Cuánto hablaron los senadores

Aníbal Fernández fue el miembro de la Cámara alta que más habló en el recinto a lo largo de 2012, seguido por el radical Gerardo Morales. Dos miembros del Cuerpo no dijeron ni una palabra en todo el año.

La realidad corroboró lo que en este mismo espacio anticipamos hace exactamente un año. Al presentar la nota sobre cuánto habían hablado los senadores en el recinto a lo largo del año, señalamos entonces que el exjefe de Gabinete Aníbal Fernández se perfilaba “como un orador principalísimo”. Y en efecto así fue, pues el senador nacional bonaerense fue a lo largo de 2012 el que más palabras expresó.

Y lo hizo por gran ventaja, tal cual lo estableció el Indice de Calidad Legislativa que elabora Semanario Parlamentario que contabilizó 85.876 palabras en boca del exfuncionario kirchnerista, que le sacó una distancia de casi diez mil al que lo escoltó, el radical Gerardo Morales, que midió 76.195.

¿Por qué habíamos anticipado que Fernández sería un protagonista central en el recinto? Por sus antecedentes, obviamente, y sobre todo por lo que había mostrado en las sesiones extraordinarias de 2011, en las que figuró primero entre los nuevos senadores, con 11.250 palabras.

Ya hemos dicho que 2012 fue un año de mucha actividad en ambas Cámaras, aunque haya antecedentes que muestren que hubo años en los que hubo más reuniones. Pero las 23 contabilizadas en la Cámara alta marcaron un récord en materia de oralidad en el recinto, desde que el Indice de Calidad Legislativa efectúa este tipo de mediciones. Con 1.071.482 palabras expresadas a lo largo del año, 2012 marcó un récord. No sólo porque duplicó a 2011, un año bajo en la materia en el que “sólo” se expresaron 525.308 palabras, sino que superó a 2006, cuando se midieron 1.016.789.

Pero volvamos a los nombres de los que más se explayaron en el recinto. Aníbal, como hemos dicho, está llamado a figurar al tope de este ranking por el tiempo que dure su mandato, si nos atenemos a su habitual locuacidad. Pero es digno destacar al radical Gerardo Morales, que sin ser jefe de su bloque nunca baja del podio. Ya en 2011 fue el primero, con 37.378 palabras. En 2012 fue segundo, como dijimos, detrás de Aníbal F. Y vale reflejar sus antecedentes: primero también en 2010, 2009, 2008 y 2007, sólo había sido desplazado de esa condición en 2006 -el primer año en el que comenzamos a hacer estas mediciones-, cuando el hoy gobernador Jorge Capitanich dijo 98.702 palabras, casi dos mil más que el jujeño.

Ese año Cristina Fernández de Kirchner, que entonces lucía la doble condición de senadora y primera dama, expresó 85.681 palabras. Un número que este año la hubiera ubicado en segundo lugar en la Cámara alta, a doscientas del primero. Tenía razón la actual presidenta de la Nación cuando días pasados señaló ante la Asamblea Legislatura que ella “hablaba mucho, ¿no?”.

Los presidentes del bloque oficialista suelen figurar al tope. Se da casi inexorablemente en Diputados; en el Senado, como se ve, no es tan así. Pero igual Miguel Angel Pichetto está siempre en el podio. En esta última medición quedó tercero, con 60.418 palabras, mientras que en 2011 había figurado segundo, igual que en 2010, 2009 y 2008. En 2007 Capitanich resultó segundo, pero en 2006 quedó bien lejos, en el sexto lugar.

Cuarto el año pasado figuró el jefe de la bancada radical, el formoseño Luis Carlos Petcoff Naidenoff, con 46.164 palabras, mientras que en el quinto lugar aparece otro que suele destacarse en la materia, el socialista Rubén Giustiniani.

Llama la atención quien viene detrás, en el sexto lugar. Producto tal vez de su experiencia en los escenarios, Eugenio “Nito” Artaza no tiene problemas de oralidad, y dejó en 2012 su impronta, con 39.697 palabras. Superando incluso al puntano Adolfo Rodríguez Saá, que viene detrás con 34.031 palabras. Y eso que el hombre es un orador experto y consumado.

Los de afuera no son de palo

En estas mediciones hay que sumar a quienes participaron sin ser senadores. Por supuesto que hay que medir al titular del Cuerpo, Amado Boudou, quien por su condición de conductor de los debates cuenta con un espacio destacado. En este caso, dijo 29.828 palabras. Habrá que sumar también a la tucumana Beatriz Rojkés de Alperovich, que en su condición de presidenta provisional se hace cargo de la Cámara cuando no está el vicepresidente, y en 2012 expresó 12.888 palabras.

El jefe de Gabinete de Ministros, Juan Manuel Abal Medina, realizó una visita a la Cámara alta, en la que expresó 12.404 palabras. En esta también le gana su antecesor, Aníbal Fernández, que el año 2011 había expresado en su única visita al Cuerpo 17.418 palabras.

Si bien las Asambleas Legislativas se realizan en otro recinto, el de Diputados, las sumamos en el Senado, pues son conducidas por el vicepresidente de la Nación y registradas por el cuerpo de taquígrafos de la Cámara alta. Entonces habrá que sumar a este conteo a la presidenta de la Nación, que en 2012 hizo un discurso de 23.035 palabras, que seguramente será superado cuando contabilicemos el del presente año.

También hubo una asamblea con la presencia del presidente de Perú, Ollanta Humala, quien fue bastante moderado en su exposición: 919 palabras en un discurso que arrancó con el error de llamar “senador” a Boudou.

El fondo de la tabla

Una de las partes más ricas de estos trabajos suele ser la que les corresponde a quienes se han quedado callados. En el Senado no acostumbran a ser muchos los que se quedan mudos. Desde que Semanario Parlamentario publica estas mediciones -2006- fue en el año 2007 cuando hubo más “silenciosos”: esa vez fueron cinco, a los que habría que sumar cuatro más que dijeron no más de siete palabras.

En 2006 hubo dos; en 2008 uno; en 2009 también dos; hablaron todos en 2010, y tres quedaron en cero en 2011. El año que estamos midiendo, 2012, volvieron a ser dos los que nada dijeron. En este caso se trata de la correntina Josefina Meabe y Carlos Menem.

Precisamente el expresidente de la Nación merece un párrafo aparte, pues por sus exposiciones -o la ausencia de ellas- corrobora aquello que solía decir cuando insistía en que no buscaría otra postulación política que no fuera la presidencia, por aquello de que “el que ha sido papa, no quiere volver a ser obispo”. Queda claro que al senador riojano el Congreso no lo seduce en lo más mínimo y prueba de ello es su performance en materia de discursos desde que es senador. Además de 2012, figuró en cero en 2007 y 2009. En 2011 dijo apenas 6 palabras y en 2010 pronunció 64. Hubo años en los que se hizo notar un poco más; en 2006, el primero que lo tuvo como senador, fue cuando más participó: 1.842 palabras, mientras que en 2008 pronunció 1.392.

Pero en 2012 hubo otros que tampoco dieron discursos, aunque no figuren en cero. Es el caso del chaqueño Fabio Biancalani, que sólo dijo 5 palabras a lo largo del año. Fue en dos sesiones distintas y estas fueron sus frases: “Voto por la afirmativa”, en una oportunidad, y en la otra fue más sintético: “Afirmativo”.

Vale tener en cuenta que Biancalani no acostumbra a hacerse notar en el Senado. Ya en 2011 fue uno de los que no habló; y en 2009 y 2008 dijo sólo 8 palabras y 299, respectivamente.

Algo similar sucede con María Laura Leguizamón, senadora que se destaca en materia de proyectos, pero no suele hablar en el recinto, como también sucedía cuando era diputada. En 2012 sólo quedó registrada al pronunciar sus votaciones. Cuatro veces dijo “afirmativo”, una “por la afirmativa” y en otra oportunidad fue más expresiva, al señalar: “En la pantalla mía aparece ‘senador presente’ pero no sale consignado mi voto, que es afirmativo”.

El ranking

1°) Fernández, Aníbal 85.876 palabras
2°) Morales, Gerardo Rubén 76.195 palabras
3°) Pichetto, Miguel Ángel 60.418 palabras
4°) Petcoff Naidenoff, Luis Carlos 46.164 palabras
5°) Giustiniani, Rubén Héctor 41.284 palabras
6°) Artaza, Eugenio Justiniano 39.697 palabras
7°) Rodríguez Saá, Adolfo 34.031 palabras
8°) Sanz, Ernesto Ricardo 33.715 palabras
9°) Cano, Jose Manuel 31.114 palabras
10°) Escudero, Sonia Margarita 29.693 palabras
11°) Negre de Alonso, Liliana 27.744 palabras
12°) Romero, Juan Carlos 27.006 palabras
13°) Cabanchik, Samuel Manuel 25.442 palabras
14°) Filmus, Daniel 23.948 palabras
15°) Estenssoro, María Eugenia 23.908 palabras
16°) Montero, Laura Gisela 23.030 palabras
17°) Mayans, José Miguel 22.937 palabras
18°) Fuentes, Marcelo Jorge 21.078 palabras
19°) Guinle, Marcelo Alejandro 17.402 palabras
20°) Morandini, Norma Elena 17.366 palabras
21°) López, Osvaldo Ramón 16.620 palabras
22°) Verna, Carlos Alberto 15.843 palabras
23°) Martínez, Alfredo Anselmo 15.148 palabras
24°) Linares, Jaime 14.793 palabras
25°) Juez, Luis Alfredo 14.102 palabras
26°) Rojkes de Alperovich, Beatriz 12.888 palabras
27°) Cimadevilla, Mario Jorge 12.591 palabras
28°) Fellner, Liliana Beatriz 12.272 palabras
29°) Marino, Juan Carlos 10.243 palabras
30°) González, Pablo 10.151 palabras
31°) Godoy, Ruperto Eduardo 9.785 palabras
32°) Castillo, Oscar Aníbal 9.569 palabras
33°) Lores, Horacio 8.735 palabras
34°) Di Perna, Graciela Agustina 8.293 palabras
35°) Higonet, Maria de los Angeles 7.500 palabras
36°) Guastavino, Pedro Guillermo 7.475 palabras
37°) Corradi de Beltrán, Ana María 7.220 palabras
38°) Borello, Marta 6.686 palabras
39°) De la Rosa, María Graciela 6.264 palabras
40°) Verani, Pablo 5.992 palabras
41°) Iturrez de Cappellini, Ada Rosa 5.834 palabras
42°) Barrionuevo, Walter 5.528 palabras
43°) Giménez, Sandra 5.522 palabras
44°) Riofrío, Marina Raquel 5.345 palabras
45°) Bongiorno, María José 5.239 palabras
46°) Monllau, Blanca María del Valle 5.032 palabras
47°) Basualdo, Roberto Gustavo 5.029 palabras
48°) Corregido, Elena Mercedes 4.763 palabras
49°) Luna, Mirtha 3.887 palabras
50°) Roldán, José María 3.838 palabras
51°) Vera, Arturo 3.286 palabras
52°) Bermejo, Rolando Adolfo 3.225 palabras
53°) Nikisch, Roy Abelardo 2.841 palabras
54°) Labado, María Ester 2.795 palabras
55°) Díaz, María Rosa 2.792 palabras
56°) Parrilli, Nanci 2.554 palabras
57°) Latorre, Roxana Itatí 2.457 palabras
58°) Ruiz Díaz, Elsa 2.345 palabras
59°) Cabral, Salvador 2.145 palabras
60°) Pérsico, Daniel Raúl 1.947 palabras
61°) Irrazábal, Juan Manuel 1.859 palabras
62°) Mansilla, Sergio Francisco 1.768 palabras
63°) Colazo, Mario Jorge 1.511 palabras
64°) Blas, Ines 1.108 palabras
65°) Reutemann, Carlos Alberto 819 palabras
66°) Rached, Emilio Alberto 723 palabras
67°) Pérez Alsina, Juan Agustín 694 palabras
68°) Aguirre, Hilda Clelia 144 palabras
69°) Leguizamón, María Laura 23 palabras
70°) Biancalani, Fabio Darío 5 palabras
71°) Meabe, Josefina Angélica 0 palabras
72°) Menem, Carlos Saúl 0 palabras

Fuente: Indice de calidad legislativa

Otros de los medidos

Cristina Kirchner 23.035 palabras
Amado Boudou 29.848 palabras
Juan M Abal Medina 12.404 palabras
Ollanta Humala 919 palabras

Palabras más, palabras menos

Se dirá con acierto que más que la cantidad de palabras, lo que importa es la calidad de las mismas. Muchos quedaron una vez más extasiados días pasados cuando una vez más la presidenta de la Nación dio muestras de su formidable capacidad oratoria para exponer sin leer durante tres horas y cuarto. Otros recordaron aquello de Winston Churchill -otro gran orador-, que decía que “para hablar una hora bastan cinco minuto de preparación, pero para hablar cinco minutos hace falta una hora de preparación”.
Pero este trabajo no se trata de analizar el contenido de los discursos, sino la cantidad de palabras. Y vale como mención algunas frases sueltas que, como puede verse, quedan registradas por los taquígrafos. Aquellas que despiertan risas, aplausos, o indignación.
Un “hábil declarante” como Luis Juez, cuando puede, hace honor a sus antecedentes, como aquella vez que dijo: “Yo tengo de ingenuo la cara y la uso en beneficio propio”.

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El oficialista José Mayans es un peón de brega que paso a paso deja su impronta en el recinto, con sus comentarios que no pocas veces dejan lugar a las sonrisas. Y hasta los aplausos, como esta vez: “Para ser un poquito yo mismo, quiero decir a los senadores de la oposición que han sido realmente una brújula para nosotros porque cuando ustedes dicen que hay que ir para ‘acá’ nosotros vamos al revés y acertamos seguro. Por eso, vamos a acompañar este proyecto”.
Como se ve, el formoseño suele ser punzante para con la oposición. Y como no podía ser de otra manera, el hombre no podía dejar de trenzarse con su comprovinciano Luis Petcoff. Por ejemplo aquella vez en la que para ensalzar el desendeudamiento del país hizo referencia a lo que ocurre con los países de Europa, poniendo el ejemplo de Grecia. “Un bebé griego nace y ya está debiendo 30 años. ¡Treinta años está debiendo! Y un niño español nace y también está debiendo 30 años. El no sabe por qué, pero ya está debiendo 30 años de su vida”, a lo que el entonces jefe del bloque radical le acotó: “¿Y un niño formoseño?”.
“Yo te voy a explicar el tema de la deuda, porque tiene su explicación. No te olvidés de la caída del Gobierno de Alfonsín. Yo fui presidente provisional y sé cómo se originaron las deudas de las provincias. Te voy a explicar para que sepas, porque vos eras concejal cuando pasó eso”. Petcoff: “¡Olvidate de Alfonsín! Decime cuánto debe un niño formoseño”. Mayans: “Te voy a explicar cómo pasó la deuda con Alfonsín y cómo cayó Alfonsín”. El contrapunto concluyó con un Petcoff a los gritos fuera de micrófono, un pedido de calma de Boudou y un Mayans insistiendo. “Bueno, pero para explicarle nomás”.

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“Supongamos que el hombre no lo tenía presente pero entramos a ver de qué se trata CERTAL. Como bien me dijo el senador Cimadevilla, CERTAL no es Al Qaeda; pero tampoco es Paratropina, senador”, dijo en un discurso Marcelo Fuentes en alusión a la organización que organizó unas jornadas sobre medios en Estados Unidos a las que concurrió el camarista De las Carreras, una de las veces en las que el tema de “los monopolios mediáticos” se discutió en el recinto.

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“¡Otra vez! ¡No, no, son las siete!”, reaccionó Aníbal Fernández la vez cuando Liliana Negre de Alonso pidió interrumpirlo. Aunque, caballero al fin, volvió sobre sus pasos y se corrigió: “¿Pero cómo le digo que no a la senadora Negre de Alonso? Sería una forma de violencia, señor presidente”.
“Me puede decir que no tranquilamente, que no lo considero una forma de violencia”, acotó la puntana, entre sonrisas.

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Muchas veces las sesiones suelen convertirse en clases de historia que las hacen más interesante. En la tercera reunión del año, el senador Adolfo Rodríguez Saá realizaba un homenaje a su comprovinciano, de quien decía sentirse orgulloso, Juan Esteban Pedernera, quien fuera general y gobernador de su provincia. “Como en muchos momentos de crisis San Luis, pequeña, pobre y humilde, participó protagónicamente para lograr la unión de los argentinos. Dada la solemnidad de este acuerdo…”.
“Era unitario, pero valiente…”, acotó Pichetto. “Argentino”, sintetizó Rodríguez Saá. “Le reconozco que era de una valentía extraordinaria”, concedió el rionegrino. “Sí, pero era argentino”, quiso dejar claro el puntano. “Vicepresidente de Derqui”, participó
Aníbal Fernández, que bajo ningún modo iba a quedarse fuera de ese tipo de discusión.

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“Voy a presentar una queja por la facilidad con que el senador Morales otorga interrupciones”, deslizó en una sesión su compañero de bancada Ernesto Sanz entre risas.

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En el Senado suele suceder que un legislador enojado decida irse del recinto. Por ejemplo Samuel Cabanchik, quien al principio de la sesión del 3 de octubre se enojó porque no le dejaron hacer uso de la palabra porque se iba a votar. “Es increíble que no….”, arrancó, siendo interrumpido por Boudou, que le aclaró que estaba poniendo a votación el tema y no tenía el uso de la palabra, a lo que enojado, el senador porteño repuso: “Me molesta que no me dejen hablar. Así no se puede”. Se paró y se fue.

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Otra de Marcelo Fuentes, que siempre lo tiene a Mario Cimadevilla muy presente: “No voy a dar la interrupción porque quiero aclarar algo. Anótense. Si vamos presos, vamos los dos juntos al mismo calabozo. ¿No es cierto, senador Cimadevilla? Le haremos un favor a la Patria”.

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A diferencia de la Cámara baja, en el Senado no son comunes los aplausos. Un día lo dejó claro el titular del Cuerpo, al decir que “en el Senado no se aplaude. Por ahí hoy hacemos una excepción, ya que ustedes lo hicieron”.
“Salvo que sea a favor nuestro”, acotó el infaltable Mayans.

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Siempre sobre el desendeudamiento, Aníbal Fernández estaba detallando que cuando asumió Néstor Kirchner la Presidencia, “la deuda representaba el 166,4% del producto bruto interno, ratio deuda-producto bruto interno. Hoy no superamos el 40”. Mejor dicho, se los presento al revés: hoy podríamos pagar la deuda con un solo año de las exportaciones de los argentinos. En aquel momento se necesitaban cuatro años de exportaciones para poder pagar la deuda que se tenía…”, a lo que Adolfo Rodríguez Saá le acotó: “¿Cuánto valía la soja?”, a lo que el exjefe de Gabinete replicó echando mano a su condición de presidente de Quilmes: “¿Qué tiene que ver eso? ¿Sabe cuánto vale Cauteruccio? Con ese criterio, se lo puedo medir en pizzas. ¿Quiere que se lo mida en pizzas de mozzarella? Es imposible”.

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“Tiene la palabra el senador Fernández, que se sale de la vaina”, dijo Amado Boudou en la sesión del 15 de agosto. “¡Muchísimas gracias, señor presidente!
Hay dos cosas que quiero aclarar de antemano y dar una explicación que quería hacer desde hace mucho porque me da la sensación de que este es un debate como un océano, pero de un centímetro de profundidad: nunca nos metemos adentro para ver exactamente de lo que estamos hablando”.

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Rubén Giustiniani advertía sobre las demandas provinciales a la Nación, señalando que “hay once provincias argentinas que están presentando demandas ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación”. “¿Qué sentencias? No hay sentencias, senador. No hay ninguna sentencia que ejecutar acá”, replicó el infaltable Aníbal Fernández. “Bueno: el acuerdo. Saquemos la palabra ‘sentencia’ y pongamos la expresión ‘acuerdo firmado’”, a lo que Fernández acotó: “Que no vale”. “¡Ah, parece que no vale el acuerdo firmado!”, reaccionó Giustiniani, señalando entonces Aníbal que “no es lo mismo una sentencia que un acuerdo”. El socialista concedió entonces: “está bien: el acuerdo firmado, que no se está cumpliendo. Entonces…”, generando una reacción bien del estilo de su interlocutor, que desató risas en el habitualmente acartonado recinto: “No es lo mismo una chica caprichosa que una choza chica en Capri”.

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Durante el debate de la expropiación de Ciccone, la radical cobista Laura Montero preguntó: “¿El presidente del Senado se sentiría habilitado, habiendo estas causas y estas dudas, para desempatar en este recinto, o se excusaría? (…) Estamos declarando de utilidad pública a una empresa, no sus bienes, respecto de la que tenemos dudas de su legalidad. Si es o no legal. Encima, la abstracción más simplista que se me ocurrió es preguntar qué sucede si esto llega al extremo, quién desempata en este recinto”. “Cobos podría asesorar”, acotó Miguel Pichetto con ironía.

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En la reunión 18° el radical Juan Carlos Marino tomó la palabra para apuntar un error propio: “Voté mal, señor presidente. Acostumbrado a votar negativo voté negativo”.

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Filósofo de profesión, el senador Cabanchik arrancó en esa misma sesión con una reflexión sobre un relato de la mitología griega. “Prometo que me voy a saltear capítulos en la historia”, aclaró entre risas, para recordar luego el relato del laberinto y el minotauro, a lo que Aníbal Fernández aclaró: “No hay toros acá”. Cabanchik: “Hay minotauro”. Fernández: “Pero el minotauro no fue después del toro”. “Bueno, está bien. El minotauro es la mezcla del Dios y del humano, y es un monstruo”, se dio por vencido Cabanchik. Pero no Aníbal, que insistió: Es una consecuencia del toro blanco de Europa”. “Y, bueno. Es monstruoso el minotauro”, lo cortó Cabanchik para arrancar con su historia sobre el monstruo que había que encerrar en el laberinto, apuntando que “los argentinos parecemos construir un laberinto de cartón, de comedia, en lugar que uno de tragedia. Porque pareciera que es el propio minotauro el que nos hace el laberinto”. Tras una larga exposición, Amado Boudou intervino acotándole: “No pretenderá leer Asterión, ¿no?”. “¿Perdón?”, dijo Cabanchik. “Asterión… ¿No pretenderá leer Asterión en toda esta historia del minotauro…?”, apuntó el vicepresidente demostrando sus conocimientos sobre el tema. “Ah, sí, sí…”, señaló el senador, que hasta entonces no entendía a qué se refería Boudou y había interpretado “Asterior” como “anterior”.

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Laura Montero insistía en esa sesión por lo que ocurriría ante un impensado empate. “Tantas son las dudas que me quedan en este procedimiento que pensaba, cuando lo escuchaba al senador Sanz, si hoy llegamos a un empate en este recinto, ¿quién desempata?”, dijo, a lo que el ocurrente José Mayans reaccionó, muy atento al debate: “¡El Minotauro!”.

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Queda claro que para sumar tantas palabras, el senador Aníbal Fernández tiene que usar su tiempo y el de los demás. Aquí van dos muestras. “Espero recuperar el tiempo. Cada vez que le doy una interrupción al senador Fernández, casi me come todo el tiempo”, se quejó en una sesión Laura Montero, a lo que el aludido le dijo: “Yo se la pago”. “Bueno, me dona el tiempo”, sugirió la radical.
Ante otro pedido de interrupción, Morales le pidió a Beatriz Rojkés de Alperovich: “Presidenta: ¿puede decirle que espere un poquito? Ya le di dos interrupciones. Que me deje hablar; en serio”. El radical jujeño estaba hablando de Juan Manuel Abal Medina, señalando que “realmente, a nosotros nos marcó mucho el tema de la mentira del jefe de Gabinete, porque en verdad uno viene de buena fe. Inclusive, hasta lo tratamos bien; no se puede quejar. Al senador Aníbal Fernández lo tratábamos mejor. (Risas). El senador Fernández se la bancaba”. “Eso es cariño, senador”, apuntó el legislador aludido.

***

“¡Estudien el Reglamento de esta Cámara! ¡No estudian el Reglamento! ¡Los senadores no estudian el Reglamento!”, gritó en una sesión el jefe del bloque kirchnerista, fiel a su estilo cascarrabias.

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Cuando María Eugenia Estenssoro formalizó su ingreso al interbloque del FAP, anunció la decisión en el recinto, lo que fue cuestionado por el secretario Juan Estrada, quien le apuntó que no es habitual que una información de esa naturaleza se dé en el curso de la sesión, a lo que Miguel Pichetto acotó: “Señor presidente: esto es como si yo notificara mi actividad deportiva de la mañana”. “Ya que está, particípenos”, sugirió Boudou, divertido. Mayans no se quedó afuera y apuntó: “Sale a caminar por la mañana. (Risas.) Debería expresarse la alegría del FAP de tener esa integrante”. Pero a la senadora no le causó gracia y apuntó: “Eso fue una falta de respeto”.

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La salud tuvo a maltraer al radical rionegrino Pablo Verani, quien al volver al recinto anunció: “Señor presidente: con la costumbre de la rebeldía contra los médicos, le pido que dé por vencida mi licencia”.

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