Deficiencias en el sistema aerocomercial: ¿Quién se perjudica con todo esto?

Por Carlos Rossi

El sistema aerocomercial constituye un asunto por demás preocupante. Lamentablemente, los titulares de las noticias alimentan la zozobra de cada día. El radar, los conflictos gremiales, la sobreventa de pasajes, la cancelación y demora en los vuelos, nos confieren el indeseado privilegio de estar en la consideración crítica del mundo.

La salida de servicio del radar ha causado los más serios inconvenientes en Ezeiza y Aeroparque, tanto que se ha debido recurrir al apoyo de los sistemas de Paraná y Mar del Plata y aún del exterior, como en el caso del sistema de Carrasco, en el Uruguay. Salvo las antiguas comunicaciones radiales, impropias para la frecuencia de vuelos de nuestros principales aeropuertos, no existen sistemas alternativos.

Un detalle como éste, la salida de servicio del radar, hace que el 75% de los vuelos de cabotaje demoren hasta ocho horas con perjuicio para 16.000 pasajeros diarios. Las cifras de por si conmueven, pero si agregamos que esto se produce en plena temporada turística, es decir, en medio del llamado “boom turístico argentino”, la reflexión nos inquieta. La caída de un rayo no puede ser causa de la salida de servicio de un radar, la caída de un rayo deber ser parte de las previsiones meteorológicas. El panorama se agudiza todavía más si consideramos que un simulacro en Ezeiza reveló que el aeropuerto no está bien preparado para tareas de salvataje. Dicho de otra manera, podríamos acercarnos a un estado de emergencia aeronáutica por falta de infraestructura adecuada cuya consecuencia es el descontrol aerocomercial.

Por otra parte, se ha publicado que tres de cada cuatro vuelos de cabotaje se concretan con retraso y por razones que nada tienen que ver con el radar. Se habla de la antigüedad de la flota y de los chequeos por ello requeridos. O sea, en otras palabras, se reconoce que no estamos competitivamente a la altura de las circunstancias, de tal manera que al turista le brindamos como bienvenida el paisaje de centenares de pasajeros extenuados en las salas de espera de los aeropuertos. Los problemas gremiales abundan y se suman al caos en desarrollo. La conciliación obligatoria actúa como paño frío, pero los conflictos continúan: paro de pilotos, paro de técnicos.

En definitiva, en estos momentos, en materia de navegación aerocomercial, el modus operandi es precario, básico y perjudicial para el usuario, en el más optimista de los casos. Para más, la coincidencia del final de las vacaciones de verano con el inicio de las clases ha potenciado la demanda, creando situaciones insalvables plagadas de reprogramaciones y cancelaciones. La propia Cámara de Líneas Aéreas de la República Argentina (CLARA) ha lanzado su preocupación al respecto.

En metas turísticas internacionales por excelencia, como lo son Bariloche y Cataratas, las estadísticas en cuanto al cumplimiento de los servicios son alarmantes. En Bariloche, el 50% de los vuelos ha sufrido demoras, y en Posadas, las cancelaciones y reprogramaciones superan holgadamente la razonabilidad previsible.

¿Quién se perjudica con todo esto? Naturalmente el pasajero, pero también el prestigio de la Argentina como destino turístico. Organismos del sector turístico argentino han elaborado radiografías del abuso contra turistas en el país y han detectado que en el 49% de los casos es responsabilidad del transporte aerocomercial, comprendiendo retardos, cancelaciones y sobreventa de pasajes. Desde el punto de vista prospectivo la visión se nos oscurece: hasta el 2020 se prevé un importante aumento de la demanda de los servicios de viaje respecto de su eficacia y calidad. Se ha diagnosticado un especial interés por parte de ejecutivos, turistas jubilados, profesionales itinerantes y familias viajeras, pero con un agregado que no se compadece con nuestra realidad actual: los viajeros serán cada vez más sofisticados. En los foros turísticos internacionales ya se dice que los viajes constituirán un artículo de consumo más y comprar un viaje será similar a comprar la recarga de un celular. Todo esto nos está indicando a las claras la necesidad de una política aerocomercial altamente responsable, con claridad de planteos actuales y futuros, moderna y eficiente en su infraestructura, y rigurosamente respetuosa de los legítimos y apreciables intereses de los usuarios.

¿Qué resguardo, compensación o indemnización tiene hoy el pasajero? Existe una resolución de la Secretaría de Economía, la 1538/98 que asegura a los pasajeros con más de cuatro horas de espera el goce de comunicaciones telefónicas, alojamiento y transporte gratuitos. Esta disposición no se cumple o raramente se cumple. Además, este instrumento administrativo -pues es sólo eso, sin mayor categoría legislativa- es la única, precaria y aleatoria tabla de salvación para el atribulado pasajero, pues las reformas a la Ley de Defensa del Consumidor no contemplan este tipo de situaciones y a lo suma prevén multas, pero no compensaciones a los pasajeros. Por otra parte, la Ley de Procedimiento Administrativo hace utópico el reclamo de los damnificados.

Es necesaria una política de seriedad y de responsabilidad en esta materia. Los organismos de control deben elevar en tiempo y forma las denuncias. El usuario debe ser el referente obligado y no las empresas o los organismos ad hoc.

Del análisis y la evaluación de toda esta problemática hemos resuelto elevar un proyecto de ley que eleve, corrija y optimice la jerarquía legislativa de las previsiones existentes, en el entendimiento de que, si bien no es facultad del Congreso la concesión de rutas a operadores aéreos, si le compete la regulación legal primaria a efectos de evitar distorsiones y abusos en el transporte aerocomercial de pasajeros, por parte de las empresas operadoras aéreas.

En tal proyecto prevemos que las empresas de transporte aerocomercial, cuando no cumplieren con la programación de vuelo, por causas imputables a las mismas, o cuando la demora en el servicio supere las dos horas de espera, deberán poner de inmediato a disposición de los pasajeros los importes de los pasajes, más un 50% del mismo en calidad de multa.

Asimismo, contemplamos, a opción del pasajero, en los supuestos anteriores, que las empresas deberán suministrar hospedaje en hoteles categoría tres estrellas o similar, más las comidas o meriendas, que por el horario correspondieren, hasta tanto se concrete el vuelo demorado, o a elección de pasajero deberán hacerle entrega de los importes correspondientes a tales servicios.

Tratamos de respetar así al usuario como persona y como consumidor; y de promover, en el ámbito de nuestro país, un servicio aéreo acorde con los requerimientos actuales y con las perspectivas de futuro.

* Rossi es senador nacional del Partido Nuevo

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