El arte dialoga con la Justicia

Por Catalina Pantuso. La socióloga indaga sobre las causas y mecanismos detrás de la crisis de legitimidad del Poder Judicial.

No es una mera casualidad que a la escultura que simboliza a la justicia, emplazada en la entrada del Palacio de Justicia de la Nación, primero los estudiantes de abogacía de la UBA y hoy muchos profesionales, la llamen “La sonámbula”. La obra de arte, concebida en un tiempo y lugar que le otorga sentido, tiene una finalidad estética y también comunicativa ya que expresa la trama de poder de la sociedad. Desde esta perspectiva es muy interesante ver el momento histórico en el que se colocó a La Dama de la Justicia en el sitio más emblemático del poder judicial y analizar qué dice el arte argentino sobre las representaciones que simbolizan el valor de la justicia. 

La actual crisis del Poder Judicial es más que evidente; se arrastra desde hace ya varios años y su valoración negativa aumenta cada día. Se escuchan diferentes opiniones, a veces casi antagónicas, sobre las necesarias transformaciones y el destino de sus estructuras, pero no se ve ningún proyecto ampliamente consensuado para sacar de su letargo a uno de los tres poderes del Estado. 

Para comprender la mala imagen expresada por opinión pública es oportuno ver cómo se representa a la justicia en la tradición occidental y hacer una comparación con las dos esculturas más emblemáticas que la simbolizan en nuestro país: la obra de Lola Mora que desde el primero de marzo de 2014 volvió a estar ubicada al frente del Congreso Nacional, y la obra de Rogelio Yrurtia emplazada en el hall central del Palacio de Tribunales de la Capital Federal a mediados de noviembre de 1959 

Desde el mito egipcio y las diosas grecorromanas hasta la modernidad 

El hombre es un animal simbólico por lo tanto es relevante echar una mirada fugaz sobre las representaciones de la justicia a través de la historia. Citando a Aristóteles se puede afirmar “que no se piensa sin imágenes”. Los símbolos se refieren sólo veladamente a la realidad física y sin embargo apuntan directamente a una realidad mental, pensada, imaginada, hecha de significados y de sentidos. Los antiguos mitos y sus representaciones simbólicas siguen operando en el inconsciente colectivo más allá del tiempo y del espacio en el que fueron creados; sus transformaciones van mostrando el avance o la decadencia de una civilización. Esta es una de las razones por las cuales. 

En la mitología egipcia la diosa Maat, hija de Ra, simbolizaba la verdad, la justicia y la armonía cósmica y estaba considerada como patrona de los jueces. Se la representaba como una mujer de pie o sentada sobre sus talones. En una de sus manos llevaba el cetro “uas”-una vara recta símbolo del poder, la fuerza y el dominio-y en la otra el “anj”, un jeroglífico egipcio que significaba “vida”. Sobre la cabeza, instalada de forma vertical y en perfecto equilibrio, portaba una gran pluma de avestruz que aludía al poder de la levedad y ligereza de lo espiritual sobre la solidez del orden material de las cosas. Esta diosa guiaba las decisiones religiosas y morales del faraón que impartía la justicia entre los vivos, mientras que su pluma se empleaba para pesar con la balanza el corazón de los muertos. Durante el juicio final, en el Tribunal de Osiris -creador de la agricultura y la religión que también era el juez soberano y supremo de las leyes-la pluma de Maat presidía el fiel de la balanza junto al cinocéfalo, representación de Thot, el dios de la Sabiduría. 

En la mitología griega la diosa la justicia y la equidad era Temis, hija de Urano dios del cielo y de Gea diosa de la tierra. Es la encarnación del orden divino, las leyes y las costumbres. Ella rige la correcta relación entre el hombre y la mujer -base de la familia legítima y ordenada-; representa ley de la naturaleza más que la autoridad humana. Suele personificarse con una balanza sostenida con fuerza y en lo alto, mientras se apoya sobre una espada que no está en posición de ataque. Temis, la del ‘buen consejo’, también era pitonisa y fue quien construyó el Oráculo de Delfos. No era vengativa, cuando se violaban las leyes era la colérica Némesis quien hacía uso de la espada y aplicaba el castigo justo. 

Cuando Roma conquistó Grecia, la cultura helénica se fundió con las tradiciones romanas y los dioses del Olimpo tomaron nuevos nombres en el Imperio Romano. Temis se convirtió en Iustitia (Justicia). Se la presentaba como una mujer impasible sentada sobre un león para señalar que la justicia debe estar acompañada de la fuerza. Tenía los mismos atributos de Temis, pero ahora la balanza estaba sostenida a la misma altura de la espada deNémesis (la venganza) y se empuñaba en forma amenazante. Las primeras monedas romanas representan a Iustitia de este modo y con los ojos abiertos. Esta representación puede apreciarse en Palacio Apostólico (Ciudad del Vaticano). Fueron decoradas con frescos del pintor renacentista italiano Rafael (1483-1520). 

A fines del siglo XV la justicia comenzó a ser representada con una mujer que conserva los símbolos de la balanza y la espada, pero que también tiene los ojos vendados, ya que “La justicia no mira a las personas, sino los hechos”. La objetividad debe ser impuesta “sin miedo ni favoritismos, independientemente de la identidad, el dinero, el poder o debilidad”. Iustitia comenzó a presentarse como “ciega” en la estatua de Hans Giengen de 1543 en el Gerechtigkeitsbrunnen (Fuente de la Justicia) en Berna. 

Esta pequeña síntesis muestra que la cosmovisión de la justicia del antiguo Egipto es similar a la noción de armonía y areté -propia del mundo helénico-y a la idea de virtud del mundo judeocristiano, que se proyecta hasta la modernidad. Actualmente se encuentran estatuas de la justicia que siempre tienen los tres símbolos de sus atributos -la balanza, la espada y los ojos vendados-colocados en diferentes posiciones, más o menos amenazantes, que denotan distintas actitudes frente a la violación de las leyes impuestas en cada tradición cultural. 

La estatua de la Justicia de Lola Mora 

La representación alegórica a la justicia realizada por Lola Mora (Dolores Mora Vega) fue exhibida por primera vez el 12 de mayo de 1906, cuando el presidente de la Nación, José Figueroa Alcorta, inauguró el Palacio Legislativo. La gran artista comenzó su trabajo en 1905 primero en Italia y luego en un sector del Congreso que, durante algunos meses, convirtió en su taller y vivienda. En la explanada del Congreso de la Nación se colocaron los dos conjuntos escultóricos que representaban las responsabilidades de legislar de los representantes del pueblo y las provincias argentinas: uno simbolizaba a la libertad y el comercio, y el otro al trabajo, la paz y la justicia. 

Las esculturas realizadas para el Congreso fueron muy criticadas por la audacia de sus figuras y se las consideró como parte de una trama corrupta de sobreprecios durante la construcción del edificio (1905 y 1913) y dos años después fueron removidas y guardadas en depósitos municipales. En 1916 se las trasladó a Jujuy donde, hasta la actualidad, se encuentran dispuestas tal como su autora lo había planeado: en los jardines que circundan la Casa de Gobierno; posteriormente fueron declaradas “Patrimonio Cultural de la Provincia”. 

El primero de marzo de 2014, con motivo de celebrarse los 30 años de recuperación de la democracia, las réplicas de las esculturas de Lola Mora fueron reinstaladas en la explanada del Congreso Nacional. 

No cabe duda de que la escultura dedicada a La Justicia por Lola Mora -inspirada en las escuelas Neoclasicista y Romántica italianas-es una de las mejores obras de la extraordinaria artista argentina y representa genuinamente el espíritu de la Generación del ’80 que sostuvo un republicanismo oligárquico y una democracia tutelada mediante  

el “voto cantado. Al igual que la Iustitia romana está simbolizada por una figura femenina sentada y con los ojos abiertos. Empuña la fuerza de la espada -los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado-con la mano derecha apoyada con firmeza sobre su muslo y en la mano izquierda sostiene suavemente la balanza -la igualdad para el tratamiento de todos-que está ubicada bastante más abajo, sobre la falda. La igualdad ante la Ley era un valor secundario en tiempos de la celebración del “Centenario de la Revolución de Mayo”; se mostró al mundo todo el esplendor de una “Argentina Universal” mientras se ocultó, sigilosamente, la profunda desigualdad entre los sectores sociales y las regiones. Sin embargo, aquello que disimulaba la escultura ya lo había denunciado explícitamente la literatura. La disparidad de criterios ante la ley estaba muy bien relatada en el Martín Fierro, el poema de José Hernández. Más específicamente en La vuelta de Martín Fierro (1879) cuando El viejo Vizcacha recomendaba: “Hacete amigo del Juez/ No le dés de que quejarse;/ Y cuando quiera enojarse/ Vos te debes encojer,/ Pues siempre es gŭeno tener/ Palenque ande ir á rascarse./ Nunca le llevés la contra/ Porque él manda la gavilla/ —Alli şentao en su silla/ Ningun güey le sale bravo—/ A uno le dá con el clavo/ Y á otro con la cantramilla”. 

La Dama de la Justicia de Rogelio Yrurtia 

La primera parte del Palacio de Justicia de la Nación fue inaugurado por el presidente José Figueroa Alcorta, en el marco del Centenario de la Revolución de Mayo. Proyectado por el arquitecto francés Norbert Maillart (1889) y aprobado durante la segunda presidencia de Julio A. Roca, comenzó a construirse en 1905. Este edificio de siete pisos fue inspirado en el palacio de justicia de París; tiene un estilo ecléctico que muestra influencias griegas y romanas; coronan la construcción las llamadas “Guardianas de la Justicia”, cuatro estatuas de mujeres de pie, vestidascon largas túnicas que tienen las manos apoyadas en sus espadas. 

Es el inmueble más antiguo y clásico de todos los que albergan a los tribunales del sistema federal de cortes en la Ciudad de Buenos Aires. En el cuarto piso tiene su recinto la Corte Suprema de Justicia. Ubicado en la calle Talcahuano al 500, se accede al Palacio de Tribunales subiendo una extensa escalinata que termina en el hall principal de la planta baja donde está ubicada la imponente Dama de la Justicia. La escultura -obra del artista argentino Rogelio Yrurtia, reconocido internacionalmente por la calidad de sus trabajos-no fue creada especialmente para representar al Poder Judicial de la Nación, sino que es el resultado de una segunda fundición y la estructura original se encuentra Enel cementerio de Olivos, partido de Vicente López. 

El emplazamiento de la escultura que representa a la Justicia fue una decisión de los integrantes de la Suprema Corte que propuso el presidente Arturo Frondizi -quien ganó las elecciones de 1958 con el apoyo explícito del peronismo dado que el Partido Peronista estaba proscripto por imperio del Decreto Ley 4161-y que aprobó el Senado Nacional. El 12 mayo de ese mismo año juraron los nuevos integrantes de la Corte Suprema propuestos por del Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado Nacional. Sin embargo, también se dio continuidad a la Corte que actuó durante la denominada Revolución Libertadora. Tanto Alfredo Orgaz, designado por Eduardo Lonardi, como Benjamín Villegas Basavilbaso, designado por Pedro Eugenio Aramburu, volvieron a ser designados por las autoridades constitucionales; los nuevos miembros fueron Aristóbulo Aráoz de Lamadrid, Luis María Boffi Boggero y Julio César Oyhanarte. 

La Dama de la Justicia fue instalada en el espacio que correspondía originariamente al busto del General José de San Martín, perteneciente al escultor argentino Luis César Perlotti. Dicha obra fue traslada entonces al Patio de Honor, ubicado en la antesala de la Sala de Audiencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. 

No cabe duda que la reproducción de la obra del gran escultor Rogelio Yrurtia colocada en el pasillo principal del edificio de Talcahuano al 550, a mediados de 1959 no estuvo pensada para simbolizar a la justicia. Según sus biógrafos, el escultor presentó una maqueta de la hoy denominada Dama de la Justicia en 1905, que fue conocida como “Equidad” y estuvo basada en una pequeña escultura llamada “Res non verba”. La escultura original fue realizada entre 1936 y 1938 a pedido de Carlos Delcasse, -diputado, intendente de Belgrano y dueño de la famosa “Casa del Ángel”-para su sepulcro en el cementerio de Olivos. En una carta, que se conserva en el museo Casa de Yrurtia de la Ciudad de Buenos Aires, se revela la intención del artista: “la obra de arte que ha de simbolizar la muerte. La justicia inevitable, incorrupta, divina para todo ser viviente”. 

Muy posteriormente, nueve años después del fallecimiento del autor, el Gobierno Nacional solicitó la autorización para realizar una segunda copia destinada al Palacio Justicia. Ambas obras son idénticas porque los discípulos del artista utilizaron los moldes originales para la segunda fundición. 

La Justicia de Yrurtia está representada por una mujer joven que está de pie, lleva un reducido casco en forma de diadema, y una túnica con pequeños pliegos que caen sobre las sandalias; tiene los brazos extendidos hacia adelante con sus palmas hacia abajo y los ojos están cerrados. A los costados del hall, dando contexto a la escultura, pueden verse los coronamientos que representan las Tablas de la Ley sostenidas por figuras humanas. Esta simbología rompe totalmente con las alegorías de la justicia: sus ojos no están vendados y no sostienen ni la espada y ni la balanza, los atributos que la simbolizan en la tradición occidental. 

No todos los proyectos del escultor fueron concretados. Entre las obras inconclusas se encuentran las destinadas al Dr. Güemes y al Gral. Urquiza. Pero lo más curioso es que Yrurtia dejó proyectada otra obra que denominó “Estatua de la Justicia” (1938), diseñada el mismo año en el que finalizó la fundición de la que se colocó en la bóveda de su amigo Carlos Delcasse. 

La sonámbula no responde 

Las diferentes dictaduras militares que supimos transitar y padecer destituyeron y reemplazaron a los miembros de las diferentes cortes de justicia. La democracia recuperada en 1983 sigue manteniendo a la extraña Dama de la Justicia emplazada en los Tribunales, a quien muchos ciudadanos y profesionales del derecho la siguen llamando “La sonámbula”. 

El decir popular suele descubrir aquello que el discurso oficial trata de ocultar. El sobrenombre de “La sonámbula” no es irrelevante ya que el sonambulismo es un importante trastorno del sueño. Los sujetos, ya sean personas o instituciones, que lo padecen desarrollan actividades motoras automáticas, que pueden ser sencillas o complejas, mientras permanecen inconscientes y sin probabilidad de comunicación. Con esta patología se hace casi imposible que se revierta el concepto negativo que tienen los ciudadanos sobre los jueces porque será muy difícil que puedan cumplir con las exigencias propias de sus funciones con celeridad, transparencia e igualdad ante la ley. 

Es muy frecuente escuchar que los expedientes duermen en los tribunales, razón por la cual las sentencias llegan muy tarde, y algunas causas, por artilugios de las tramitaciones, no tienen ninguna resolución porque simplemente prescriben por el paso del tiempo. 

En febrero de este año se conocieron los resultados de una encuesta realizada por Isonomía y la agrupación Abogados de Pie. Sintetizando sus resultados vemos que el 79 % de los argentinos tiene poco o nada de confianza en la Justicia y el 71% no cree en la independencia de la Justicia del gobierno de turno. Casi nueve de cada diez tienen una imagen negativa de los jueces a quienes les reclaman honestidad, velocidad y transparencia en los trámites y, muy especialmente, que se cumpla con el precepto de igualdad ante la ley para todos los ciudadanos. 

Cada día todos los medios de comunicación informan sobre el desarrollo de la “guerra judicial” utilizando el término inglés “lawfare” es decir la continuación de la guerra por otros medios. Pero la inmensa mayoría de la gente que no domina el término anglosajón deforma la palabra inglesa y suele utilizar el low fare, que significa “bajo costo” o “tarifa barata”. Es evidente que el sistema judicial argentino está muy devaluado y hace falta mucho más que oportunismo político y argucias legislativas para resolver los males que se vienen arrastrando desde hace tantos años. 

Otra vez la literatura puso la palabra. Fue la escritora y poetisa María Elena Walsh quien, durante la denominada “Revolución Argentina” exhortó a La sonámbula con su “Oración a la justicia” (1971): “Lávanos de sangre y tinta,/ resucita al inocente/ y haz que los muertos entierren/ el expediente. Espanta a las aves negras,/ aniquila a los gusanos/ y que a tus plantas los hombres/ se den la mano. Ilumina al juez dormido,/ apacigua toda guerra/ y hazte reina para siempre/ de nuestra tierra”. 

Para finalizar con estas reflexiones solo quedan planteadas dos incógnitas, si la Dama de la Justicia que preside el Palacio de Tribunales carece de sus atributos ¿quién se los apropió? y ¿cómo hacer para restituírselos? 

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