Por Mariel Calchaquí
En esta batalla mediática que surge de la defensa de la Ley de Medios contra el ataque ofensivo de quienes no desean respetar la Ley, como el grupo Clarín, comenzó el mundo profesional e intelectual en Argentina a configurar un escenario tan observado como el de los políticos, comenzando a definirse líneas divisorias conceptuales entre el supuesto periodismo mas objetivo, serio y comprometido con valores epistemológicos que los llevan con mayor acierto a describir e investigar la realidad, de los que con iguales condiciones se definen Periodistas militantes, asumiendo que su objetividad tiene una carga subjetiva, intersubjetiva y mundana del contexto en el que viven sin que eso les quite rigor a su actividad periodística. Agregan que asumen involucrarse en esa realidad social desde una perspectiva ideológica para la toma postura y no quedan al margen en función de una objetividad aséptica desprejuiciada y con tono liberal o derecha.
No es que esta división no exista desde siempre, solo que esta realidad, producto de la democracia que vivimos, los ciudadanos comunes la descubrimos mucho mas expuesta por la activa participación del periodismo en esta instancia, que muestra y nos demuestran a todos y todas el valor real de la comunicación como el comportamiento que asumen sus responsables, así también surge como se produce la infiltración ideológica y cultural según quien sea el relato y domine la distribución de la palabra. La palabra y la imagen (que también es palabra) son la herramienta de construcción de la realidad del hombre desde que es hombre.
Pero sigamos; el periodismo militante es así, una forma de expresar un compromiso social desde una perspectiva ideológica, pero no por eso, menos profesional, sino que se siente ante todo parte de un conjunto de relaciones sociales, reconoce que no llega como tabula rasa al lugar de los hecho, sino que es parte de los hechos sociales que lo circunda y como actor involucrado desde un rol, define, orienta, propone , codifica y decodifica la intersubjetividad que lo rodea y de la que es parte, les da forma, las acepta o trata de cambiarlas.
El recurso de la libertad de expresión, el uso libre de la palabra tiene un valor fundamental para el periodista militante, porque se asume ante todo como producto histórico y con una responsabilidad con otros hacia otros, se encuentra comprometido y la libertad define su acción y su espacio, porque es ahí donde lo posible puede pensarse como alternativa a las diversas situaciones sociales. Por una simple razón, el periodista militante es contestatario, su involucramiento lo lleva dialogar permanentemente con la realidad, es dialógico, contrasta sus principios, y forma una actitud de crítica sistemática en función de los cambios sociales y en función del poder económico, político o religioso que impera y sus efectos.
Sin embargo, desde el otro lado, encontramos periodistas que sostienen mantener el menor involucramiento con los hechos, a fin de ser lo más racionales y objetivos posibles. Podríamos decir que su virtud es intentar mirar la realidad desde un telescopio, y sin omitir juicios de valor, pretenden dejar los interrogantes planteados para que otros resuelvan los temas que a una sociedad le preocupa: la investigación, la información, la nota o la noticia, todas serán expuestas desde el máximo rigor de la experiencia y del no involucramiento con los hechos a fin de salvar la objetividad profesional y mostrar así que sus intereses y su ideología no están a favor de nada ni de nadie, mas que la de mostrar la realidad sin prejuicios y dejar a sus interlocutores con la idea de que son libres y pueden ser selectivos Como publico consumidor, la audiencia técnicamente medida, generara la puja de la credibilidad hacia un “estilo” u otro de comunicación e información, porque este profesional no ha puesto nada allí,(sus valores e intereses están lejos de su trabajo)no hay nada que este profesional haya puesto, para que la decodificación y codificación de su mensaje sea de lo mas honesto intelectualmente, “solo muestra la verdad relativa de su trabajo” para que usted como ser libre, piense y decida. Por lo tanto, sin adhesión a ninguna ideología, gobierno, ni empresa, se autodefinen como mejores profesionales.
Sin embargo, hemos descubierto los argentinos, que los periodistas militantes están en todas partes, son ellos y los otros, todos ubicados desde un lugar en el segmento ideológico, disparando sus convicciones, construyendo realidades más o menos próximas a sus intereses y a los medios en los que producen, también podemos ver quienes son mas sinceros, mas honestos y mas vulnerables y solidarios con la realidad de su pueblo, quienes se sienten parte y se niegan a ver la realidad desde un telescopio para ser “profesionalmente correctos”.
Hay quienes se atreven y reconocen que realizan una practica militante de su profesión y se juegan por sus valores y sus principios, los cuales contaminan con seguridad sus análisis cargados de prejuicios desde el punto de vista científico en función de sus relaciones intersubjetivas y del mundo que los rodea, no pueden ser asépticos ; otros vestido con ropaje de neutrales y de objetividad aséptica, también son militantes pero del libre mercado, de los empresas mediáticas que pagan sus “convicciones”, capaces de distorsionar la libertad de expresión como la libertad de empresa al momento que la ley, la democracia y la justica afecta sus intereses.
Entre los dos periodismos, me quedo con los primeros… había alguna duda??
Mariel Calchaquí es diputada nacional (MC) por Tierra del Fuego