No hay que echar más leña al fuego en una democracia endeble

Por Alejandro Mansilla. El dirigente político advierte la necesidad, en estos momentos de crisis, de un gobierno fuerte, que genere una organización del trabajo y de la industria.

El presidente de la Nación Alberto Fernández el día que asumió la primera magistratura enunció un eufórico discurso, cuya premisa se centraba en la eliminación de la grieta, esa división cívico-política pergeñada por la expresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner en marzo de 2008, cuando el exministro de Economía y actual senador nacional Martín Lousteau promulgara la Resolución 125 de aumento de las retenciones al agro y cuya finalidad fue la unión de las distintas entidades agrarias, con ideologías de izquierda y derecha, llevando al gobierno de ese entonces a un límite de desestabilización institucional, que gracias a Julio Cobos y varios senadores y senadoras peronistas, no llegó la sangre al río. 

Cercano a los 9 meses de gobierno y timoneando una situación sanitaria preocupante, dada la magnitud de contagios y muertes que causa el coronavirus, la grieta se intensificó. La actual vicepresidenta impone su agenda por sobre los estamentos republicanos y el propio Alberto Fernández, sin tener estructura política férrea y dónde su rosquerío se construyó en Puerto Madero, Recoleta y Barrio Norte, demuestra una debilidad de poder notorio. Si esto no lo soluciona, su paso por el poder será algo anecdótico y similar al de Cámpora, que su retiro fue pacífico y dentro de lo dispuesto por Perón, o será como el de Juárez Celman, dónde su figura generó la Revolución del Parque y el nacimiento de la Unión Cívica Radical. 

De mi parte, debo mencionar que respeto como dirigente político a Eduardo Duhalde, cuyo paso por la provincia de Buenos Aires fue de importancia por el rol de constructor y conductor político, agregando su responsabilidad en la administración del país durante la crisis de 2002 – 2003 y su lógica del diálogo, consenso y cogobierno se incorporaron a su conducta. Ahora, sus dichos emitidos en notas periodísticas fueron un dardo certero, mencionando la probabilidad de un Golpe de Estado que podría venir nuevamente del lado militar. 

Es claro que la gente ya demuestra un cansancio por las promesas incumplidas de los distintos gobiernos que se han sucedido en estos casi 37 años de democracia. Una industrialización inexistente, crisis económicas de distinto tenor, aumento de la desocupación, aumento de la pobreza, limamiento de la clase media, una dirigencia política enriquecida de forma a veces grotesca, niveles de inseguridad preocupantes, aumento desmedido de tráfico y consumo de drogas, entre otros males, hacen de que las nuevas generaciones tengan una visión totalmente distinta de la democracia. Muchos de estos “millenials” con un manejo extraordinario de las nuevas tecnologías, podrían generar una “Primavera Criolla” emulando a la “Primavera Árabe” que derrumbó gobiernos cuasi dictatoriales y valga la similitud, elegidos por sus Pueblos en África del norte, conllevando hoy una situación de guerras civiles y guerras étnicas – religiosas lamentables. 

En la Argentina, no se necesita un Golpe de Estado, se necesita un Gobierno fuerte, bajo un mando enérgico, como lo fue el de Juan Domingo Perón, que siendo militar, gobernó en democracia y defendió las instituciones republicanas, además de generar una organización del trabajo y de la industria que puso al país entre unas de las naciones líderes del mundo. 

Depende del presidente de la Nación que es lo que tiene en mente hacer en el futuro inmediato, si es peronista o es un heterodoxo ideológico que será siervo de un feudalismo K que se acentúa como un movimiento que pretende super

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