¿Qué gusto tiene la sal?

Por Daniel Bosque, director de CLUBminero. El autor se refiere a los últimos acontecimientos político sociales en la región.

“-¿Qué gusto tiene la sal? -¡Salado!” (Carlitos Balá, 1925-2022)

Las dos semanas precedentes han sido intensas en varias comarcas del Oeste argentino donde hubo mineros y otros sectores que se pintaron la cara para salirle al cruce a la Ley de Humedales, una legislación que siempre se especuló que cuando saltara al debate traería corridas y chispas. 

Septiembre concluye con partes de guerra y la sensación de “vamos ganando” en mineras, agro, petroleras y otras extractivas que lograron frenar el ímpetu de legisladores bonaerenses identificados con el kirchnerismo y la izquierda. Dos socios que vienen calentando el ambiente social y sindical, al cabo del crudo invierno que se llevó puestos a dos ministros de Economía y otros tantos de Producción, hasta que llegó el Comandante Massa y mandó a parar, como diría Nicolás Guillén.

“No pasarán” y habrá litio para todos todas dicen por bajo las empresas, con el guiño del ministerio de Economía, con la reserva obligada de la independencia de poderes qué supimos conseguir. No es sencilla el álgebra política. Por detrás del confort de haber parado el envión con un movimiento de pinzas, con fuertes declaraciones y hasta marchas en defensa del desarrollo federal, subyace la inquietud de cuál puede ser en el largo plazo, en términos de prestigio de la marca Minería en las grandes ciudades donde hay más electorado y simpatizantes de toda agenda verde que se precie de tal.

Humedales es como el permafrost de Glaciares de hace una década, aquel tiempo en que la política y la prensa miraba para otro lado o castigaba a lo minero, mientras se perdían habilitaciones para la minería metalífera y moderna en siete provincias. Y desde la misma secretaría de Minería se decía que Argentina era como Canadá, con territorios extractivos y otros anti minería y petróleo.

En el FODA minero de Humedales vale apuntar que, como nunca antes,  la minería forma parte de todos los discursos del poder en Argentina, un texto alentado fundamentalmente por el impresionante rally del litio y la bendita electromovilidad. Hacen falta en el mundo 337 minas, de litio, cobre, cobalto, níquel, grafeno, hierro y sigue la lista, para sostener el devenir de la industria y los objetivos de transición energética. El mundo va detrás, por el shock económico y financiero de la guerra. Faltan fondos, stocks, certidumbres. 

En el pasivo sectorial están los condimentos políticos e ideológicos, la tormenta perfecta que se armó tras el humo de Rosario y el Delta bonaerense, un escenario que polariza opiniones y mete a las salmueras del NOA en nuevos  debates que exigirán otras respuestas, donde seguramente la anti minería buscará adhesiones urbanas a las consignas verdes como en las leyes de Glaciares hace una década.

Es la batalla que se viene: el cuestionamiento a la minería en los salares de litio y a otros yacimientos que no llega desde su paisaje sino desde el lejano Noreste subtropical y húmedo, hoy asolado por la sequía y la piromanía pésimamente gestionadas por el ministerio de Ambiente. Una instancia en la que los burócratas que nada hacen bien y no tienen planes contra el fuego necesitan un chivo expiatorio, es la denuncia la queja amarga de mineros, productores agrícolas, petroleros e industriales.

La realidad argentina transcurre en varios planos que orbitan sin mirarse a los ojos. En la misma semana en qué la Argentina dejó de producir neumáticos, cierra un mes de asombrosa liquidación de la soja exportada, hubo filminas en Houston en las que Vaca Muerta se ha mostrado con tanto empuje de la media docena de petroleras líderes como con los límites del día a día. Mientras en Neuquén se fracturaron 456 pozos este año,  EEUU fracturó 23.503 y  hubo 4.220 en Canadá.

En la Cuenca Neuquina y otras también hay humedales, pero allí está corriendo a todo vapor el tren del petróleo y el gas, cuya tardía y urgente resolución de infraestructuras impide el switch de la migraña a la panacea. El gasoducto Kirchner y un emporio de licuefacción exportadora para sumarnos a la ola mundial tienen como rivales no sólo a la volatilidad de los mercados sino  sobre todo a las magnitudes económicas y sociales marcadas por la inflación y la pobreza.

En clave minera, el horizonte de 300.000 ton/año de litios varios promete triplicar las exportaciones que hace años no pueden superar los US$ 4.000 MM al año. Siempre que se sostengan estos precios que por ahora no parecen caerse. Aunque los crujidos recientes en la locomotora de China, el gran detentador de los minerales estratégicos del mundo ya hicieron lo suyo.

En el cobre, Argentina tiene un portafolio espectacular de proyectos con Taca TacaJosemaríaMara, Los Azules, Pachón, Altar y otros, pero en el fondeo hoy difícil está también su penitencia.

Para el marketing país, como se vio recién en China y antes en Canadá, son una saludable novedad las estadísticas oficiales fiables, una construcción que arrancó con Daniel Jerez con JxC y hoy tiene como usina la Dirección de Transparencia que dirige Gonzalo Fernández y que opera en los números el CEP XXI de Daniel Steinhardt. Tal vez por otros pulsos que hay por detrás y que no son menores, el sector privado no suele hace suyas estas magnitudes devenidas de Aduana, AFIP, Trabajo, INDEC, Minería, Industria y otras dependencias.

En los últimos dos meses, tal vez producto de la necesidad de dar señales al interior y exterior del gobierno, la autoridad minera está difundiendo cifras diversas – a razón de dos veces por semana – tal vez se pierda impacto con tal frecuencia.

En Perú, que esta semana tuvo su primera Convención Minera después del virus, suele haber una información mensual y con diferentes miradas, desde MINEM y la central minero petrolera SNMPE. En la feria de Arequipa lo que más escuchado esta semana fue la palabra “Consenso”, como apelación a Pedro Castillo y a los gobiernos regionales a garantizar con armonías sendas de desarrollo. 

Consenso es el latiguillo que está sonando entre vientos de guerra. Y que se escuchará cada vez más  en la coyuntura argentina de sindicatos complicados, piqueteros incontrolados y mapuches pirómanos. Aquí no son tiempos fáciles porque un Estado bastante presente a la hora de recaudar, regular y punir y convive con otro ineficaz para ejercer su poder de policía, lo cual disminuye la libido de los inversores, según repetirán en el próximo Coloquio de IDEA.

Mientras esto ocurre, se abre paso la doctrina del vis a vis entre lo público y lo privado. En minería se impone el “caso por caso”, la agenda oficial – a pesar de los titulares en los diarios – descarta la opción de un dólar diferencial. Así, seguirá en las próximas semanas el besamanos de funcionarios y grandes exportadores para el “que me das, que te doy”. Es la lógica del Massa Dream Team: Ir proponiendo soluciones, sabiendo que pueden ser transitorias o insuficientes, e invitar a soñar. 

La guerra europea está a full. Los atentados a los Nordstream y la anexión de regiones de Ucrania Rusia marcan otro timing aunque el barullo nos parezca lejos, enfrascados como estamos en nuestra locura. Argentina se propone en este lustro, una vez más, como la gran frontera de oportunidades del planeta. Con sus envidiables recursos naturales cuya explotación podría estallar. Pero hay otros estallidos, el político, el de la puja por la renta y el desmadre social y cultural, todo eso conforma la coreografía heavy. Además del debate por el futuro ecológico, una polémica que no deberían despreciar ni rehuir las actividades  económicas.

Humedales es otro test de hacia dónde va la nave nacional. Ya se sabe que en el gobierno y en sus bases electorales hay muchos que abominan a las “malditas extractivas” y otros sueñan con YPF Litio y otras yerbas. “Nada que no hayamos visto antes” decía en el evento minero de Clarín un veterano petrolero que ahora le pone fichas al litio. En el break le preguntaba a su teléfono por el dólar CCL, alguien le dijo que estuviera atento. Por si las moscas.

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