La expulsión de Eduardo Arnold del bloque del FpV y de la presidencia de la Comisión de Turismo es una señal hacia el resto del bloque. No hay lugar para las diferencias.
La orden emitida por Néstor Kirchner era tajante: el que saque los pies del plato: “afuera”. Por supuesto que no fue escrita, sino transmitida al presidente del cuerpo, Alberto Balestrini, y al titular del bloque del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, quienes se encargaron de la tarea de expulsar de sus filas al santacruceño Eduardo Arnold, quien hasta el año pasado, por recomendación de Kirchner, se desempeñó como vicepresidente primero de la Cámara. Cargo del que fue desplazado, pero premiado con la presidencia de la Comisión de Turismo, también por orden presidencial.
La misma acción de eyectar a quienes no les son fieles la cumplieron meses atrás con María del Carmen Alarcón, con el mismo procedimiento. Un mecanismo que no registra antecedentes en la Cámara baja desde hace varios años, en el sentido de expulsar del seno de los bloques y de las presidencias de las comisiones a miembros que osan en levantar la voz para marcar diferencias. Paradójicamente empleada por quienes proclamaron que venían a construir una nueva forma de construcción política, como acota Arnold, palabras mas palabras menos, a Parlamentario, el diputado anticipó que lo “van a tener que sacar con la Policía de su despacho del tercer piso”.
Inclusive, Arnold enfatizó que no se quedará con los brazos cruzados. Su bloque unipersonal se llamaría “Dignidad Parlamentaria”, y deslizó que está en conversaciones con otros diputados para sumarlos al mismo. Claro que es inútil: no suelta prenda sobre quiénes pueden ser y mucho menos si son únicamente del oficialismo.
Es que se conjetura que hay malestar en el seno del bloque por esta política de expulsiones, en particular entre los legisladores veteranos.
Duro con él
La ceremonia de despojo del cargo fue patética, como lo admitió en la intimidad uno de los integrantes de la Comisión de Turismo. La última reunión de la comisión fue la más breve de todas las de este año: apenas 10 minutos, lo suficiente para que el oficialismo diera cuenta de Arnold, y ungiera en ese cargo al chubutense Roddy Ingram.
Por la oposición, sólo concurrieron el vicepresidente de la comisión, el arista Leonardo Gorbacz, el socialista Pablo Zancada, y por el bloque Peronismo Federal Nora Chiacchio, quien lógicamente respaldó el desplazamiento de Arnold.
El planteo del FpV fue expuesto por Carolina Moisés, la que fue objeto de ironías de parte del santacruceño, quien de paso recordó que no había ninguna ley trabada y obviamente resaltó la de Turismo Estudiantil.
“Me queda cada vez más en claro que quien piensa distinto es un enemigo”, dijo Arnold, una tesis que pasó inadvertida para los encargados de cumplir la orden kichnerista.
Una revancha que no hace más que potenciar que la ambulancia que dejó heridos a los humillados por el oficialismo contará con nuevos integrantes, pero fundamentalmente que la construcción política impulsada por la Casa Rosada no tiene nada que ver con las de anunciar formas practicadas largamente por los partidos tradicionales. Más de lo mismo.