Por Yayo Hourmilougue. Otra mirada de la reunión que protagonizaron en el Vaticano el presidente argentino y el santo padre.
Imagino que el presidente Mauricio Macri carece de ingenuidad. Y que tiene para sí, bien definida la fe. Tener fe, significa creer en algo, en alguien, en uno mismo. Lamentablemente, no sucede lo mismo con miles de argentinos.
La fe, no es solo un término que nos oriente directamente al catolicismo. Hay otras religiones, y otras formas de construir la fe en uno. Tras años de creencia, logre sin proponérmelo, ser un agnóstico, y posiblemente horas o días antes de morir, intente o necesite creer en Dios. Le sucedió a Sartre. Me vi obligado tras tantas guerras, tanta hambruna y pobreza, y ante tanto Poder de pocos, mal usado, y tras ver tanta destrucción y tanta injusticia, a revelarme, eso no significa perder la fe, sino orientarla en otras direcciones.
He leído y escuchado que 22 minutos del Papa al Presidente argentino han sido pocos. Una ofensa. Y que muchos se sienten decepcionados con el Santo Padre. Que a otros concedió más tiempo. O que envió un rosario a una presa, Milagros Sala. Seguramente le envió un rosario para que rece y pida perdón, imagino. Ninguna palabra ha dicho el Papa acerca de esta mujer a la que recibió hace tiempo. La agenda del Jefe de la Iglesia Católica, está sujeta a errores como cualquiera, lo que así mismo, tiempo después, puede ser un inconveniente “inconfesable”.
Es necesario entonces recordar que la religión no carece de ideología. Es quizá contrario a esto, y desde la más remota época, la formadora más poderosa de ideología, aunque eviten el término mencionándolo de otras maneras. Dentro de la Iglesia, los Franciscanos merecen una lectura más clara. No la que la mayoría de los argentinos agota en las redes. Bergoglio es el primer Papa Jesuita, y el primer Papa proveniente de América Latina. Es Franciscano y es conocido también como Il Poverello d'Assisi (‘el pobrecillo de Asís’, en italiano). El mismo Francisco que pidió a los franciscanos que “¡No pierdan la pobreza!”. Sucedió el 27 de Mayo de 2015 (ACI/EWTN Noticias). Exhortó allí a los frailes franciscanos “a no perder la pobreza, sino conservarla, porque es parte de su identidad que -junto con la minoridad, la fraternidad y la humildad- les ha permitido ganarse el amor del pueblo de Dios y ser portadores de la misericordia del Señor”. La pobreza es entonces para ellos, una forma de vivir, una forma “hacedora”.
En este contexto, llega a visitarlo un presidente Macri que hace tiempo encontró en “la armonización budista la manera de abrir su universo íntimo”, y además, hablándole al Papa de aquello que muchos argentinos apoyamos, aunque más no sea conceptualmente; “Pobreza Cero”, conceptualmente digo, porque no existe tal cosa en ningún lugar del mundo; pero si disminuimos nuestra pobreza (el hambre es otra cosa) a cifras menores, el concepto habrá encontrado su lugar. El Papa Francisco tiene una excelente relación con otras religiones, por lo tanto, el budismo mediante la reflexión, o los cuencos tibetanos o los gongs, no puede asustarlo, pero no se trata precisamente, digamos, de Catolicismo. Creo que la mayor temeridad, infundada, contra el Ideal Franciscano, parte más, del Ideal Liberal que de otra cosa. Sin embargo el Santo Padre le regaló al presidente un medallón con un olivo “que une lo que está separado”, “A los jefes de Estado me gusta regalarles esto”, lo que significa más de una señal.
No fue entonces una mala reunión. Tampoco la mejor. Seguramente habrá que construir tiempo de cada parte, para reunirse en años, quizá, con nuevos resultados. Ambos coincidieron por lo pronto en la preocupación recíproca respecto al narcotráfico y la corrupción, temas que en Argentina, crecieron al amparo de la última presidenta, a quien el Papa Francisco, y pese a la distancia que existió de cuando era Cardenal en Buenos Aires, concedió más tiempo. Tampoco él o la Iglesia, pueden ofenderse tanto porque Cristina y Macri no hayan “plantado el olivo de la paz” que en su momento propuso.
Temas acerca de los cuales, si no los tomamos con seriedad, ni aquellos militontos que escriben en las redes burlándose, ni Macri, ni el Papa, ni Dios, podrán salvarnos. Ahí es donde la fe de los buenos argentinos, necesita imponerse intentando unirnos.
“…saca primero la viga de tu propio ojo, entonces mirarás claramente para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Mateo 7:3- 7:4.