Elisa Carrió, culpa y perversión

Por Eduardo Amadeo

Un análisis de lo sucedido en el Congreso durante 2010, demuestra que Carrió fue funcional a la estrategia kirchnerista, contribuyó a abonar su principal argumento: una oposición salvaje, sin propuestas; y favoreció de tal modo varias derrotas en el recinto.

La brutalidad verbal de Elisa Carrio se ha convertido en un dato lamentable de la política argentina. “Límites éticos”, difamaciones, acusaciones, la mayoría de las cuales no alcanza a superar la prueba judicial- son el eje de una estrategia que le han ganado un lugar, afortunadamente cada vez mas reducido en el escenario cotidiano.

La contribución de este estilo al funcionamiento reciente de la oposición ha sido francamente lamentable. Un análisis cuidadoso de lo sucedido en el Congreso durante 2010, demuestra claramente que el único legislador que tuvo conflictos con todos los demás partidos, fue Carrió; pero que ese comportamiento tiño la imagen pública de la oposición y redujo su credibilidad. Funcional a la estrategia kirchnerista, contribuyó a abonar su principal argumento: una oposición salvaje, sin propuestas; y favoreció de tal modo varias derrotas en el recinto.

La pregunta obvia es porqué? Porque una persona que dice apropiarse de principios éticos; que exhibe su compulsión religiosa y dice querer liderar una épica moral, hace de un comportamiento execrable su modo de relación?

No pretendo trabajar de sicoanalista de Elisa Carrió; pero si aclarar un par de cuestiones que ayuden a colocar sus afirmaciones difamatorias en un lugar tal que la opinión pública le otorgue el valor que tienen. La sabiduría popular aporta una mirada interesante a estos efectos, cuando dice “dime lo que afirmas, y te diré lo que te falta”; y es así que hemos visto grandes moralistas sexuales caer en comportamientos repudiables; o a apóstoles de la honestidad robar sin límites. En otros campos, ese es el caso Carrió.

Jesus afirmó: “Quien este libre de pecado, que tire la primera piedra”. Esta libre de pecado Elisa Carrió para tirar tantas piedras?

Estar o no “libre de pecado”, hace obvia referencia al tema de la culpa, sentimiento omnipresente, y determinante en buena medida de los modos como nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. La culpa, generada por razones múltiples puede ser tan insoportable como para inducir comportamientos tan brutales como los que exhibe cotidianamente Elisa Carrio? Si, porque genera odio a si mismo, autorreproches y sentimiento de indignidad, que deben ser canalizados hacia terceros para poder hacerse soportables.

La vida personal de Elisa Carrió, en especial en lo referido a sus relaciones familiares, tiene episodios oscuros que alcanzan para generarle mucha culpa; pero – para no caer en su misma metodología- preferimos no comentarlos.

Pero su vida pública es pública; y sus datos pueden ser encontrados fácilmente en Google ; y cualquier análisis superficial muestra buenas razones para que la culpa lleve a Elisa Carrió a intentar limpiar su conciencia colocando en los demás sus propios defectos.

Quien hoy se exhibe como fiscal de la moralidad; quien afirma su heroísmo cotidiano como una virtud, tuvo una oportunidad para ser coherente aún con los valores y el mandato de una distinguida familia argentina – como son los Carrió- y los dejó de lado.

En efecto, Elisa Carrio fue Fiscal de Estado del Chaco, desde el 78 al 80 (nombrada por Videla) y luego Secretaria del Tribunal Superior, desde el 80 al 83 (nombrada en ese cargo por Viola con nivel de Juez de Cámara). Obviamente, ello no la hace responsable de los crímenes de la dictadura, salvo que se tome en cuenta que una de las peores masacres de ese tiempo, la de Margarita Belén, en el que se asesinaron 22 militantes políticos, estaba en trámite en su jurisdicción, y Elisa Carrió guardó un silencio cómplice que seguramente facilitó la impunidad de sus autores. Consultada en su momento, la respuesta de Carrió fue que “necesitaba de la obra social”; respuesta inverosímil ante una situación económica familiar no precisamente indigente.

Carrió fue en ese momento- cuando muchos de quienes ella agrede cotidianamente se jugaban la vida- una colaboracionista; de aquellas que eran rapadas al final de la II Guerra Mundial por su apoyo a los nazis.

Es tal la necesidad de lograr reconocimiento para una autoestima degradada por sus errores personales y políticos que Carrió se ha construido un personaje que busca ser el centro de cualquier escena , a través de gestos externos , como ropa fosforescente; pelo platinado, adornos enormes; y la compulsión a las operaciones de prensa . Carrió busca inconscientemente que alguien , de su adentro y de su afuera, la mire y la perdone.´

Tal vez sea por eso – o por miedo a que llegue quien ha de castigarla-que en las entrevistas televisivas mira compulsivamente hacia atrás, en una costumbre de raíz inconsciente que no han conseguido sacarle sus asesores.

Agredir y difamar a otros es para este tipo de patologías una manera perversa pero inútil de resolver el dolor interior, y evitar el castigo al que tanto teme.

La solución para esta patología es un intenso y sincero proceso de reflexión, para el que el sicoanálisis constituye una ayuda enorme. Pero internarse en los inciertos caminos de la búsqueda interior exige un cierto costo, una valentía y una sinceridad que no todos pueden acumular para romper las primeras vallas.

Carrió no ha querido siquiera intentarlo, porque le resulta mas cómodo depositar en otros toda su agresión interior, sin siquiera detenerse a pensar en cuanto dolor genera su comportamiento.

Saltando de un lado a otro de la ideología, dejando aliados en el camino, denostando compañeros y degradando discípulos; olvidando la compasión que proclama el catolicismo que dice profesar, Carrió continúa –cada vez con menos espectadores – actuando en el escenario de la política argentina.

Y, como aquellas vedettes decadentes, sueña con algún escándalo mediático que la vuelva a la marquesina y al mismo tiempo le permita reducir por un minuto, la culpa que la agobia.

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