Lola, la escultora que merece una disculpa

Por Mariela Blanco. Es en honor a Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández, una artista tan influyente que hasta tuvo despacho en el Parlamento.

Mariela Blanco es periodista, autora del libro “Leyendas de ladrillos y adoquines”

Este martes se celebra el Día del Escultor en conmemoración del natalicio de Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández (17 de noviembre de 1866), más conocida como Lola Mora, quien fuera considerada la escultora oficial de los gobiernos conservadores y, por eso, castigada.

Fue tan influyente, que hasta tuvo un despacho en el Congreso de la Nación de la mano de su padrino artístico Julio Roca para hacer una serie de monumentos para el Palacio.

Allí conoció a quien fuera su perdición y también su marido Luis Sabá Hernández, sobrino nieto de José Hernández, que podría haber sido su hijo teniendo en cuenta que ella lo doblaba en edad. Así era Lola. Resuelta, transgresora, osada.

Pero no vamos a hacer referencia acá a cuestiones del corazón sino a su obra, que tuvo dos momentos en función de los tiempos políticos: Lola Mora pasó del elogio a la descalificación; de ser comparada con Rodin a ser tildada de “marmolera”, fabricante de “adefesios” y monumentos “horribles”.

La escultora de bombachas de gaucho y boina vasca se ganó a puro talento el reconocimiento en Argentina y en Europa pero, lamentablemente, cayó en una insalvable grieta política que la llevó de la fama al más absoluto olvido.

Primero, conoció la censura. La emblemática Fuente de Las Nereidas estaba destinada a ser emplazada en Plaza de Mayo a metros de la Catedral pero las mujeres semidesnudas talladas en mármol de carrara fueron censuradas y debieron tener otro destino: la intersección de Paseo de Julio y Cangallo (hoy Leandro N. Alem y Perón), en el bajo porteño.

El día de su inauguración -21 de mayo de 1903- se decretó el feriado nacional y hubo un agasajo en el Club del Progreso. Pero quince años mas tarde, sufre una nueva ofensa. La fuente considerada la mas importante de su tiempo, fue reubicada frente al Balneario Sur (Costanera Sur) en la entrada de la Reserva Ecológica donde aún hoy se encuentra.

Claro que no fue la única obra que sufrió humillación y traslado. Aun así, se puede disfrutar de la estatua “De la Libertad” en Plaza Independencia en San Miguel de Tucumán, o del grupo escultórico del que sería el 2º Monumento Nacional a la Bandera Argentina, hoy parte del 3º y definitivo, erigido en la Ciudad de Rosario. O las estatuas de “La Justicia”, “El Progreso”, “La Paz” y “La Libertad”, en las adyacencias de la Casa de Gobierno de la Ciudad de Jujuy. También hay obras suyas que no pasan desapercibidas en el Cementerio de la Recoleta, compitiendo con lo mejor del arte funerario mundial. 

Lola Mora murió en 1936. Había perdido todo. El dinero, la fama y al turbulento amor de su vida que prefirió otras polleras. Su muerte pasó casi desapercibida en la prensa local de la época.

Los homenajes y reconocimientos llegaron demasiado tarde. Tiene su monumento en Salta, su sepultura declarada como bien de interés histórico-artístico y una efeméride. 

Vaya acá una respetuosa disculpa y una modesta reivindicación a esta prolífica artista tucumana en el día de su natalicio.

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