La dama que manda

Cristina Fernández de Kirchner no pasó jamás desapercibida en el Congreso. No lo hacía cuando se revelaba contra el oficialismo que ella misma integraba, ni mucho menos ahora, donde hace y deshace desde su banca del Senado nacional.

Desde que llegó al Senado de la Nación como representante de Santa Cruz, un lejano 10 de diciembre de 1995, nunca tuvo un perfil bajo y mucho menos una actitud de sumisión hacia las autoridades de los bloques. Ni en la Cámara alta ni en Diputados, como lo admiten quienes tuvieron esa responsabilidad, ya sea, entre otros, Augusto Alasino, Humberto Roggero o Miguel Angel Pichetto.

Con Alasino fueron célebres sus irónicos cruces, donde ella destacaba que “el bloque no es un cuartel ni yo soy la recluta Fernández”, palabras más, palabras menos.

Todos los entrevistados son prudentes a la hora de responder sobre cómo evalúan esa conducta, para algunos autoritaria y para otros producto de que Cristina Fernández de Kirchner no concibe discrepancias cuando ha tomado posición sobre determinados temas.

Un ejemplo de esto es lo que sucede en la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde ejerce la presidencia. El temario de la misma es puntualmente fijado por ella, como reconocen tanto los miembros del oficialismo como de la oposición. Empero, ninguno deja de admitir que en última instancia no es ni más ni menos que una muestra de debilidad de parte del armado institucional.

Además, es un mecanismo empleado en todas las comisiones de ambas cámaras, ya que el oficialismo marca la agenda bajo el lema “el que gana gobierna, y el que pierde acompaña”. Desde el regreso de la democracia hasta ahora ese axioma se cumple puntualmente y no hay síntomas de que vaya a haber cambios.

La fijación del temario no es un dato menor, que pueda pasar desapercibido. Desde esa estratégica comisión, la Kirchner actúa ya no conforme a sus simpatías, sino a las conveniencias para el gobierno de su esposo. Así las cosas, no son pocos los legisladores de la oposición que advierten que la senadora oficia desde esa comisión como “dique de contención” para determinados temas.

El libro de reciente aparición Cristina K. La dama rebelde (ver aparte) pone en boca de Margarita Stolbizer que la senadora “ha sido funcional allí para planchar todos los temas que el Gobierno ha querido planchar”. Y como botón de muestra se cita el Estatuto por la Corte Penal Internacional, un tema que debía haberse aprobado en diciembre de 2003, pero que fue demorado en el Senado, según la crítica, “porque ella lo planchó”.

El senador Rodolfo Terragno -quien siempre fue cercano a Cristina- le ha enrostrado también por su actitud respecto de un proyecto suyo para que una unidad especial de la Auditoría General de la Nación pudiera determinar y analizar los gastos hechos por la SIDE en el año 2000 que no tuvieran que ver con la función específica del organismo. “La senadora Fernández de Kirchner se opuso al tratamiento urgente de mi proyecto y pidió que se lo pasara a comisión”, advirtió.

Cuestionamientos. Uno de los primeros apodos que recibió de parte de un compañero de bancada fue el de “La Pasionaria del Sur”, en alusión a la dirigente legendaria comunista española Dolores Ibárruri, que se caracterizó por su consecuente militancia antifranquista. No es que Cristina Fernández de Kirchner abreve en esas aguas ideológicas, sino que son célebres sus gestos de rebeldía y su escasa predisposición para estar sentada en la banca en forma disciplinada.

Empero, todos coinciden en señalar que sus posiciones están respaldadas por una sólida formación intelectual en todos los temas en que decide intervenir.

Una conducta que se puso de manifiesto en las comisiones bicamerales que integró, como las de Seguimiento de los Atentados a la AMIA y a la Embajada de Israel, o la de Lavado de Dinero. Nunca firmó los despachos de mayoría, sino que presentó los propios, como otro gesto de independencia de criterio y de no acomodarse a los lineamientos oficiales.

Por ejemplo, en el tercer y último informe elaborado por la Bicameral sobre el sensible tema de los atentados terroristas, mientras sus compañeros justicialistas refrendaban la actuación del juez Juan José Galeano, ella ponía en duda el accionar del magistrado y advertía sobre la fragilidad de las líneas de investigación. Empero, habrá que aclarar que en los anteriores dos informes se mostraba favorable a lo actuado por Galeano, aunque cargaba contra los funcionarios de Carlos Menem y no tenía piedad alguna para los integrantes de la Corte Suprema de Justicia.

Respecto de su papel en la Comisión Antilavado, fue antológica la pelea que terminó enfrentándola definitivamente con Elisa Carrió. Si bien sus críticas al papel de la entonces titular de la comisión son en general compartidas por quienes integraron esa comisión, hay quienes advierten que fue ella quien apuró las cosas para que no se revisara una segunda remisión de cajas provenientes de los Estados Unidos, donde había documentos que podían complicar a los Kirchner por el caso Mercado Abierto.

Ella manda. Todos coinciden en señalar que para la agenda de temas a tratar en el recinto ella oficia de enlace con el Poder Ejecutivo, y en general sus “consejos” llegan a buen término. Inclusive, relatan que cuando se votó la ley de Responsabilidad Fiscal logró salvar la votación favorable merced a gestiones directas de la Casa Rosada con los gobernadores, no sólo del peronismo sino también de la oposición.

Claro que algunos recuerdan también el doble juego que tuvo cuando se definió la banca por la minoría de Capital Federal, que finalmente benefició a María Laura Leguizamón. Incluso, por ese tema tuvo un fuerte cruce verbal con una amiga suya, la senadora frentegrandista Vilma Ibarra.

En ese sentido, algunos miembros de la Comisión de Asuntos Constitucionales recuerdan -siempre en voz baja- que demoró su tratamiento y en algún momento planteó respaldar el fallo de la Justicia que se inclinaba por respetar el resultado electoral a favor de los planteos del Partido Socialista. Pero después -ya con su esposo en el poder- cambió con un argumento concreto: Leguizamón se sumaba al bloque presidido por Miguel Angel Pichetto, lo que garantizaba aún más el quórum propio.

En cambio, con el caso de Corrientes se mantuvo firme e hizo prevalecer su posición. En consecuencia, Raúl “Tato” Romero Feris nunca pudo jurar, con el argumento de que arrastraba causas judiciales.

Con relación al desplazamiento de Eduardo Menem y su reemplazo por Ramón Puerta en la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores, no hay dudas de que se trató de una decisión adoptada por ella, tal cual el propio involucrado se encargó de remarcar. El argumento que justificó esa actitud fue el de que quien ocupa ese cargo debe tener sintonía con la Casa Rosada. No sea cuestión de subir a cualquiera al Tango 01…

Si bien se la veía venir, al enterarse Menem se puso rojo de indignación, aunque esa pérdida de poder ejercido históricamente no fue suficiente para impulsarlo a irse del bloque. Algo que, se especuló, podría ocurrir con otros filomenemistas como Ramón Saadi, Rubén Marín y Silvia Gallego, listado al que algunos agregan a los santafesinos Carlos Reutemann y Roxana Latorre, si bien la sangre nunca llegó al río.

Está claro que Cristina no pasa desapercibida en el Senado. Y no sólo por su figura o elegancia. Todos están pendientes de ella y hasta es notorio cuando sus propios colegas le preguntan: “¿Qué va a pasar hoy?” Sabedora de su peso, ya no puede vérsela en el recinto en los momentos previos a las sesiones. La cada vez más estilizada senadora llega sobre la hora, atrayendo todas las miradas, se sienta en su banca, al lado de su comprovinciano Nicolás Fernández, y desde allí atrae miradas, fotografías y atención de sus pares. Su palabra es la voz del Gobierno. A nadie le quedan dudas.

Esos y otros detalles caracterizan su andar legislativo, que ahora parece tener un nuevo desafío en las elecciones de 2005, donde el proyecto ideológico que lidera Néstor Kirchner tendrá su prueba de fuego.

¿Candidata? Precisamente, una de las especulaciones más firmes que sacude el horizonte electoral es que sea candidata a senadora nacional por el PJ bonaerense, siempre y cuando la paz entre su esposo y Eduardo Duhalde no se desmadre.

En algún momento se especuló con la presentación de la primera dama/ciudadana en la Capital Federal, compitiendo a cara de perro con su ex ¿amiga? Elisa Carrió. Pero elementos de peso conspiraron todo el tiempo con esa posibilidad. Por un lado, los propios deseos de Cristina, quien siempre se sintió más a gusto en el Senado -y sobre todo ahora-, que en la Cámara baja, donde no podría hacer marcar tanto el paso como sí lo hace en el Senado. “Sería una más entre 257”, remarcó un legislador oficialista que se resiste a imaginar a Fernández de Kirchner como diputada. Amén de que eso sea objetable -ser esposa del Presidente no es un dato menor-, no es cuestión de confinarla a esa Cámara durante el período 2005/2009, en el que vaya uno a saber qué cosas pueden pasar en el país para entonces.

Pero otro factor de peso fue el determinante. Las encuestas dan a Elisa Carrió primera en Capital, y bajo ningún punto de vista el kirchnerismo podría arriesgarse a dejar en manos del volátil electorado porteño la posibilidad de “sancionar” al Gobierno nacional a través de su figura más carismática. Y menos aún teniendo en cuenta que el eventual triunfo de la líder del ARI podría encumbrarla decididamente para las presidenciales de 2007.

Con semejantes argumentos de peso para el proyecto presidencial K, se optó por manejar la idea de que represente a la provincia de Buenos Aires. El razonamiento extraoficial es que su alta imagen positiva asegura el ingreso de una mayor cantidad de diputados, en una lista donde entrarían varones y mujeres kirchneristas mezclados con los duhaldistas, en una proporción que nadie se anima a predecir con precisión.

Esa especulación se alimenta porque todos aseguran que el triunfo en la provincia de Buenos Aires está completamente asegurado, ya que la oposición brilla por su fragmentación.

La tregua. Claro que para avanzar en esa dirección restan varios meses y nadie está en condiciones de afirmar que la tregua entre el hombre del sur y el de Lomas de Zamora seguirá vigente.

Un ejemplo al que apelan los conocedores del PJ bonaerense tiene que ver con la presidencia de la Cámara de Diputados. En la primera o segunda semana de diciembre próximo, de acuerdo con el reglamento vigente, su actual titular, Eduardo Camaño, deberá poner a consideración de los 257 diputados su continuidad o relevo. Es de público conocimiento que Camaño no goza de la simpatía de Kirchner, con quien virtualmente ha roto el diálogo, por lo menos, institucional.

Incluso, en más de una oportunidad fuentes de la Casa Rosada dejaron trascender que el ciclo de Camaño estaba terminado. Un rumor que por estos días ha crecido con fuerza.

Empero, todos son conscientes de que la última palabra la tiene Eduardo Duhalde, que ya habría manifestado su apoyo a una nueva reelección del quilmeño, quien lógicamente ni habla del tema, por lo menos en público. Viejo zorro en estas lides, se dedica a esperar y no apresurar los tiempos.

Entonces, la resolución de este conflicto puede aportar un dato real y no meramente especulativo sobre hasta dónde llega la tregua -o para otros la guerra fría- entre K y D.

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