Mientras algunas fuentes sugieren la posibilidad de valerse de los “bloques chicos” para alcanzar el quórum, no hay chances de que esa alternativa alcance.
“Está todo roto”, es una frase que no deja de escucharse desde el 1° de diciembre, fecha negra para la Cámara de Diputados, en la que de manera inédita fracasó la realización de la sesión preparatoria, y luego se cayó la sesión especial convocada, en medio de un generalizado escándalo.
Lo curioso es que la frase la dicen de un lado y del otro de la grieta, que ya existía en la Cámara baja, pero se ensanchó a niveles inéditos a partir de esa fecha.
Así las cosas, unos y otros no encuentran la manera de restablecer acuerdos que permitan una mínima convivencia. En ese marco, cada vez es más firme la sensación que se vivía al cabo de esa sesión fallida del 1° de diciembre respecto de la imposibilidad de volver a sesionar en lo que resta del año.
No fue el Mundial lo que generó este parate. Por el contrario y atentos a las críticas que pudieran sobrevenir, oficialistas y opositores parecían dispuestos en su momento a dar una sensación de actividad creciente en pleno torneo. Arrancaron bien: sesionando con temas consensuados el jueves 24 de noviembre, en la primera semana del Mundial. Así pretendían seguir con al menos dos sesiones más antes de concluir 2022. Se proponían sesionar una semana después de la que terminó siendo la última sesión hasta ahora, pero pasó lo que pasó, y se cerraron por tiempo indeterminado las puertas del recinto.
Circuló fuerte días pasados la posibilidad de que Diputados sesionara, con temas consensuados, este jueves 15. Mas esa chance nunca tuvo sustento: está todo roto… y los puentes no han sido recompuestos.
En las últimas horas fuentes oficiales deslizaron la intención de sesionar el martes que viene, 20 de diciembre, a cuatro días de Nochebuena. Mas el espíritu navideño, ni tampoco el espíritu mundialista que podría predisponer positivamente los espíritus, parecen suficiente para aquietar las aguas. Condición indispensable para acercar posiciones y reunir el número necesario para iniciar esa sesión.
Las fuentes consultadas del Frente de Todos reconocen que no ha habido un acercamiento con la principal oposición, pero anticipaban que el número se alcanzaría con “los bloques menores”. “¿Menores de qué edad?”, respondió a parlamentario.com con ironía el presidente del interbloque Federal, Alejandro “Topo” Rodríguez, mofándose del oficialismo ante las versiones de que con esa bancadas podrían alcanzar el quórum.
Aun cuando el oficialismo consiguiera sentar a la izquierda para abrir la sesión, al Frente de Todos le seguiría faltando al menos un diputado para llegar al quórum. Necesitarían, sí o sí, al interbloque Federal, donde ya han mostrado su disposición a reanudar la actividad legislativa, mas no tomar parte por uno u otro sector, como supondría en este caso habilitar el quórum cuando las partes mantienen este nivel de enfrentamiento.
Lo cierto es que propios y extraños reconocen que lo sucedido en la frustrada sesión especial del 1° de diciembre “fue un bochorno, una vergüenza”. “Cerca se estuvo de llegar a las manos”, admitió un legislador que estuvo presente en esa sesión y quiso dejar claro el nivel de confrontación alcanzado.
Lejos de recomponer posiciones, la semana siguiente ambas partes redoblaron la apuesta con frases subidas de tono en los medios y cruzándose pedidos de expulsión. Difícil garantizar así una sesión.
El oficialismo es el más necesitado de garantizar la reapertura del recinto, pues tiene urgencia para aprobar una serie de proyectos importantes. Entre ellos, el plan de pago de deuda previsional, que busca garantizar el acceso a la jubilación para aquellas personas que no cuenten con aportes suficientes. Vence a fin de año, aunque en ese caso el presidente podrá apelar nuevamente al decreto. En cambio el ministro de Economía, Sergio Massa, ya explicó que necesita la aprobación antes de fin de año del blanqueo de capitales, en el marco del acuerdo de intercambio de información tributaria con Estados Unidos. Eso no sucederá…
También necesita el proyecto que busca actualizar la normativa sobre lavado de activos, el cual fue tratado en el seno de las comisiones de Legislación General y Finanzas, en un clima de consenso en cuyo marco la oposición pidió una serie de correcciones que el oficialismo se mostró dispuesto a contemplar. Pero eso fue antes del temporal; ahora quedó, como todo, en veremos. Se trata de un pedido del Fondo Monetario Internacional y una exigencia del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) para el año próximo.
A esta lista hay que agregar otro proyecto ya prácticamente consensuado, pero sin dictamen: el de Agrobioindustria, el mismo que el ministro de Economía pidió que se aprobara a poco de asumir.
“No hay obstáculo objetivo como para estar sin sesionar”, reconoció un legislador equidistante ante la consulta de este medio, que de todos modos aclaró que las relaciones están tan mal que se hace imperativo dar señales de recomposición. Que se saquen una foto los jefes de ambos sectores en pugna con un papel en la mano, de modo tal de mostrar disposición a avanzar en acuerdos.
La realidad es que esa posibilidad hoy parece muy difícil de alcanzar, por lo que decíamos al principio: las partes parecen irreductibles. La llave capaz de abrir el acuerdo está en el Consejo de la Magistratura, que es lo que ha enojado sobre todo al radicalismo, más refractario a un acercamiento hoy por hoy con el Frente de Todos. Empero, en el interbloque de Juntos por el Cambio hay un sector particularmente interesado en reflotar la sesión especial del jueves 1 de diciembre en la que se debatía la creación de universidades. Hablamos del bloque Evolución, que de todas maneras no se cortará solo a pesar de su interés por la aprobación de dos de esas universidades.
Así las cosas, a priori no se avisora ninguna chance para que la Cámara de Diputados pueda volver a sesionar en lo que resta del año.
Para eso, “es preciso acordar la convivencia con todos los bloques, no solamente con los del medio”, observó un legislador preocupado ante la falta de entendimiento.