El voto positivo fue esta vez la estrella

Uno de los datos más salientes de la elección de la víspera será sin duda el bajísimo nivel de voto en blanco e impugnado registrado, elemento que debería ser sumado en positivo al alto presentismo que tuvo el comicio.

Fundamentalmente comparando los datos registrados ayer con los de la última elección, en la que se registró el debut de lo que fue dado en llamar el "voto bronca", que en el 14 de octubre de 2001 sumó un 25%, entre blancos e impugnados.

Ese antecedente electoral marcó el preludio del derrumbe del gobierno aliancista y sobre todo del fenómeno cacerolero, acompañado por la consigna "que se vayan todos", puesta de moda en piquetes, cacerolazos y asambleas. Sin embargo, a menos de dos años no sólo no se fueron todos, sino que el electorado acompañó con su voto a candidatos de dilatada trayectoria en la cuestionada política local.

Lo cierto es que en la elección de ayer el voto bronca literalmente desapareció, ya que los votos en blanco sumaron menos del 1%, en tanto que los impugnados apenas si rozaron las dos décimas. Bin Laden, Clemente y las fetas de salame, estrellas de la elección del 2001, no fueron tenidas en cuenta en esta ocasión.

Antes de la hecatombe política del 2001, el voto en blanco había tenido su punto culminante en las presidenciales del 63, que consagraron a Humberto Illia, cuando registró un 19,42%. Sin embargo en esa ocasión se trató de un voto militante, que respondía a la consigna emanada entonces por el propio Juan Domingo Perón.

En los años 80, el voto en blanco rondó el 2%, duplicándose en los 90, tendencia interpretada por los analistas como normal, por cuanto obedecía al acostumbramiento de la gente a la democracia. "Votar ya no es visto como un hecho épico", señalaba al respecto el consultor Rosendo Fraga.

Lo mismo sucedía con el ausentismo, que entre el 83 y el 99 osciló el 20%, saltando al 35% en las legislativas del 2001. Lo cual, sumado al 25% de voto bronca implicaba que la mitad de las personas habilitadas para votar rechazaban la elección.

Ayer, en cambio, la gente volvió a concurrir masivamente a las urnas, como si volviera a apostar a la democracia, contra todos los pronósticos.

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