El jefe de Kirchner

Marcelo Fuentes es hoy senador nacional por el Frente para la Victoria y a principios de los 70 era uno de los líderes de la agrupación juvenil en la que militó Néstor Kirchner. A décadas de esos tiempos y con su amigo recientemente fallecido, lo recuerda como “el mejor” de esa generación. Y lo argumenta de una manera contundente: “Es el que logró sintetizar todas esas utopías con el ejercicio concreto de la política como práctica de poder”.

Tres años mayor que Cristina Fernández, Néstor Carlos Kirchner llegó a La Plata proveniente de Río Gallegos recién recibido de bachiller. Comenzó entonces a militar en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN), una agrupación creada en 1967 a poco de la llegada al poder del general Juan Carlos Onganía. Fundadores de ese movimiento estudiantil fueron Rodolfo Achem, Carlos Miguel y Carlos Negri, entre otros. Luego vinieron Carlos Kunkel, Carlos “Cuto” Moreno y Marcelo Fuentes. Los dos primeros, actuales diputados nacionales; el otro, senador.

“Yo formé parte de una segunda generación; luego viene Néstor, que es la tercera generación en la FURN”, contó a Semanario Parlamentario Marcelo Fuentes, quien representa a la provincia de Neuquén en el Congreso, luego de haber sido funcionario en Cancillería durante la presidencia del santacruceño.

Evoca esos días con nostalgia y remarca que todos participaron de la construcción del peronismo dentro de la Universidad de La Plata.

Lo cual no era poca cosa, teniendo en cuenta que la ciudad era un bastión del antiperonismo. La Plata se caracterizaba, primero, por tener allí una gran incidencia la comunidad universitaria, con un peso incomparable respecto a otras ciudades del país; y después, porque esa comunidad es mayoritariamente del interior, lo que ya de por sí genera otra característica particular.

La formación política allí se hacía en un terreno muy exigente, que partía de la citada base del antiperonismo imperante. Lo cual implicaba respuestas políticas firmes. Marcelo Fuentes cita como anécdota la primera tarea que le tocó realizar en esos tiempos: poner un retrato de Evita y custodiarlo. “Fue en el año 67 y mis propias compañeras de curso se acercaban para escupirme…”, recuerda para hacer hincapié en lo que significaba ser peronista en ese lugar y en esa época.

Como correlato, la represión fue pavorosa en La Plata. Comisiones gremiales enteras, lo mismo que algunos de los fundadores de la FURN, como Achem y Miguel, fueron ejecutados y sus cuerpos mutilados aun antes de la llegada de la dictadura.

¿Y Cristina? Militó en el FAEP, una escisión del FURN, pero más tarde todas esas fuerzas confluirían en lo que fue la JUP. La FURN se disolvió al nacer la JUP, dando por finalizados sus objetivos, lo cual ha permitido -según sus mentores- hacer mantener en el tiempo la memoria. “Fuimos muy respetuosos de esa época y esos compañeros, y no los utilizamos en cuestiones políticas”, remarca un dirigente de entonces.

Néstor Kirchner se integró a la Federación en el año 71. Era un joven que llamaba la atención por su metro 87 de estatura, característica que le valió integrar la Banda Púrpura, una suerte de grupo de choque de la FURN. En ese marco el santacruceño no es recordado por su oratoria -si bien se destacaba en las discusiones en los claustros universitarios-, tanto como sí lo hacen por su disposición a “ir al frente”.

Normalmente los debates más interesantes se planteaban con los sectores de izquierda. En La Plata había tres grupos: uno, que era inicialmente el hegemónico, conformado por la alianza de reformistas, comunistas y radicales, el MOR; una izquierda que era correlato de las distintas internacionales, los PRT, La Verdad, Política Obrera; y finalmente, el peronismo.

Las discusiones se daban en todos los terrenos y eran la sal de la vida universitaria. La UNLP además tenía una incidencia muy grande sobre la ciudad de La Plata, por la misma distribución de sus facultades. El núcleo de la vida se daba en el comedor universitario, y eso implicaba dos puntos de encuentro de miles de estudiantes, al mediodía y la noche, donde se agilizaba el sistema de información, difusión y discusión.

Por eso una de las primeras medidas de la dictadura fue volar todo eso. Lo cerraron, lo dinamitaron y recrearon más tarde lo que los antiguos militantes denominan “engendros edilicios”.

“Inicialmente había siempre una separación muy clara entre la gente del interior y el platense, que más tarde se fue superando a partir del avance de la política; llevamos a la agrupación gente como el platense Carlos Negri. Pero en general existía bastante ese prejuicio, que en este caso saldó el matrimonio entre Néstor y Cristina”, recuerda Marcelo Fuentes con una sonrisa.

Quienes en aquella época fueron sus jefes recuerdan de Kirchner algo más que su voluntad para ir al choque -que con el tiempo mantendría por cierto-: su solidez, su rapidez mental, su gran capacidad de aprendizaje. “Mientras otros recurrían a la dialéctica en exceso, él iba a cosas concretas. Era un tipo de gran capacidad de organización… y sobre todo, corajudo. El iba al frente”, destacó uno de sus compañeros.

Todos participaban de las discusiones, pero los oradores de los actos relámpago que se armaban estaban bien determinados. Marcelo Fuentes era en la FURN el encargado de hablar, por ser considerado un excelente orador y él era entonces quien encabezaba las mayores discusiones que se daban en los pasillos de la facultad, sobre todo con los grupos de izquierda.

– Usted fue entonces jefe de Néstor Kirchner…

– Lo de jefe suyo era una broma que él solía hacer siempre…

– ¿Cómo lo recuerda de esas épocas de militante?

– Revoltoso, apasionado… Si uno me pregunta si podía imaginar en ese momento en el destino, las circunstancias en las cuales la vida política lo iba a poner, era impensado… Y creo que ese es el mérito principal de él. A veces, discutiendo la convocatoria que él efectuaba a sus compañeros, algunos decían “no era el mejor”… Sí era el mejor. Es el que logró sintetizar todas esas utopías con el ejercicio concreto de la política como práctica de poder. Creo que ese es de los tres méritos centrales que nuestro amado Néstor tiene. El primero es haber puesto la política en el centro de generaciones descreídas de la misma; eso es fundamental: haber devuelto a la política su condición de herramienta esencial para transformar la realidad, para regular los conflictos. El segundo, desde el plano institucional, es haber devuelto la autoridad presidencial. Eso es algo que nadie, ni su más enconado adversario, puede negar. Nuestra historia en las últimas décadas mostraba una institución arrastrada como la presidencia, y haber devuelto autoridad a la figura presidencial es lo más importante desde el plano institucional. Y el tercero es el salto hacia el futuro, y creo yo que eso es algo que recién comienza a percibirse: el trasvasamiento, esta presencia multitudinaria de jóvenes en la calle, llorando, pero por otro lado imponiendo consignas, consignas de esperanza… Esto inaugura una etapa nueva en el país, porque vean que desde esa militancia de los años 70, no ha habido militancia juvenil que no fuera rentada; había punteros y funcionarios. Hoy irrumpe en la escena de la Argentina una generación cuyo principal compromiso es la noción de solidaridad, y lo expresa con los temas que puso en la agenda. Lo expresó con el matrimonio igualitario, por ejemplo.

– ¿Cómo se hace ahora para sostener eso? La figura de Kirchner fue importante y cubrir ese espacio no va a ser fácil…

– Es que esas características son intransferibles, nadie va a ocupar su lugar, es una circunstancia excepcional en la vida política, que pone hacia delante un escenario altamente favorable. En ese escenario, lo institucional y lo político están perfectamente cubiertos por la autoridad y la capacidad política de la Presidenta. Ni ella pretende sustituir a Néstor Kirchner, ni nadie lo quiere hacer. La Presidenta, como lo manifestó, va a honrar en convicción ese compromiso y la memoria de quien fuera su compañero.

– ¿Puede haber muerto el kirchnerismo con Néstor Kirchner, o nace, cómo algunos especulan, con su muerte? ¿O es simplemente una rama del peronismo, qué es lo que subyace?

– Yo siempre recuerdo un día de mucho viento en Zapala, en mi provincia. Siempre había comunicaciones telefónicas y nos había llamado Néstor, que recién comenzaba a recorrer el país, para convocar reuniones de 50, 60 personas. Nos reunimos en un hotel, previo al pequeño acto que hacía con algunos jóvenes, y entonces me dice: “¿en qué andás?”, a partir de esto mismo que hablamos del descreimiento en la política de una generación que había sido barrida, diezmada, que se sentía derrotada. No, primero contá en qué andás vos, le dije. Fue sencillo lo que él respondió: “Estoy convocando a mis cuadros, mis compañeros, voy camino a reconstruir el movimiento nacional”. El peronismo es una expresión del movimiento nacional, es el nivel de conciencia colectivo más alto alcanzado por el conjunto de los argentinos. Y en este sentido Kirchner siempre trabajó en función del desarrollo; si eso está acotado a una estructura del PJ, a una denominación, yo creo que no, yo creo que ha puesto en marcha algo a partir de esa tarea de aglutinar fragmentos. Néstor Kirchner fue el político que tuvo la claridad de entender que la matriz a resolver, a edificar, era la Nación. Reconstruir la Nación. Ese es el otro mérito trascendente de Néstor Kirchner.

– ¿Cómo se hace para juntar a sectores del movimiento tan diversos? ¿Cómo se hace para juntar al movimiento sindical, con Moyano a la cabeza, y por otro lado a sectores de centroizquierda? Kirchner lo pudo hacer, pero…

– Basta leer en el diario La Nación, en su sumatoria de columnas, el odio que se destila y que forma parte de una estrategia de elegir rápidamente los demonios. Es evidente que el demonio elegido es Moyano, donde automáticamente se plantea una contradicción, según los medios, entre la estructura del PJ y el intento de Moyano. Primero, algo que aprendimos es que no somos nosotros quienes les vamos a decir a los trabajadores cómo se deben organizar, ni quienes deben ser sus dirigentes. Moyano es un legítimo dirigente. Segundo, algo que está claro, por la experiencia vivida, los trabajadores tienen conciencia de que cuando van por Moyano, no van por él, sino por las conquistas, las paritarias, están yendo por lo que eso significa. Y esto no es incompatible con las definiciones de los sectores de centroizquierda, que aspiran a una sociedad más igualitaria e integrada. Creo que eso es un miedo que los sectores interesados de la política están colocando, a los efectos de dificultar esta tarea.

– Uno ve que Moyano no es lo mismo que Sabbatella, el pensamiento político de uno no coincide con el del otro. Kirchner podía aglutinarlos, ¿pero ahora?

– Eso sería como una equiparación entre el rol que cumplía Perón en una etapa de desarrollo, pero es que esa no es la circunstancia que estamos viviendo, esa es la diferencia. En tiempos de Perón, era un retorno después de innumerable cantidad de años, había un proceso de confrontación ideológica de una intensidad que la República Argentina no recuerda. Desde los que pretendían la construcción del socialismo nacional, a la guerra insurreccional. Hoy Sabbatella y Moyano no son antípodas…

– Pero convengamos que Moyano no es lo mismo que Filmus, por citar un caso. El pensamiento político no es el mismo.

– Pero Moyano no es Ponce, no es Lorenzo Miguel, no es Vandor…

– ¿Quién va a hacer la tarea de Kirchner?

– La tarea de Kirchner la va a hacer Cristina. Ahora, lo que usted está preguntando es quién va a amasar el barro, esa es la duda. Yo creo que el salto cualitativo es que acá va a haber menos barro para amasar. Todo el mundo está esperando, es como si hubiese un brujo, y no lo hay, es la dinámica de la política, y la Presidenta va a ejecutar esa dinámica desde otra óptica y otro estilo.

– ¿Y ella tiene la capacidad para lidiar con los varones del conurbano, por ejemplo?

– Si la Presidenta pudo lidiar con los multimedios… Uno siempre supuso que el proyecto era una amenaza, una negociación abierta… ¿Alguien tomó en serio eso? ¿Quién fue la que lo tomó en serio y lo llevó adelante? Ella.

– Está claro que ella era más intransigente, pero en ese caso Néstor era el que hacía el trabajo de la negociación, el duro trabajo político… A ella nunca le tocó consensuar, en su tarea política nunca fue su función, en cambio él durante su trayectoria avanzaba cinco pasos para retroceder luego dos. ¿Esa puede llegar a ser una falencia?

– No, yo creo que eso tiene que ver con el escenario futuro. Una cosa es terminar una gestión de gobierno en la cual nadie duda que tiene la suficiente capacidad y apoyo, y segundo, continuar con el legado, con una candidatura. Son dos situaciones distintas, y en esa situación evidentemente, si tengo que edificar, primero partiendo de la base que no tiene que acumular. Ubiquémonos con Néstor Kirchner queriendo ser presidente en 2003, y Cristina Kirchner queriendo serlo en 2011, ¿es igual la situación? Ni por asomo. Hay una acumulación de capital político y con una lógica que el peronismo tiene. El peronismo abroquela, donde percibe poder, abroquela. A todo esto, frente a un panorama en el que hay una oposición que es un chiste, donde ha traicionado cuanta bandera de coherencia podía tener, lo hemos visto en las posiciones tomadas en los debates. Banderas históricas de la segunda fuerza mayoritaria, como el tema de la estatización de las AFJP, donde han votado en contra en función de un análisis corto. Frente a eso yo veo un panorama electoral. También mi necesidad de generar acumulación, sí la tengo. Y luego, en las tareas que haya que hacer hay suficientes cuadros. Nadie puede dudar de la capacidad de Aníbal Fernández para negociar, acordar, el mismo Julio De Vido…

– ¿El ministro de Economía seguirá siendo Amado Boudou?

– Yo entiendo que no va a haber cambio de gabinete, no hay nada que lo justifique. El cambio de gabinete es una expresión de deseos de sectores… cuando uno habla de un gobierno de unidad nacional, eso es algo que se da ante las crisis, ante la ausencia de poder. Y yo no creo que ahora haya el menor atisbo de eso…

– ¿Qué representa la cantidad de jóvenes que se hicieron presentes en la despedida a Néstor Kirchner?

– Hay una gran cantidad de padres antikirchneristas que sintieron aullar y llorar al hijo y no sabían qué pasaba. Ahí descubrían que el hijo estaba llorando por la muerte de Kirchner. Me decía una madre: “Yo que fui antikirchnerista, lloré dos días seguidos acompañando a mi hijo”. Cuando Perón muere, nosotros estábamos curtidos, hoy estos pibes son tiernos…

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