Cómo se organizó el Sistema Coca-Cola para que ni en situaciones excepcionales falte una en tu mesa

Los socios embotelladores y los distintos integrantes de la cadena de valor trabajaron para garantizar el abastecimiento de los productos y asegurar que nunca faltara una Coca-Cola en la mesa de los argentinos.

Hace poco más de un año el mundo cambió para siempre y nuestro país no fue la excepción. Lo que para muchos argentinos sólo era un virus lejano que afectaba a otros continentes, a principios de marzo de 2020 desembarcó en Buenos Aires para alterarlo todo. Pero algo que no cambió fue la certeza de encontrar una Coca-Cola en cada almacén y kiosco del país, a pesar de que los fantasmas de desabastecimiento amenazaban con fuerza. Se trató de un éxito del Sistema Coca-Cola, que rápidamente logró acomodarse a un contexto atípico para garantizar la producción de sus bebidas y su distribución y, al mismo tiempo, la seguridad de sus asociados y los integrantes de la cadena de valor. 

Desde el minuto uno, Lili Ferrecio, Coordinadora de Capital Humano en la zona este de Arca Continental Argentina, una de las cuatro embotelladoras de Coca-Cola en el país, lideró el cambio rotundo y necesario para cuidar en el día a día a los colaboradores de Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco, con capacitaciones, el armado de protocolos y la entrega de kits de seguridad. 

“Trabajamos mucho para conseguir lo necesario. Los primeros días no había barbijos ni insumos. Recuerdo que fuimos farmacia por farmacia consultando cuántos alcoholes en gel podíamos conseguir”, rememora Lili. A eso se sumó la organización interna: todavía hoy salen a la calle a hacer su trabajo de manera presencial sólo aquellas personas que no pueden teletrabajar; el resto opera de manera virtual desde sus casas. “Para nuestra empresa este cambio era impensado, el nuestro es un trabajo cercano que está muy ligado a la presencialidad. Pero hoy estamos más comunicados que antes y somos más eficientes”, asegura Lili, que resalta que en este tiempo lo que le resulta más conmovedor es el “espíritu de equipo” que se desarrolló. 

César Collar, vendedor de Arca Continental en el centro de Salta, reconoce que “al principio la pandemia implicó un cambio de 180 grados” en su trabajo. Por prevención, durante las primeras fases del aislamiento la zona céntrica se mantuvo vallada, por lo que sólo podía contactarse por teléfono con sus clientes y acercarse con la mercadería hasta donde las vallas se lo permitieran. En ese contexto, el celular se volvió su principal herramienta de trabajo. César y su equipo comenzaron a enviar a los clientes videos vía whatsapp con las promociones de la semana. “Era el único medio que teníamos y fue un gran aprendizaje ver que existía otra forma de trabajar”, cuenta, y señala que lo que más extrañó en esos días fue el contacto con sus clientes, a los que empezó a conocer mucho más en la distancia. “Fue lindo cuando pudimos volver a repartir a los locales, porque, aunque de lejos, podíamos saludar, preguntar cómo estaban ellos y sus familiares. Aprendimos a valorar a la gente”. 

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