El antimacrismo en su expresión plena copó dos veces la Plaza

Por José Angel Di Mauro. Ya no fueron los piquetes, más reducidos, pero igual de opositores; esta vez fueron marchas masivas por temas que habitualmente concitan gran adhesión colectiva, pero que estuvieron teñidas por un color político intenso.

“Unir a los argentinos” es uno de los tres puntos que conforman el eje de los objetivos fundantes propuestos por el gobierno de Cambiemos, y parece tan difícil de alcanzar como el utópico “pobreza cero” propuesto también en el inicio de esta gestión. Esta semana quedó claramente expuesto -y más de una vez- con las manifestaciones masivas que se realizaron contra el gobierno nacional. No fueron esta vez piquetes más o menos reducidos pero capaces de enloquecer el tránsito porteño, como venía sucediendo las últimas semanas, sino dos gigantescas manifestaciones por cuestiones puntuales que devinieron en furiosas protestas anti-macristas.

El miércoles, la Marcha Federal docente fue en reclamo de una paritaria nacional que el gobierno está decidido a no abrir hasta no se hayan cerrado las negociaciones salariales en todos los distritos, pero que exhibió un tono opositor extremo. Se sabe de la sintonía de buena parte de los gremios docentes con el kirchnerismo, y también de un sector importante con la izquierda: ambos ubicados en las antípodas de Cambiemos. Roberto Baradel, el líder de Suteba elegido especialmente por el gobierno como contrafigura con la cual confrontar, es un kirchnerista asumido; pero llamó particularmente la atención en el acto de Plaza de Mayo el discurso de Carlos de Feo, el titular de la Conadu -el gremio que nuclea a los docentes universitarios-, que no tuvo empacho en proclamar: “No queremos que le vaya bien al gobierno. Queremos que le vaya mal”. Eso sí, aclaró que no quieren “que se caiga”, sino “generar una alternativa en la calle para que esta Plaza vuelva a estar llena en 2019, como lo estuvo hace unos años”. Sus palabras fueron coronadas con el ya clásico grito de guerra K “vamos a volver”.

Un acto curioso, en el que la titular de CTERA, Sonia Alesso, cerró su discurso citando a Fidel Castro -“esta es una batalla de ideas”-, y en la Plaza fue notorio ver mucho cotillón kirchnerista y, sobre todo, merchandising contra Macri: desde remeras hasta helicópteros alusivos ya se sabe a qué. De hecho, había carteles que sugerían alternativas del tipo “paritarias o helicóptero”.

El mismo tinte opositor -aun más amplificado- acompañó la marcha del viernes por el Día de la Memoria. La magnitud de la movilización, monopolizada también por el kirchnerismo y la izquierda, movió a interpretar el razonamiento que llevó a quienes aconsejaron y lograron incluir la fecha en el decreto que pretendió transformar el 24 de marzo en un feriado móvil, en la esperanza de restarle público a los actos. El episodio motivó una de las tantas “reversas” del gobierno, y fue el disparador que garantizó que el acto fuera más masivo que lo habitual, aunque el viernes en Gobierno admitían que así no hubiese existido la polémica por el decreto, el acto hubiera sido igualmente “politizado en extremo” como se vio, y e igual de masivo.

El resultado fue en sintonía con la polarización que pretende remarcar el ala duranbarbista del gobierno, y pareciera jugar en ese sentido la ya inclasificable Hebe de Bonafini, que en las vísperas se peleó con Estela de Carlotto y llamó “asesina” a María Eugenia Vidal; mientras que al día siguiente fue a la Plaza en compañía de Aníbal Fernández, el metrodelegado Néstor Segovia y Roberto Baradel, para después, en un acto paralelo, tildar a Macri de “hijo de mil putas”, confesarse “fanática del legado de Néstor y de Cristina”, y decirle “basta” a los “democráticos”, para “cagarse en los buenos”, porque “no soy buena”… Un repertorio completo que llevó a frotarse las manos a más de un oficialista.

Con formas más civilizadas pero igualmente severas, en el acto que encabezó la más racional Estela de Carlotto se leyó un documento que reivindicó la lucha de las organizaciones armadas, pidió la libertad de Milagro Sala, respaldó a Alejandra Gils Carbó, ratificó la existencia de 30.000 desaparecidos, y parangonó al gobierno actual con la dictadura. Todo eso bajo el repiqueteo constante del cántico “vamos a volver”, y alusiones permanentes y de todo tipo al helicóptero que esperan más temprano que tarde se lleve a Mauricio Macri de la Casa Rosada.

Curiosa manera de conmemorar el golpe sangriento de hace 41 años, alentando otro que replique el registrado hace 15.

Más allá de que los excesos jueguen a favor del gobierno, una buena parte de Cambiemos estaba incómoda el viernes. “Perdimos la Plaza; somos los que enjuiciamos a los comandantes del Proceso y tenemos que resignarnos a ceder el lugar a los que no hicieron más que bajar un cuadro”, se quejaba amargamente un legislador radical que reconocía haber tenido que limitar su participación en esta fecha a las redes sociales.

La inquietud de buena parte del gobierno va más allá de tener que resignar protagonismo en las calles. Si bien le reconocen al kirchnerismo y la izquierda capacidad para movilizar, les sorprende la masividad de estas marchas opositoras, un buen anticipo poco a auspicioso para un año electoral. Y fastidia la insistencia en auspiciar una salida anticipada, lo que redobla la presión sobre el resultado de las elecciones. ¿Qué pasará si, como De la Rúa en 2001, Macri pierde las elecciones intermedias de octubre?

Con el objeto de retomar el centro del ring el jefe de Gabinete fue al Congreso a inaugurar en la práctica el año legislativo. Debió resignar protagonismo porque simultáneamente se desarrollaba la Marcha Federal, pero Marcos Peña salió airoso de su confrontación con los diputados.

El formato de los informes de los jefes de Gabinete favorece a un funcionario bien preparado, pues tiene siempre la última palabra. Las preguntas se formulan por bloques y luego el jefe de Gabinete va respondiéndolas. Así, el ahora barbado Peña tuvo oportunidad de lucirse especialmente cuando le tocó responder al kirchnerismo, que en sus discursos sonó como si hubieran dejado un país funcionando como Suiza. “¡Alguna vez háganse cargo de algo! ¡Ustedes gobernaron durante doce años y nosotros llevamos quince meses!”, les gritó un combativo jefe de Gabinete, que cuenta en esos casos con el respaldo de un ejército de asesores que lo acompaña para asistirlo ante las preguntas que le formulan. No podría pasarle como al Presidente, que el sábado anterior había quedado malamente expuesto ante el asedio de Mirtha Legrand, y se estrelló cuando erró el valor de la jubilación mínima.

Previsiblemente los ecos de ese programa retumbaron en el recinto de Diputados, donde curiosamente tres diputados kirchneristas, Axel Kicillof y dos camporistas, citaron a la diva -tan denostada durante años por los K-, que para su regocijo le había espetado al Presidente que “ustedes no ven la realidad”. Curiosamente omnipresente, cinco veces fue mencionado el nombre de la conductora durante el debate legislativo del miércoles.

Aunque la comparación no es aceptable, en su lógica incendiaria el kirchnerismo desearía establecer un paralelo entre el paso de Mauricio Macri por el programa de Mirtha, con el de Fernando de la Rúa por el de Tinelli, en 2001.

Ansioso por recomponer puentes con el votante de Cambiemos, el gobierno lanzó la última semana una inédita línea de créditos hipotecarios a 30 años. Paralelamente extenderá los planes Ahora 12 y 18, y recompondrá el programa Precios Transparentes que tuvo un efecto lapidario en las ventas, de modo tal de recomponer el consumo. Asimismo, dejó de lado pruritos e incluyó en la tanda del fútbol spots para difundir la obra pública que se está realizando.

Necesita cerrar conflictos y espera que la gobernadora María Eugenia Vidal pueda encauzar en los próximos días la negociación con los gremios docentes, no descartándose que cierre la paritaria con un aumento por decreto. Es el camino que debió seguir Daniel Scioli en 2013 y 2014, aunque eso no cierra el conflicto, pues los gremios pueden seguir con los paros. Es lo que le pasó a Scioli, que así y todo debió darles después más.

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