Cleptocracia, ayer y hoy

Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional sostiene que el candidato que mejor identifique las causas de nuestra postración, será quien obtenga el apoyo de los sectores sociales.

Hace 118 años, exactamente en agosto de 1901, se dijo: “El presupuesto está en constante déficit. No hay crédito externo ni interno… No queda otro recurso que someterse a una vida frugal, casi franciscana, para que, por medio de la economía se puedan pagar las calavereadas anteriores. Debe colocarse a la administración en un pié de moralidad y orden que le permita recobrar el crédito que hoy le falta. Deben convencerse los vividores de la política, los que hacen gala de haber servido al país, cuando no han hecho sino vivir a costa de él y por consecuencia de los contribuyentes. Ya hizo crisis la enfermedad, hoy el país está en completa anemia, no podrán seguir chupándole la sangre, pues en vez de sacársela hay que reconfortarlo para que pueda vivir y recuperar la salud. Se hacen ilusiones los que creen que podrán seguir politiqueando de forma antigua y que el país da para todo. Han matado la gallina de los huevos de oro y deben resignarse a trabajar; ya se acabó la época de la jauja y los placeres. El trabajo y la honradez serán lo único que regenerará a nuestro país”. Este texto forma parte de la introducción del libro “Historia de los bancos” de Sixto Quesada.

Hoy nos encontramos en una coyuntura similar, nuestro país se halla sometido a un empobrecimiento constante, y existe un tono sombrío sobre la clase política argentina, prevaleciendo el punto de vista que todo se arreglará en la medida en que la clase política se recomponga.

La comunidad nacional en octubre, va poner en práctica, seguramente el ejercicio purificador, y aprovechará para sacarse de encima el lastre de conductores procesados por corrupción, que no tuvieron fe en el destino de nuestro pueblo y, lo peor, que carecieron de la idoneidad para atacar el núcleo de los problemas económicos argentinos: el subdesarrollo.

Un candidato proviene del peronismo, y debemos recordar que lo esencial de este gran movimiento fue el despertar de la conciencia nacional de las masas, el mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo, su organización, su participación en el gobierno de la cosa pública, en resumen, el afloramiento del elemento social en el nacionalismo popular.

Pero la crítica recae también en lo esencial de sus debilidades; en su incapacidad de echar las bases materiales, económicas, que cimentaran sólidamente aquellas conquistas sociales.

El candidato presidencial que conciba que el desarrollo es una lucha de liberación nacional, un instrumento de realización nacional, de integración de una comunidad histórica que se niega a diluir su personalidad en esquemas de un pseudo internacionalismo superior; que privilegie los intereses de la Nación por encima de cualquier otro objetivo; que abandone la postura ideológica voluntarista; que tenga como lema que sin ética no hay democracia, y que proponga un gran debate programático para hacer un diagnóstico que identifique las causas de nuestra postración. Ese candidato tendrá en Octubre, el apoyo de los sectores sociales y políticos que constituyen el ancho cause del Movimiento Nacional. Hoy como ayer: “El trabajo y la honradez serán lo único que regenerará a nuestro país”.

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