para que más de un legislador opositor deslizara en privado con fastidio sus reparos hacia el gobierno: “Nos piden que nos quedemos tranquilos, que no van a aplicar la ley de abastecimiento como temen los empresarios… pero si es como cuando nos aseguran que Boudou no va a presidir…”.

Muy por el contrario, los políticos repiten lo que estiman los empresarios: que la ley sale para darle al gobierno herramientas que se propone aplicar, si la situación se agrava, como estiman que sucederá. La Presidenta ha señalado hacia las automotrices, acusándolas de “encanutar” unidades. No es un antecedente tranquilizador justo cuando se está tratando semejante proyecto; pero de todos modos no se piensa que la eventual embestida vaya en ese sentido, sino para un “enemigo íntimo” del kirchnerismo: el campo.

Precisamente los últimos días hubo disposiciones de la AFIP que obligan a productores a referenciar con las coordenadas del GPS la localización de silo bolsas. La Sociedad Rural consideró “exagerada” la disposición, teniendo en cuenta que ya existe una normativa para que el productor declare anualmente sus existencias de granos a la AFIP, por lo que la vincularon con la sanción de la nueva ley de abastecimiento, “para que el gobierno pueda profundizar su poder de confiscación”.

Durante el debate en el Senado, el senador radical Oscar Castillo puso en palabras esos temores: “Creo que este gobierno busca una cobertura legal para exigir las liquidaciones de los stocks de las exportaciones, a fin de poder hacerse de dólares. Es decir, obligar a los gringos a vender su cosecha, llegado el momento”.

Lo cierto es que los dólares se siguen yendo del Banco Central. Esta semana la city porteña se convirtió en un bosque muy tupido, por la cantidad de “arbolitos”: no había manera de evitarlos. Un encumbrado dirigente vinculó ante este medio semejante exceso de oferta con empleados que lo primero que hicieron tras cobrar sus sueldos fue comprar dólares al valor oficial, para ofrecerlos luego al valor del blue, haciendo una jugosa diferencia. Al día siguiente se conoció la disposición del Central para acotar más la venta del “dólar ahorro”. Más que evitar la escalada de su valor, ahora la preocupación es el drenaje persistente que ya en agosto pasado constituyó un récord: 260,1 millones de dólares se fueron por esa vía, el mayor volumen en lo que va del año. Y sólo en la primera semana de septiembre, esa cifra trepó a 170,4 millones, lo que hace prever que se superará la marca del mes pasado.

Ahí es donde volvió a aparecer Sergio Berni, por estos días el funcionario más presente en los medios a través de sus acciones, que mandó a los gendarmes a hacer operativos en el microcentro en busca de “cuevas” financieras. La medida, más efectista que efectiva, apunta al menos al corto plazo. Muestra también a la fuerza de seguridad más confiable para el gobierno lejos de la Panamericana, donde se la ve casi todas las mañanas lidiando con los piquetes de la izquierda. Justamente esta semana quedó allí envuelta en una situación que podría caracterizarse como “blooper”, si se obviara la gravedad del hecho, con un comandante de Gendarmería lanzándose sobre un automóvil, como si estuviera en Titanes en el Ring.

Las desafortunadas explicaciones del secretario de Seguridad volvieron a ponerlo en el centro de la tormenta, y ya suma varios traspiés que hacen pensar en los riesgos de su exagerada exposición mediática. Se sabe que en el gobierno tiene más detractores que amigos, y el kirchnerismo duro lo resiste con fuerza. Curiosamente, el sector del oficialismo donde con mejores ojos lo miran es el sciolismo, donde piensan en alternativas potables para remplazar como candidato a gobernador a Martín Insaurralde, quien a fin de año o a comienzos de 2015 piensa irse al Frente Renovador.

Berni cuenta, eso sí, con la anuencia presidencial. Para ella y para ese kirchnerismo que lo ve con ojos críticos habla el supersecretario cuando permanentemente la emprende contra Mauricio Macri y la Policía Metropolitana. Al jefe de Gobierno lo saca de quicio y lo ha convocado a su despacho para tratar de contenerlo.

Macri contó que llamó a la Presidenta para hablar del tema seguridad, recuperando el diálogo con Cristina después de muchos meses. Al rato la mandataria lo criticó públicamente por el “impuesto Netflix” y dijo que cuando hablara con él le pediría que lo eliminara. De hecho, es un impuesto que Macri no hubiera autorizado de haber sido consultado previamente. Como político en campaña que no debe ofrecer flancos para sus enemigos, lo molestó bastante el tema, que de todas maneras tiene una fuerte cuota de lógica, al punto tal que la jefa del bloque kirchnerista de la Legislatura porteña lo justificó en privado deslizando que “Cristina no tendría que haber criticado eso”.

Metido de lleno en una campaña que lo muestra firme en el podio de los presidenciables, Mauricio Macri tiene este domingo una cita clave en Marcos Juárez, donde se estrenará la convivencia PRO-UNEN con un candidato macrista para intendente respaldado por radicales y juecistas, contra el poderoso peronismo gobernante. Las perspectivas son favorables, pero los macristas admiten que el delasotismo ha puesto “toda la carne en el asador” la última semana y advierten sobre todo sobre un spot en el que el gobernador sugiere que al municipio “le conviene” un intendente afín al gobierno provincial. Con todo, en su entorno afirman que Mauricio Macri estará en Marcos Juárez, gane o pierda. Y muchos de UNEN, sobre todo los radicales, estarán atentos a ver cómo resulta esa experiencia.

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