Distinguieron a un cura que ayudó a medio millón de pobres en Madagascar

La Legislatura porteña reconoció la labor humanitaria del Padre Pedro Pablo Opeka, a través de la cual logró sacar de la pobreza a miles de pobres. La iniciativa fue impulsada por los oficialistas Eduardo Santamarina y Maximiliano Sahonero.

La Legislatura porteña reconoció la trayectoria del Padre Pedro Pablo Opeka, por la labor humanitaria que realizó con la que logró sacar de la pobreza a más de medio millón de personas en Madagascar. La iniciativa fue impulsada por los legisladores de Vamos Juntos Eduardo Santamarina y Maximiliano Sahonero.

Opeka nació en San Martín, Provincia de Buenos Aires, en 1948 y es sacerdote de la Congregación de San Vicente de Paúl. Estudió Filosofía en Eslovenia y Teología en Francia. A los 27 años se ordenó sacerdote, en la basílica de Luján; pero aún antes de recibir los votos había misionado dos años en Madagascar, donde lo conmovió la pobreza en que vivía la gente. Allí volvió, definitivamente, el 6 de enero de 1976.

Su primera experiencia en Madagascar transcurrió en Vangaindrano, al sureste del país, en donde estuvo 15 años animando la parroquia y allí comenzó a sentir la necesidad de estar junto a la gente.

En 1990 fundó con la ayuda de un grupo de jóvenes, la Asociación Humanitaria Akamasoa -que lengua malgache significa “Los Buenos Amigos”-, para servir a los más necesitados. Con ayuda del exterior y el trabajo de la gente de Madagascar, comenzaron a fundar pequeñas comunidades, escuelas, dispensarios, pequeñas empresas y hasta un hospital.

Actualmente, son cinco poblados donde viven cerca de 3 mil familias, representando una población estable de más de 17 mil personas, de las cuales el 60% son niños menores de 15 años. Unos 9.500 chicos estudian en sus colegios y se da trabajo a unas 3.500 personas en la Asociación (atendiendo escuelas, dispensarios, hospitales, canteras, fábricas de muebles y artesanías).

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