Los tiempos electorales se aceleran por la ciudad

Por José Angel Di Mauro. Al convocar el gobierno porteño a votar en abril, puso en marcha la maquinaria electoral que en la Ciudad no descansará en el verano. Los problemas en el PRO por la postura de Michetti. El kirchnerismo retoca la difusión de sus actos.

Aunque hoy parezca extraño, en su irrupción en la política nacional, la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner desfilaba permanentemente por los programas periodísticos. Ya se destacaba por su capacidad de oratoria y era un personaje atractivo para entrevistar. Tan es así que allá por 1997 alguien le preguntó si a propósito de la soltura con la que se desenvolvía en las notas, no le gustaría ejercer el periodismo cuando dejara la política. La esposa del entonces gobernador santacruceño no dijo que no, todo lo contrario.

“¿Sabés que me encanta? -fue la hoy sorprendente respuesta-. Me encanta porque yo tengo mucha vocación de indagación, pero no de interpelación a tal o cual personaje, sino de interpelación sobre los temas…”. Y aceptando el desafío, se imaginó ejerciendo la profesión: “Tal vez no sería una periodista que tuviera que ver con la gama del reportaje, sino tal vez con el periodismo de investigación, donde el reportaje sería un complemento de la investigación y analizar porqué suceden determinadas cosas. Es algo que me gusta mucho”.

Tal vez se habrá imaginado manejando su propio programa periodístico cuando prácticamente condujo nada menos que junto a Mariano Grondona una recordada edición de Hora Clave transmitida desde los mismísimos Hielos Continentales.

Ya no es probable que en un futuro podamos ver a CFK ejerciendo el periodismo, como alguna vez puede haber fantaseado ella, pero está claro que la Presidenta ha cumplido su deseo de convertirse en una suerte de conductora televisiva, a través de esos actos en los que le organizan varias teleconferencias, sistema que le fascinan y le permite estar simultáneamente en varios lugares a la vez sin tener que moverse de la Casa Rosada.

Pero ya venía quejándose la mandataria de que esos actos en los que formula anuncios de obras y entregas de beneficios no suelen ser luego reproducidos por los medios como ella desearía, razón por la cual esta última semana sorprendió anunciando cadenas nacionales más cortas, editadas y en horarios centrales, compilando esas actividades.

Si bien finalmente no hubo -por ahora- cadenas nacionales diarias, la Presidenta se mostró casi todos los días. Tras anunciar el plan de salud bucal Argentina Sonríe el lunes, recibió al plantel de Racing al día siguiente; ofició de anfitriona en la Cumbre del Mercosur el miércoles, y encabezó un acto de promulgación de la ley de trabajadores del servicio social el jueves. Más allá de que pueda menguar la actividad en la temporada estival, este ha sido un anticipo de lo que viene para un año electoral en el que si bien la Presidenta no será candidata -por ahora-, quiere ser protagonista, cuestión de no salir del centro de la escena.

La comunicación presidencial siempre ha sido motivo de desvelo para el kirchnerismo. Forma parte de su obsesión con la prensa, y en ese marco el gobierno fue variando las estrategias. Llegó a probar en su momento un par de conferencias de prensa de Néstor Kirchner seguidas, y hasta se utilizaron hace un año los reportajes semanales a la Presidenta con entrevistadores rotativos, hasta que el hematoma subdural dijo basta.

Ahora se anuncian las cadenas “fugaces” pero reiteradas, que buscarán mostrar a un gobierno activo en tiempos electorales. La comunicación ha sido el factor que llevó a Cristina a llevar de nuevo a la Casa de Gobierno a Aníbal Fernández, para que diariamente complemente de manera más expeditiva la tarea que cada mañana emprende el jefe de Gabinete ante los micrófonos. El ahora exsenador debe haber pensado en los fueros que tenía asegurados hasta 2017 y que ahora debía abandonar, pero no dudó un instante en aceptar. Hay que reconocer que Aníbal siempre ha hecho lo que los Kirchner le han pedido, salvo vender sus dólares.

El presidente de Quilmes fue uno de los protagonistas del recambio de funcionarios que debió ejecutar Cristina Kirchner por su enojo con la Secretaría de Inteligencia, a la que descabezó, un año después de haberlo pensado seriamente. Puso al frente del organismo a Oscar Parrilli y a Aníbal F. en su lugar. Signo del poder que se va perdiendo, ya no hay caras nuevas para completar los cargos.

La campaña electoral se ha acelerado a partir de la decisión de Mauricio Macri de desdoblar las elecciones en la Ciudad. Mejor dicho: las dejó como dice la ley. En caso de haberlas unificado, la Legislatura tendría que haber dictado una ley especial para permitirlo. En las cinco elecciones de jefes de Gobierno que se han realizado desde que la Ciudad cambió su estatus de municipio a Estado autónomo, nunca los comicios coincidieron con los nacionales.

El macrismo estiró hasta último momento su decisión sobre el tema, prevaleciendo finalmente la postura de quienes sugerían escalonar las elecciones, de modo tal de encadenar una sucesión de triunfos resonantes que beneficien las posibilidades de Mauricio Macri para las presidenciales. Convencidos de que les irá mejor que nunca en la Ciudad, el gobierno porteño convocó a votar en las PASO el 26 de abril, en tanto que la primera vuelta está prevista para el 5 de julio. Y en caso de haber balotaje -como suele suceder en la Ciudad-, será el 19 de julio. Tres semanas después se harán las PASO nacionales; es el efecto que quiere capitalizar Macri.

La cita electoral adelantó los tiempos para todos, y UNEN, que en Capital tuvo el año pasado su nacimiento auspicioso, optó por modificar la estrategia de entonces, unificando listas. Una medida lógica, por cuanto ahora cuenta con un candidato taquillero, pero en la unificación dejaron de lado a sectores como Libres del Sur, el GEN y Proyecto Sur… los partidos más refractarios a una alianza nacional, precisamente con el PRO, advirtiéndose claramente la mano de Elisa Carrió detrás de esta movida.

Para el macrismo, en tanto, se adelantó también una cuestión que no han podido resolver y que amenaza con enturbiar el cronograma triunfal que planifica: la candidatura o no de Gabriela Michetti. Macri la quiere de vice, para garantizar la propuesta de una fórmula “PRO pura” para las presidenciales; pero también porque de esa manera le deja el camino expedito a quien considera realmente que aseguraría la continuidad del modelo macrista en la administración de la Ciudad. Hablamos de Horacio Rodríguez Larreta, quien pese a contar con la anuencia de la mayoría del Gabinete porteño, está un par de escalones por debajo de la senadora en la consideración popular.

Michetti, que ya le ha dicho que no a Macri el año pasado, cuando el líder del PRO quería que fuera candidata en la provincia de Buenos Aires -nació en Laprida-, tiene resuelto apostar a la Jefatura de Gobierno, precisamente la razón por la que en 2013 no quiso mudarse a la Provincia. Ha deslizado que si no la dejan competir, se queda en el Senado, donde tiene mandato hasta 2019.

Estas discordias son una novedad en el macrismo, donde precisamente alardeaban con el clima de sana convivencia en el que cada lanzamiento de precandidaturas contaba con la presencia de sus competidores. Tendrá que encontrar Macri la manera de solucionarlo civilizadamente, pues de lo contrario sus adversarios se harán un festín comparándolos con UNEN.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password