Tartagal, Santa Fe, Ciudad Autónoma, La Plata… ídem

Por Aníbal Hardy

Cuando se carece de una estrategia para abordar la problemática cada vez más peligrosa de las cuencas hídricas. Cuando los muertos de hoy se agregan a los de ayer y cuando nunca se pagaron las reparaciones por las inundaciones anteriores, queda debidamente demostrado que la imprevisión y el abandono constituyen la principal regla gubernamental. Son reiterativos los rostros curtidos por las desgracias de nuestros compatriotas de Tartagal, Santa Fe, La Plata, Ciudad Autónoma de Buenos Aires,…que reflejan la resignación absoluta de sus tristes destinos, en sus ojos la falta de esperanza, que nos mira directamente a nuestros corazones como esperando una respuesta que saben que no la tendrán. Mientras los evacuados emprendían el penoso exilio de sus hogares los funcionarios, con una frivolidad que asusta, manifiestan que se impactaron por la catástrofe al ver a hombres, mujeres y niños cargando sus pertenencias, abandonando sus casas huyendo del alud de agua y barro, y que dicen comprenden la bronca del ciudadano… Ese exilio amargo, sumado al de muchos que luchan por sobrevivir ante gobierno nacional, provincial y municipal indiferentes que se autoproclaman adalides de los derechos humanos, y el pueblo, aquel por el cual dicen luchar sufre la agonía de la extrema improvisación. Duele esa cruel hipocresía que sigue sangrando a muchos inocentes, mientras el resto del país siente como propia esa herida ajena.

Gobiernos adulados por políticos, gremialistas y empresarios, que siguen emulando a sus antecesores en pactos siniestros y en bienes acumulados. Un país gobernado entre bambalinas, mientras miles de ciudadanos viven rehenes de planes sociales y mueren tristemente en la infamante y creciente pobreza extrema. Una tristeza comparable solo con la desvergüenza de un gobierno impiadoso que nos lleva a la injusticia sin par de ver a nuestros compatriotas escapando de las aguas que los acorralan, como los acorralan sus políticas inmorales de asistencialismo tanto a ciudadanos como a gobernadores, con combos de obras públicas y coparticipación.

Es hora de comenzar a reaccionar antes de que tengamos que exiliarnos de nuestras creencias, acorralados por la vergüenza y perseguidos por nuestras conciencias. Los argentinos esperan que en algún lugar de nuestra enorme y rica geografía, se geste un grito de Libertad, y que el mismo salga urgente de nuestros gobernantes locales rehenes del Ejecutivo Nacional, porque del Congreso Nacional no podemos esperar nada, ya cedió sus poderes, y de la Justicia menos, porque sigue con su mirada daltónica. Dios quiera que podamos escuchar muy pronto ese primer grito en el norte argentino, y que surjan de las gargantas de nuestros gobernadores.

Aníbal Hardy
hardyani@arnet.com.ar

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