Un discurso adecuado a un Parlamento que se vislumbra beligerante

Un Mauricio Macri mucho más moderado que en sus anteriores presentaciones ante el Parlamento no formuló ayer grandes anuncios, sino más bien apreciaciones desprovistas de cualquier posibilidad de cuestionamiento.

Por José Angel Di Mauro

Puede que no haya sido el de este 1° de marzo el discurso que imaginó que daría ante el Congreso luego de haber ganado ampliamente hace poco más de cuatro meses las elecciones de medio término. Está claro que no, si pensamos en el que dio en el CCK días después de aquel triunfo, ese en el que sintió que por fin se había sacado el estigma de ser “el presidente del balotaje”, el de solo dos puntos de diferencia.

Ese discurso en el que anunció aquello del “reformismo permanente”, que parece haber quedado enterrado bajo los cascotes de diciembre pasado.

El que se presentó ayer ante la Asamblea Legislativa es un Mauricio Macri aggiornado a las circunstancias, después de haber pasado otro verano muy complicado para el gobierno, y que entiende -o le han hecho comprender- que después de la pírrica aprobación de la reforma previsional no puede esperar mucho de este Congreso en el que tiene más legisladores propios, pero no los suficientes para impulsar las modificaciones que pretende.

De ahí el discurso que brindó este 1° de marzo en el Congreso, especialmente desprovisto de cualquier carga confrontativa. Muy por el contrario, no tuvo referencias a Hugo Moyano, como alguno habría podido imaginar respecto de quien la semana pasada organizó una gigantesca marcha en su contra. Ni siquiera a Roberto Baradel, como sí hizo el año pasado y le valió una denuncia del líder de Suteba. La única referencia dirigida hacia ese sector fue hasta contemplativa. Habló de la capacidad de “sentarnos a dialogar en una mesa, sin patoterismos ni extorsiones”. Y para graficar que “se puede” puso ejemplos de los convenios logrados en Vaca Muerta, con la lechería, la carne, la construcción, el sector automotriz, el forestal y la biotecnología.

Pero tampoco tuvo ya referencias a la herencia recibida. El tema al que a recomendación de especialistas dedicó buena parte de su primera inauguración del período ordinario, en 2016, y que reiteró en varios tramos del año pasado. Esa falta de alusiones al pasado reciente sirvió para que la sesión transitara por caminos calmados, sin los cruces que se dieron en las dos asambleas anteriores.

Sabe Macri que el clima está espeso sobre todo con la nueva composición de Diputados y prefirió no ahondar diferencias. No hubo chicanas, ni cuestionamientos. Tampoco grandes anuncios, ni anticipos de proyectos que tengan que ver con las reformas que esbozó en el CCK.

No es que no haya mencionado siquiera la palabra “reforma”; lo hizo en cinco ocasiones: dos de manera genérica, tres aludiendo a los códigos Penal y Procesal Penal. Una reforma que no es novedosa, sino que viene trabajando una comisión, y sobre la cual tampoco anunció cuando llegaría a definirse. “Esperamos que nos propongan un Código nuevo en pocos meses”, deslizó.

A la reforma laboral, aquella que quedó en el camino a fines del año pasado, se refirió sin mencionarla, confirmando que el proyecto se dividirá en al menos dos iniciativas. Y se refirió puntualmente a la parte que mayor consenso reunió de ese proyecto al que la CGT había alcanzado a dar el visto bueno el año pasado, antes de que Pablo Moyano saliera a hablar de “la Banelco” y estallara por el aire. Confirmó que presentarán un proyecto de ley de inclusión laboral “para que miles de trabajadores informales puedan registrarse sin perder la antigüedad y los beneficios que les corresponden por sus años de trabajo”.

Agregó la iniciativa de extender la licencia por paternidad, que también estaba en aquel proyecto original, dentro de los artículos más consensuados con los gremios. ¿Quién podría oponerse? Como tampoco podría objetarse el párrafo en el que enfatizó que no puede permitirse más “que una mujer gane menos que un hombre”, y basado en el INDEC sostuvo que esas diferencias llegan hasta el 30%.

Como se esperaba, habló del aborto, el tema disruptivo que atrajo toda la atención los últimos días y en el que ya hay quienes hacen cuentas para imaginar si podrá prosperar en el Congreso. Ratificó su postura “a favor de la vida”, pero se manifestó también “a favor de los debates maduros y responsables”. Apagó así cualquier controversia. Pero también en la previa de ese comentario corrió por izquierda al progresismo que lo objeta, hablando de la necesidad de establecer la educación sexual como una herramienta de empoderamiento de los jóvenes.

Este Macri “tribunero”, que cosechó 27 aplausos, arrancó con un homenaje a los 44 tripulantes del submarino ARA San Juan, “que entregaron su vida cumpliendo su deber”. Fue la primera vez que oficialmente se los dio por muertos, consideración que los familiares vienen resistiéndose a aceptar. Con todo, el Presidente edulcoró el comentario garantizando a los familiares que “seguiremos haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para encontrarlos”.

A la inflación, el tema que despertó el malhumor social este verano de aumentos de tarifas y de precios, la mencionó seis veces. Dos de ellas para afirmar que “está bajando”. Y sobre el déficit y la toma de deuda, una de las críticas más recurrentes que se le hacen al gobierno precisamente en el ámbito parlamentario, garantizó que “vamos a dejar de endeudarnos”.

“Se van a multiplicar las inversiones en un país confiable”, prometió Macri, a quien más tarde el senador Miguel Pichetto retrucó diciendo no compartir “el optimismo del Presidente en cuestiones económicas”. También dijo que “tenemos que evitar los diagnósticos apocalípticos”, en una apreciación que puede englobar a buena parte de la oposición, como el expresidente Eduardo Duhalde -presente en la asamblea-, que esta semana volvió a agitar el fantasma del 2001. Ayer, consultado sobre el discurso presidencial, le endilgó a Macri no saber “lo que es un diálogo”.

Dos veces mencionó la palabra “diálogo” el Presidente. Mas no la incluyó cuando al final del discurso se dirigió a la oposición, pero más específicamente a “los que piensan distinto”, a quienes invitó a que “por un minuto abran su mente y su corazón y piensen que todo lo que les estamos proponiendo, con absoluta buena fe, puede funcionar”.

“Los necesitamos a todos”, agregó cosechando el penúltimo aplauso. Mas no de la oposición, que en el único momento que se plegó a aplaudir de pie fue ante aquella referencia a los héroes del ARA San Juan. El único elemento aglutinador de esta jornada legislativa, a pesar de un discurso destinado especialmente, por una vez, a no ahondar la grieta.

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