Una derrota legislativa que intentarán capitalizar

Inicialmente el gobierno quería avanzar contra De Vido, creyendo tener los votos, pero sin importarle el resultado. Después no quería perder, y ahora sabe que no llega e igual confía en sacar rédito de esta pelea.

Por José Angel Di Mauro

Es innegable imaginar una intencionalidad oficialista especial detrás de la embestida contra el diputado nacional Julio De Vido, posiblemente nacida a partir de que la influyente Elisa Carrió movió el avispero al cuestionar la parsimonia judicial contra el exministro de Planificación Federal. Como suele suceder cada vez que habla la cofundadora de Cambiemos, fue notoria la manera como el exfuncionario salió de su statu quo y la presión en su contra comenzó a acelerarse.

Pero el factor desencadenante del intento de exclusión que está a punto de definirse lo marcó el pedido de desafuero y detención dispuesto por el fiscal Carlos Stornelli. A partir de ahí sobrevino la recurrente polémica que suele armarse cada tanto en torno a los fueros legislativos, que entró en una espiral en la que cada protagonista buscó subir la apuesta. Así surgió una sobreactuación en torno al tema, y tras una fallida sesión para tratar el desafuero colectivo del interbloque 1País, se llegó a consensuar una particular figura para expulsar a Julio De Vido: “indignidad moral”.

La intencionalidad que mencionábamos al principio tiene su obvia referencia electoral, más allá de que en el oficialismo recuerden cuando para esta misma época de 2016 promovieron en el recinto la autorización para allanar las propiedades de De Vido.

Amén de esas cuestiones, no puede negarse que la proximidad de las elecciones primarias es un llamador demasiado atrayente como para obviarlo. Fue así como se decidió impulsar la destitución de uno de los protagonistas emblemáticos de la era kirchnerista, independientemente tuviera éxito o no esa búsqueda. Por el contrario, tal vez fuera más conveniente que la medida naufragara, si ello implicaba dejar convenientemente expuestos a los responsables.

Cuando comenzó a avanzar el trámite, el oficialismo decidió ser expeditivo y en lugar de dejar listo el dictamen para antes de las PASO y relegar la definición del tema para después de las elecciones, concentrar toda la actividad en las vísperas de las primarias. El antecedente era auspicioso, pues cuando el 23 de junio del año pasado se votó en Diputados la autorización para allanar propiedades de De Vido, el resultado fue 137 votos positivos, 51 negativos y una sola abstención, la del propio exministro. O sea que entonces se alcanzaron los dos tercios de manera holgada -sobraban 11 votos-, y el dato más destacado fue que todos los votos en contra correspondían al Frente para la Victoria, que como se ve había registrado 21 ausencias.

Sin embargo un análisis de esas ausencias permitía verificar que no necesariamente esos faltazos debían ser tomados como defecciones definitivas. En ese grupo había tres camporistas, y kirchneristas probados como el neuquino Darío Martínez -denunciante del Presidente por los Panamá Papers-, o Nilda Garré, por citar algunos casos. Hubo sí ausencias llamativas, como las de los 5 diputados del Movimiento Evita que poco después se alejaron del bloque, espantados por los bolsos de López y molestos con la situación de De Vido. Y las de bancadas históricamente oficialistas en la era K, como los 6 santiagueños del Frente Cívico y los 3 misioneros del Frente de la Concordia.

Decidido el mecanismo por el cual se buscaría la remoción del diputado, comenzaron a surgir las dudas. Primero, porque los números estaban demasiado acotados; después, cuando comenzaron a vislumbrarse brechas en la oposición. Los reparos de la izquierda, o un Florencio Randazzo diciendo que si bien en lugar de su excolega estaría dispuesto a dar un paso al costado, veía intencionalidades electorales en la movida.

No llamó la atención entonces que los 5 diputados del Evita -cercanos al exministro del Interior- aclararan que no solo no avalarían la exclusión, sino que hasta podrían votar en contra de la misma. Esa posibilidad se confirmó ayer, cuando uno de sus miembros, Remo Carlotto, presentó un dictamen de minoría contra la exclusión del exministro: no se irán y votarán en contra.

Con esos votos, más un kirchnerismo sin mayores deserciones, la posibilidad de alcanzar los dos tercios para echar a De Vido era poco menos que una quimera.

Comenzó entonces a circular en el Congreso la posibilidad de postergar una semana la sesión especial para asegurar la presencia de toda la tropa propia y garantizar más apoyos. Una señal de que Cambiemos no se conformaba con dar el debate y exponer en caso de perderlo a los que votaran en contra en un tema tan incómodo, sino que quería ganar. Pesaba en el oficialismo la idea de que una derrota legislativa lo mostraría débil y agrandaría a un kirchnerismo que se ilusiona con las encuestas bonaerenses que muestran a la expresidenta al frente. Con todo, la búsqueda de respaldos se hacía cuesta arriba, conforme otros legisladores mantenían el hermetismo respecto de sus votos: la izquierda, tentada con la abstención, pero decididamente en contra de la exclusión; los tres puntanos de los Rodríguez Saá, que viven por estos días un insólito e inédito idilio con el kirchnerismo, que votarían en contra o a lo sumo se abstendrían; un Omar Plaini enojado por su gremio intervenido, dispuesto a votar en contra; y una Alicia Argumedo cuya animadversión hacia el oficialismo la llevará a votar como sea pero nunca en el sentido de Cambiemos.

“Estamos en manos de los santiagueños”, deslizó el viernes por la tarde un legislador oficialista en referencia al bloque de seis diputados que responden a Gerardo Zamora. Sin embargo, horas después los del Frente Cívico aclararon que no apoyarían la exclusión de De Vido. Fin de la historia. A lo sumo, Cambiemos aspira ahora a que se ausenten a la hora de votar; lo mismo que los misioneros, que también anticiparon que no avalarían la expulsión.

Con los números cada vez más claros, el oficialismo arrancó esta semana sin mayores esperanzas, admitiendo públicamente la realidad adversa, cuestión de que el traspié no sea exhibido como una derrota impensada. En vísperas de las primarias, nada le conviene menos que mostrarse perdidoso, pero vuelve entonces al plan inicial: mostrar en detalle quienes son los que salvan a De Vido.

Por eso buscará pedir no autorizar las abstenciones, salida elegante para muchos que pesa igual que un voto en contra. Así lo había anticipado el fin de semana Mario Negri, y lo confirmó ayer en la reunión de Asuntos Constitucionales la radical Karina Banfi, que insistió de paso en que la izquierda no persista en votar en contra o abstenerse, beneficiando en ambos casos a De Vido.

Para una sesión que en principio se presume se extenderá al menos 17 horas, Cambiemos tratará hasta último momento de lograr ausencias convenientes que operen en el sentido de acercar la votación a los dos tercios de los presentes. Pero ya no se hacen ilusiones. Y la prueba de que el oficialismo sabe que la suerte está echada es que se haya resuelto no postergar la sesión, convencidos de que los votos no cambiarán la semana siguiente.

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