De mantenerse el actual escenario político el candidato presidencial del FpV será Kirchner, pero resta decidir quién lo acompañará. Quiénes son sus potenciales compañeros de fórmula.
Si algo faltaba para confirmar que el kirchnerismo no piensa abandonar la Casa Rosada, fue el propio Presidente quien lo aseguró, al sostener recientemente en un discurso pronunciado en Chubut, que el próximo jefe de Estado “será pingüino o pingüina”.
Una aseveración que implicó un mensaje tanto para el oficialismo como para la oposición, en el sentido de que el poder acumulado no se dilapida, ni mucho menos se regala a nadie.
A tres años de haber arribado a Balcarce 50 gracias al aparato duhaldista, Kirchner ha demostrado en forma permanente que el ejercicio del poder es impiadoso, y que en tren de acumular no tiene ningún pudor a la hora de sumar adherentes. Puede ser tanto un piquetero de la izquierda social como un intendente del conurbano bonaerense involucrado en procesos judiciales, o bien un gobernador de pasado menemista o radical. Todos ellos forman parte de un largo listado de incorporaciones a la marcha de los pingüinos con vistas a las urnas presidenciales de 2007, que muchos contemplan como una escala de un viaje cuya etapa siguiente será 2011.
El ex legislador nacional Oraldo Britos suele decir que “cuando un campesino presta el sulky cuesta recuperarlo, porque quien lo tiene no lo devuelve fácilmente”. Una gráfica alusión a quienes prueben las mieles del poder y quedan empalagados.
Sin dudas, el matrimonio que vino del Sur es un didáctico ejemplo más de esa teoría, pero fundamentalmente de la creencia de ser los salvadores de la Patria. En este caso puntual, como dicen ellos y sus habituales voceros, ésta es “la segunda oportunidad de nuestra generación”, ya que se consideran los herederos de los movimientos políticos y sociales de la década del 70, en particular del “peronismo camporista”, eso que fue apenas un soplo en la historia de los intentos de cambios.
En rigor, se encargan de dejar en claro que una cosa es reivindicar a los 30 mil detenidos desaparecidos y otra muy distante reivindicar la violencia insurreccional.
En ese contexto de sentirse los vindicadores de la segunda oportunidad de la generación setentista, han montado ya un laboratorio de ensayo sobre quién debe acompañar al número uno de la Casa Rosada. Fuentes oficiales aseguran en voz baja que se gastan fortunas en encuestas de opinión para consultar las preferencias en los distritos fundamentales: Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe y Córdoba y, secundariamente, Mendoza. La lupa puesta en esos distritos no es casual, ya que acumulan más del 80 por ciento del padrón electoral y, lógicamente, de uno de esos lugares surgirá el varón o mujer que se ubicará en la presidencia del Senado de la Nación.
De acuerdo con la visión de senadores y diputados del oficialismo consultados por Parlamentario, la grilla de potenciales candidatos es la siguiente:
José Manuel de la Sota. El gobernador de Córdoba fue uno de los primeros que dejó trascender su intención apenas las urnas consagraron a Kirchner como el nuevo jefe de Estado. Como es habitual en los dirigentes, lo realizó a través de un hombre de su entorno íntimo. En este caso quien transmitió esa inquietud fue el diputado nacional Carlos Caserío, como se reflejó en las páginas de Parlamentario en mayo de 2003.
Es que De la Sota, un experimentado en lidiar en términos electorales según la orientación del viento, sabe que Córdoba es estratégica a la hora de armar una fórmula, no sólo por su incidencia en esa provincia sino también en las linderas.
Una aspiración que en principio tiene una dificultad: la relación con el kirchnerismo no es fácil, y no desde ahora sino desde los tiempos en que el matrimonio contemplaba los cursos de acción desde el Sur.
En general, tanto Néstor como Cristina Fernández eran y son partidarios de gestar un nuevo modelo político que sepulte las históricas siglas, en particular el PJ y la UCR. Pero como los números mandan, el kirchnerismo en función de su habitual pragmatismo dejaría atrás esa teoría.
Si los K deciden jugar con De la Sota, habría que ver cuál es la reacción del intendente de la capital mediterránea, Luis Juez, enemigo político del gobernador.
Como se puede apreciar, las chances para que el “Gallego” De la Sota acompañe a Kirchner en la fórmula presidencial está bien encaminada desde lo estructural, aunque su postulación no conforma a la mayoría de los paladares negro del kirchnerismo.
Felipe Solá
En tren de no quedar a la vera del camino, ya que la movida pro reelección no prosperaría, el gobernador Felipe Solá primero dejó entrever y luego optó por decirlo de frente: “Me gustaría ser el compañero de la fórmula presidencial”.
La jugada de Solá responde a una táctica: apostar a que el compañero sea bonaerense en función del aporte de votantes bonaerenses, que como la historia ha demostrado en más de una ocasión, pueden ser decisivos en el recuento final. Algo de lo cual es consciente Kirchner, quien justamente debe su estadía en la Casa Rosada al famoso y denostado aparato del ex hombre fuerte de Lomas de Zamora, Eduardo Duhalde.
Solá ya dijo que no admitirá encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales, por lo que su futuro político estaría centrado plenamente en ocupar un cargo ejecutivo. Si no puede acompañar a Kirchner, su máxima aspiración sería la Cancillería.
De acuerdo con esta lectura, las chances del gobernador son mínimas, a pesar de representar al distrito más importante del país. Es que su relación tanto con el duhaldismo residual como con los popes K de la Provincia no gozan de buena salud.
Graciela Ocaña
Las conjeturas sobre candidatos bonaerenses no se reducen únicamente a Solá, sino que también se menciona a Graciela Ocaña, la interventora de la obra social de los jubilados y pensionados.
Sus posibilidades están sujetas a los resultados de su gestión al frente del PAMI, o sea que si el Gobierno nacional finalmente normaliza la institución y lleva a la práctica una real política de defensa y promoción de los millones de integrantes de la tercera edad, es más que tentador poner a consideración de los sufragantes los méritos de la ex arista y actual senadora suplente de la boleta que triunfó en la provincia de Buenos Aires, y que catapultó a Cristina Kirchner y a José Pampuro. Además, Ocaña no sólo aporta la mirada de los bonaerenses, sino de los millones de jubilados y pensionados de otras provincias, en particular de Capital Federal, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, por citar las más numerosas.
Una presencia que también contiene otro condimento: puede ser mostrada como producto de una concertación pluralista, esa promesa en ciernes del kirchnerismo. Hoy es una de las mimadas del Presidente.
Con todos estos elementos, “La hormiguita” -al igual que De la Sota- genera reparos, especialmente de los sectores ortodoxos del peronismo y, en particular, de los gobernadores, algo que en el momento de decisión final seguramente va a pesar.
Carlos Reutemann
Como en más de una oportunidad se informara en Parlamentario, Santa Fe es uno de los distritos que más desvela a los estrategas del oficialismo y la orden en ese sentido es no caer en improvisaciones de último momento, como pasó en anteriores elecciones.
Además pesa -y bastante- que todos los sondeos de opinión dan cuenta de un progresivo avance en la intención de voto a gobernador del diputado socialista Hermes Binner. Entonces, el laboratorio de ensayo no descansa un minuto y la ronda de nombres es incesante. En ese contexto, un empinado miembro de la bancada de senadores del oficialismo no descartó que Carlos Reutemann sea uno de los elegidos para acompañar a Kirchner.
La idea que se baraja, según el legislador, de frecuente diálogo con la primera dama y con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, es consagrar una fórmula a la gobernación que contenga al conjunto del peronismo, para reforzar su pelea contra Binner, y que en la nómina presidencial esté un hombre de Santa Fe, quien, además, goza de la simpatía de la centroderecha.
Kirchner-Reutemann es sin lugar a dudas una fórmula que entusiasma a más de un ocupante de los principales despachos de la Casa Rosada. Claro que el hombre no es de arrear fácilmente, aunque en esta oportunidad, a diferencia de la anterior cuando se bajó abruptamente de la carrera invocando difusas razones, la bajada de bandera en el podio está más que segura. Precisamente, ése es un detalle sustancial, ya que el elegido apuesta a ganador.
Si Reutemann se decide a jugar a nivel nacional, Kirchner no dudaría en llevarlo en la fórmula, pero las eternas dudas políticas del senador son un elemento que juega en su contra.
Daniel Scioli
“Soy un hombre dispuesto a cumplir el rol que me destine el Presidente”. Es una de las frases que más repite a los suyos el actual vicepresidente, Daniel Scioli, alguien que se caracteriza por su pragmatismo, como se aprecia a lo largo de su carrera política.
Claro que si él tuviera que elegir en que boleta quiere estar en 2007, no duda en afirmar que para jefe de la ciudad de Buenos Aires, pero en el juego de intereses de poder, ni él ni nadie puede sustraerse a quienes monitorean la pulseada 2007. Todos han asumido ser en el tablero de ajedrez alfiles que se mueven en la dirección que determina el número uno.
Uno de los argumentos dados a Parlamentario por un ministro consultado en riguroso off the record es que Scioli es un soldado que admite las reglas de juego K sin chistar, o sea que tiene asumido siempre el papel que se le asigna, sin querer disputar la principal vidriera. No es para menos esa conducta, pues cuando intentó lo contrario cayó sobre él toda la inquina oficial, en uno de los momentos institucionales más traumáticos de los tres años kirchneristas.
Con Scioli corre el mismo razonamiento que con Reutemann, es decir que su perfil es visto positivamente por la centroderecha. Además, cuenta a su favor que en el volátil electorado porteño existe una franja considerable que le reconoce sus virtudes de hacedor y de estar permanentemente en contacto con la problemática de la Ciudad.
Los estrategas del Presidente admiten que Scioli le garantizaría al matrimonio K una larga estadía en Balcarce 50.
Julio Cobos
Para la operación cooptación, una especialidad K que se ejerce sin pudores de ninguna clase, la máxima aspiración es sumar en la fórmula a un gobernador radical, con lo cual eyectan a la UCR hacia el caos final.
Por lo pronto, en sus pagos Julio Cobos acaba de infligirle una sonora derrota al jefe de la bancada de senadores radicales, Ernesto Sanz, y al presidente del Comité Nacional, el diputado nacional Roberto Iglesias, en el sentido de que por amplia mayoría sus delegados aceptaron participar del convite K de mirar juntos el futuro. Traducida a la práctica, significa estar dispuestos a experimentar una alianza, institucional en primer término, y tal vez electoral. Una puerta abierta que seduce a más de un dirigente partidario, máxime si tiene una responsabilidad municipal o provincial, dado que corre generosamente el pensamiento pragmático de que “primero está la obligación con la gente, y después el partido”.
Sin embargo, esta idea no seduce a los cuadros y militantes históricos del peronismo, quienes consideran que el compañero de fórmula del Presidente debe ser un gobernador exitoso del PJ y no una fórmula de laboratorio.
Por las dudas, un sector del entorno presidencial -que vive pendiente de las encuestas- mandó medir a este posible binomio y los resultados no fueron alentadores, ni en la mismísima provincia cuyana.
Un amigo de siempre
Para muchos políticos es casi imposible que un intendente bonaerense que no ejerce el control total sobre su propia tropa, como el marplatense Daniel Katz, acompañe en la fórmula al Presidente. Sin embargo, el núcleo más cercano a Kirchner considera que su figura podría sumar gestión, juventud y pluralidad, atributos que quieren enarbolar para las próximas elecciones los diseñadores K. Como contrapartida, el intendente no es un dirigente partidario de proyección nacional, pero como la decisión es del Presidente, las posibilidades de Katz aún están intactas.
En síntesis, de acuerdo con los estrategas K, la fórmula presidencial del Frente para la Victoria tiene que estar compuesta por un auténtico pingüino y un aliado, si es radical mejor, por la sencilla razón de que otro justicialista no le sumaría nada, ya que confían en la disciplina partidaria. En cambio, si es de otro origen puede aportar la cantidad suficiente de votos para eludir la temida segunda vuelta.