Un “Día Mundial sin Besos”

Por Daniel Bosque. El periodista analiza el impacto de los fuertes anuncios del Gobierno sobre nuevas restricciones ante el avance del virus.

“¿Usted cree que nos van a encerrar de nuevo?”, pregunta la jubilada a la cajera del súper. Es el penúltimo resto diurno. 

El poster son cien flases de la tele anunciando el ventarrón otoñal de aislamientos, enfermos y vacunas que faltan. El zapping es demoledor y mejor me quedo discutiendo en wuasap por hechos policiales: hurtos, robos, estafas millonarias de conocidos malandras públicos, defendidos por vecinos y contribuyentes de bolsillos escuálidos. La fe y el auto engaño mueven montañas. 

Caminé por Buenos Aires y su naturaleza muerta de hoy: “cartoon world, many drugs, poor and crazy humans”. En inglés suena cool. El pinchazo no dolió abuelo, sosténgase la curita. 

La ciudad estaba llena de sus gentes, triste pero febril. Funcionarios, mayoría de jóvenes y que no la caminan, sueñan con vaciarla para salvarnos de una buena vez. Pero pibes, si este ensayo es más viejo que mi abuela: filtrar confinamientos duros para que el alma se tense y cualquier anuncio más light te parezca el paraíso. 

Las redes tienen más info que vos. Para qué estudiaste periodismo. Dicen que, en 2024, y otros que nunca, volveremos a besarnos. En el 13-A Día Mundial del Beso, por aquellos tailandeses del truchazo de 59 horas para el Guiness. Justo a los argentinos que nos estampábamos con toda la especie y sin razón aparente. 

“No quiero que te mueras” dice mi enamorada, en coro telepático con otros millones de amor habientes del planeta. Y antes de apagar la luz, los muchachos del fútbol del sábado discuten entre arriesgarse a un nuevo orgasmo pateando la pelota o #cuidarse de las cepas y otras poyas en vinagre. 

Cierro los ojos y veo otros dos rincones del día. Uno: el muchacho que tira a duras penas del carro reventado de cartone, su pequeña hijita va cual pequeña reina coronando la cosecha, como en la Lima paupérrima de 1990. Y otro: un graffiti tierno de Villa Crespo: “Te quiero mucho vida”. 

Lindo eslogan ese, un beso de mi ciudad en largos días de miedos, distancias y adioses. De mentiras generosas y heraldos negros. 

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