Yo soy mi propio comunicador

Por Hugo Martini

¿Cuántos dirigentes políticos en la Argentina aceptan construir su imagen y su mensaje con profesionales de la comunicación? No se trata de asistentes que llamen o reciban a los periodistas sino de contar con asesores que elaboren una verdadera estrategia de la comunicación. La mayoría prefiere guiarse por el amateurismo del “olfato”. En cambio, el más arrogante de los dirigentes –el Presidente Kirchner- tiene contratado un equipo completo de profesionales. Es una fantasía ingenua suponer que el Presidente se levanta todas las mañanas y hace lo que quiere.

“Nunca me arrepentí de haber marcado ese gol con la mano”. La frase pertenece obviamente a Diego Maradona refiriéndose al primer gol contra los ingleses en el mundial de 1986. Entre esta falta de arrepentimiento y lo que la opinión pública piensa de esa mano los medios dijeron: “acción antideportiva”, “revancha justificada” o “cosas del Diego”. La realidad fue el gol, los medios construyeron una imagen de ese gol y, finalmente, la realidad es igual a la imagen.

Pero la mayoría de los dirigentes políticos suponen que los medios son como los teléfonos: instrumentos para comunicarse que no agregan nada a lo que ellos quieren decir. En cambio, los medios son como una cinta transportadora donde realmente se “crea” la noticia que llega a la gente. Estos dirigentes -con una mezcla de ignorancia y soberbia- no aceptan, o despiden, a los profesionales de la comunicación que les proponen adoptar una relación con los medios, distinta a la que les dicta su “intuición”.

Sin embargo, la necesidad de esta comunicación es más necesaria de lo que supone este juego de vanidades. Los mismos dirigentes que consultan a médicos, abogados y contadores cada vez que los necesitan están convencidos que pueden “recetarse solos” en el proceso de construir una imagen nada menos que para alcanzar el gobierno. Este es uno de los síntomas más curiosos y evidentes del subdesarrollo político de una sociedad.

Existen una serie de errores expresados por diferentes dirigentes de la naciente oposición que garantizan que el Presidente Kirchner puede estar tranquilo:

1. Primer error: Como cuando la única forma de comunicación era gráfica, se trata de convencer a la gente que se movilice activamente para defender ciertos valores no comprendiendo que en la actual sociedad de la información esa misma gente se moviliza sólo por reacción. Por ejemplo: la clase media argentina reaccionó contra la dirigencia política sólo cuando no pudo disponer de sus ahorros atrapados en el corralito.

2. Segundo error: Se intentan explicar por televisión propuestas alternativas como si se estuviera escribiendo un editorial que ignora que la televisión es un medio de transmisión de mensajes de impacto rápido. Por ejemplo: al argumentar por qué no tenemos que ser amigos de Chávez o sobre las virtudes de la división de poderes o sobre alguna elaborada intuición personal para acabar con la corrupción.

3. Tercer error: Las declaraciones son preparadas para criticar al gobierno y para mostrar lo inteligente que son los que las pronuncian sin considerar los objetivos ni a los destinatarios de esas declaraciones. Por ejemplo: la mayoría de los dirigentes no distingue entre periodistas que los entrevistan, editores que los corrigen y la cambiante composición del paquete accionario de la empresa que les paga el sueldo a los dos.

Profesionales de la comunicación política -que no son tantos a pesar de la “generosa oferta disponible”- podrían agregar a estas tres ideas demasiado básicas algunas otras más inteligentes para enfrentar la posible continuidad de esta presidencia. Pero el primer requisito para construir un nuevo espacio es la humildad intelectual de los dirigentes o sea, la capacidad para aceptar que “yo soy famoso/famosa pero alguien sabe más que yo”.

Es cierto que la humildad es una cualidad exótica que no abunda en la Argentina.

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