Una hora más de clase: un buen proyecto para que la educación trascienda la política 

Por Facundo Lancioni Kaprow, secretario general del Sindicato de Educadores Argentinos. El autor cseñala que tienen la responsabilidad de acompañar las medidas que busquen mejorar la educación.

El reciente anuncio del ministro de Educación nacional de agregar una hora más de clase a las escuelas primarias de todo el país para alcanzar las 950 horas anuales en las escuelas primarias se convirtió en el anuncio más destacado de la gestión de Alberto Fernández al frente del Poder Ejecutivo. Sin embargo, no obtuvo el tajante y unánime apoyo de los gremios docentes oficialistas, como sí lo tuvieron todas las medidas adoptadas hasta entonces, incluyendo las trabas que se dieron para habilitar el regreso a la presencialidad en la provincia de Buenos Aires, y gran parte del país. 

Es loable que, tras dos años de abogar activamente por las escuelas cerradas, desde la cartera nacional den un guiño hacia un planteo que trasciendo lo político: la importancia y defensa de la educación debe ser un tema que supere la grieta. Para ello, hacen falta políticas educativas urgentes que viren el rumbo que está tomando el sistema educativo, tan debilitado, en nuestro país.  

Este proyecto, que ubicaría a nuestro país como uno de los primeros en la región en materia de horas de clase del nivel primario, carga con la oportunidad de recuperar parte de lo perdido en materia de enseñanza y vinculación socio-pedagógica con las escuelas, pero, también, en avanzar hacia la extensión de la jornada completa a lo largo y ancho de nuestro país. 

Si bien hay jurisdicciones que ya cuentan con medidas de este estilo -la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, ya cuenta con más del 60 por ciento de escuelas de Jornada Completa, y complementa con otras iniciativas para alcanzar dicho número de horas de clase-, la realidad en el resto del país indica una deuda histórica para con la educación, los chicos, y su rol en el sistema educativo. Ante esto, estoy convencido que los niños, niñas y adolescentes deben ser la prioridad absoluta, pues el derecho a la educación es el más fundamental e importante de todos y se debe garantizar y revalidar de forma incuestionable. 

Tenemos la responsabilidad de acompañar las medidas que busquen mejorar la educación, sin distinción de banderas políticas. Como secretario general de SEducA, siempre trabajé por la presencialidad, y las aulas llenas, entendiendo que la educación debe venir primero, y esto incluye que esté por encima de cualquier diferencia partidaria. La prioridad es la educación. 

Es por esto que resulta necesario abrir el debate, cuanto menos. Salir a rechazar algo tan categóricamente a minutos de su anuncio resulta inexplicable, y habla de una carencia de fundamentación importante. Y un tema tan trascendental debe ser tratado con la altura necesaria. Por eso, este proyecto nos encontrará siempre del lado de la defensa de las condiciones laborales docentes, y sus derechos, pero también, del de los chicos a educarse y formarse. Y tengo la certeza que somos la mayoría de los docentes que amamos nuestra profesión y queremos estar en las aulas llenas. Por eso apelamos a la responsabilidad y la coherencia para transformar, de una vez por todas y a gran escala, nuestro sistema educativo. 

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