Estado ausente, narco presente

Por Jorge Luis Vidal. El analista en inteligencia delictual advierte el precario estado de los organismos de seguridad en la provincia de Buenos Aires.

¿Cuán tontos o negligentes podemos ser para no tomar nota de que el pedazo de hormigón que pateamos hace varios años atrás y que nos costó una fractura se presenta nuevamente delante nuestro ofreciéndose gentilmente a recibir otra vez una patada para que nos autoflagelemos? 

Eso sí sabemos los argentinos: autoflagelarnos.   

El conformismo, la falta de educación y cultura de trabajo, la mano extendida a la dádiva política no deja pensar a una gran porción de la sociedad históricamente hundida en “¿por qué el queso es gratis?” 

Sociedad donde una inmensa mayoría de profesionales y empresarios de hoy (hijos de trabajadores nacidos en las décadas del ‘30 y ‘40 que tenían escasos o nulos estudios) están en su última década de vitalidad y de utilidad antes de pasar a engrosar el baúl donde estos gobiernos apilan jubilados sin reconocerles derechos adquiridos. 

En todos los órdenes, y la seguridad pública no es la excepción, no hemos tenido la suerte de contar con verdaderos profesionales, servidores públicos, a cargo de las políticas públicas de Seguridad. Salvo alguna honrosa excepción nada puede ser tomado como algo que impactó positivamente en nuestras vidas. 

Todo es disconformidad y gritos.  

La población reconoce que el agua nos va tapando, que cada vez es más difícil respirar, se queja, se horroriza, comenta, corta una calle, cuelga un pasacalle, mira los videos de cómo asesinan o roban a su vecino, pero no va más allá. En general, no acciona. No reclama. 

La mayor provincia de nuestra Argentina, Buenos Aires, la que reúne todos los males en cantidades varias está políticamente desahuciada en materia de Seguridad. Con ministros que se preocuparon más del político personal que de poner de pie a una policía muy cascoteada y alejada de la sociedad, que en definitiva es parte importante de la seguridad pública. 

Desde Arslanian para aquí, la actualidad nos deja ver todos y cada uno de los desaciertos y alquimias de aquellos responsables que tuvieron a cargo la Seguridad provincial. El teatro y la mentira, los yerros y los encubrimientos de uno a otro fueron matando la Seguridad bonaerense. 

Desde Arslanian para aquí, ningún ministro de Seguridad provincial entregó una mejor policía o Seguridad pública que la que recibió 

Ningún ministro de Seguridad provincial entregó una mejor policía o Seguridad pública que la que recibió. Fue una constante. Algunos de ellos podrán decir “yo hice esto, yo hice lo otro, yo capacité, yo formé, yo cambié”, pero en verdad nunca se vio el resultado de una mejora ostensible que se pudiera reconocer, sustentar, y que en definitiva le diera solución a la gente, cuya percepción en cuanto al delito, es que aumenta sin parar… y que las balas cada vez le pican más cerca. Nunca lograron acercar la institución policial a la sociedad ni tampoco que, en definitiva, la institución fuera percibida como aquella que vela por la vida y bienes de los ciudadanos. 

Lo que sí supieron cambiar, todos y cada uno de ellos, es el color de los móviles patrulla. Blancos y azules, azul con naranja y verde, vede blanco y azul, celeste y blanco, todo un cambalache político. 

Lo que hicieron no significa refundar una institución. Eso era lo que se necesitaba. No lo hicieron, no les interesó, no supieron, tuvieron miedo. 

En definitiva, eran funcionarios públicos, “funcionales a sus propios intereses políticos”, que eran algo más que ser ministros de un Ministerio del que nunca se puede salir bien parado por mejor gestión que se haga. 

Por eso lo importante es contar con un servidor público, y no un político a cargo de esa cartera. 

Se perdió una gran oportunidad en el cuatrienio anterior 2015-2019. Con una gobernadora que manifestaba vehementemente – y creo que honestamente también- venir a combatir y eliminar a las mafias, las bandas de delincuentes y a los clanes de la droga y narcotráfico. ¿No la supieron interpretar? No supieron o no quisieron quienes tenían esa responsabilidad. ¿Se erró en la elección y armado del equipo de seguridad? A las muestras me remito: los narcos no están volviendo como dijo la exgobernadora -y hoy candidata a diputada en extraña jurisdicción-; los narcos nunca se fueron porque en la provincia nadie fue efectivo en combatirlos. 

Ni siquiera les gritamos “mancha”. Acciones erradas u omisiones imperdonables. ¿Encerramos cuatro años a una mujer y sus hijos en una base militar por temor a represalias narcos, de narcos a los que nunca molestamos? Si no, ¿cómo se entiende que luego de dejar la función pública la exgobernadora saliera a hacer su vida normal sin mayores recaudos de seguridad a su alrededor? 

¿Encerramos cuatro años a una mujer y sus hijos en una base militar por temor a represalias narcos, de narcos a los que nunca molestamos? 

Seguimos descendiendo. La actual conducción ministerial del teniente coronel Médico Abogado, de actitudes actorales y escaso conocimiento en seguridad pública, en nada ayuda. A su ya verborragia y mediáticas apariciones, donde confunde Plan de Seguridad con la compra de móviles patrulla, se le agrega la intención, como buen militar, si es que lo fue, de tener su propio batallón. 

En lugar de instruir como corresponde profesionalmente a jóvenes agentes en las escuelas de formación profesional de policía, aplica recursos monetarios y tiempo en acrecentar un cuerpo especial denominado UTOI al que, desde que se creó en gestión anterior, nunca le encontré utilidad más que la de hacer control de tránsito. La provincia ya tiene un cuerpo especial, muy bueno y entrenado, que se llama Grupo Halcón. Pero el señor ministro quiere tener su propio batallón. Dilapidación de recursos se le dice. 

Mientras todo esto, la videoteca del terror del Gran Buenos Aires, con entraderas, salideras, lesiones y homicidios causados por motochorros y delincuentes en chancletas sigue desmintiendo las estadísticas favorables que nos quieren hacer creer. En realidad, la misma procuración y jefe de fiscales lo desmienten. ¡¡Homicidios en ocasión de robo, up!! Para arriba. 

Ahhh, cocaína, cocaína, ya no está en el vocabulario de las cosas a combatir y secuestrar. Las 27 toneladas que pasaron por las distintas provincias, entre ellas Buenos Aires, y secuestradas en Amberes y Hamburgo, así lo demuestran. Nación y Provincia ciegas. Estado ausente, narco presente. 

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