Una gira europea para confirmar apoyos que ya teníamos

La consigna oficial expresada al retorno del Presidente de su viaje a Europa fue la de que se habían cumplido los objetivos trazados. En líneas generales así fue, aunque lo que Alberto F. escuchó fue lo que ya sabía de antemano. Depende ahora de la paciencia del FMI para acceder a nuestros planteos.

El presidente visitó cuatro países en cinco días. (Foto: Presidencia de la Nación)

Por José Angel Di Mauro

Por obra del coronavirus, las giras presidenciales se han reducido al máximo. Con un mundo jaqueado por la pandemia, los países se han encerrado en sí mismos y eso han hecho y hacen sus gobernantes, que son los que han decidido el encierro de sus poblaciones por períodos más o menos extensos.

En general, los gobernantes se mantienen en sus países hasta tanto pase esta emergencia y los contactos entre sí se realizan de manera virtual. Una modalidad que sin dudas llegó para quedarse, y que nuestro presidente ha cumplido como todos. Pasa lo mismo con las cumbres. Hay excepciones: por celebrarse los 30 años del Mercosur, la reunión de presidentes de ese organismo iba a celebrarse en nuestro país de manera presencial, pero al final y por decisión del gobierno argentino pasó a ser virtual. Probablemente para evitar un encuentro con Bolsonaro, que ya había confirmado su asistencia. Sin nombrar a su par argentino, Luis Lacalle Pou se quejó de la suspensión de la reunión presencial.

En ese contexto Alberto Fernández, que justamente acaba de endurecer la circulación ciudadana por el avance de la segunda ola de Covid, pudo darse el gusto de retomar la agenda internacional de manera presencial, con un viaje a Europa en el que visitó cuatro países en cinco días. La escala final en Moscú no pudo ser, pues el encuentro con Putin no alcanzó a cerrarse y Alberto F. se volvió  el viernes.

Desde el Gobierno se esforzaron por resaltar que se habían cumplido las expectativas del viaje y se ilusionan con poder anunciar en los próximos días un acuerdo que evite el default con el Club de París. Eso debe definirse en breve, pues a fin de mes vence un pago de 2.400 millones, acordado en 2014 por el entonces ministro Axel Kicillof.

El presidente visitó cuatro países en cinco días. (Foto: Presidencia de la Nación)

El presidente Fernández consiguió los previsibles apoyos de los líderes con los que se reunió. Pero en rigor, las palabras que escuchó fueron las de siempre: que debe arreglar con el FMI. El objetivo oficial ha sido siempre lograr una dispensa del Fondo, aunque a esta altura pareciera quedar claro que lo que el Gobierno busca no es un acuerdo, sino patear ese entendimiento para después de las elecciones, tal la idea del sector que prevalece en el Frente de Todos. La pregunta es si tras los comicios existirá disposición en el kirchnerismo para acordar con el FMI.

“El tema es que después de las elecciones, ¿sabés qué es lo que viene en la Argentina? Otra elección”, advierte en ese sentido el economista Juan Carlos De Pablo.

Alberto Fernández viajó a Europa a confirmar apoyos que ya tenía y a escuchar palabras que ya le habían dicho a él y a Martín Guzmán. Ni hablar de gestionar inversiones. La apretada agenda presidencial solo incluyó un desayuno con ocho empresarios y banqueros franceses que ya invierten en el país.

Los imprevistos que nunca faltan sobresalieron durante esta gira, como cuando el presidente debió salir a explicar el posicionamiento argentino frente a la crisis de Medio Oriente, luego de que Cancillería condenara al Estado de Israel, mas no al grupo Hamas. Fue un día después de que Santiago Cafiero y Carla Vizzotti se reunieran con la embajadora de ese país para explorar las posibilidades de fabricar la vacuna israelí en la Argentina.

En el mundo de la diplomacia no encontraban esta semana justificativos para semejante comunicado. En un tema tan complicado se estila instar a las partes a encontrar una solución por la vía pacífica y no mucho más, tratándose de un conflicto ajeno y lejano. Mariano Caucino, el anterior embajador argentino en Israel, consideró “un error” el comunicado y no descartó que Felipe Solá hubiese conocido el texto cuando ya había sido emitido, lo cual de todos modos -aclaró- no dejaría de ser grave. Aunque al final sugirió que “cuando los errores son siempre para el mismo lado, uno ya piensa que es algo ideológico”.

Las tarifas diferenciales alcanzarían a tres millones de personas, ampliando el beneficio que actualmente rige para la región patagónica, y si bien el proyecto corresponde a varios diputados -incluso de la oposición-, es auspiciado por Máximo Kirchner.

Ahí es donde se recuerda la renuencia del Gobierno a condenar la situación en Venezuela, mientras Alberto Fernández no duda en expresar desde su cuenta de Twitter su preocupación por la crisis en Colombia e insta al gobierno de Iván Duque a que “cese la singular violencia institucional que se ha ejercido”, desatando la airada réplica del gobierno colombiano por lo que consideró “una intromisión arbitraria”.

El presidente buscó en su gira europea aire para sí mismo y su ministro de Economía, tomando distancia de la fuerte interna que tuvo su pico con el despido de Federico Basualdo, subsecretario de Energía, que resistió en el cargo bancado por el kirchnerismo en general y La Cámpora en particular. Pero ese deseo de empoderarlo se dio de bruces en el Congreso, con dos episodios registrados el mismo día.

El senador Parrilli defendió el proyecto dirigido a Guzmán y al FMI.

En el Senado, el kirchnerismo dio media sanción al proyecto que insta al ministro de Economía a no utilizar los aproximadamente 435 millones de dólares extras que nos hará el FMI para pagar deuda, cosa que es precisamente lo que Martín Guzmán tenía en mente. Impulsor de la iniciativa, el senador Oscar Parrilli se atajó en su intervención advirtiendo que los medios y la oposición dirían que ese era “un ataque al ministro de Economía, una interna”, y que “lo mismo decían cuando el bloque de senadores del Frente de Todos hizo una nota al FMI donde le hacíamos saber de todas las irregularidades del crédito” que le dieron a Mauricio Macri. Por el contrario Parrilli afirmó que lo que ellos estaban haciendo era “precisamente apoyando a nuestro gobierno, colaborando con nuestro gobierno, y obviamente con el señor ministro de Economía, para lograr la mejor negociación”.

Desde la oposición, el radical Julio Martínez dijo sin medias tintas que la única razón que había en esa movida era “marcarle la cancha al ministro de Economía”. A su turno, Martín Lousteau preguntó a sus pares del oficialismo por qué no llamaban por teléfono a Guzmán para decirle si podían discutir “qué vamos a hacer con este maná que nos cayó del cielo”.

A esa misma hora, en la otra Cámara el oficialismo presentaba un proyecto que propone subsidiar el gas a toda la provincia de Mendoza, parte de San Luis y San Juan y 54 municipios bonaerenses, que se sumarían a los que ya existen para la Patagonia. Las tarifas diferenciales alcanzarían a tres millones de personas, ampliando el beneficio que actualmente rige para la región patagónica, y si bien el proyecto corresponde a varios diputados -incluso de la oposición-, es auspiciado por Máximo Kirchner, quien presentó el mismo como “un cambio de paradigma en relación a lo que se hizo en 4 años del gobierno de Juntos por el Cambio con las tarifas”.

Un día antes, el PJ bonaerense que el hijo de los Kirchner se encamina a presidir había emitido un duro comunicado advirtiendo que “la Argentina de los tarifazos quedó atrás”. En el mismo le hablan al ministro Guzmán, sin nombrarlo, al señalar que “ordenar las cuentas fiscales, sin descuidar a los sectores vulnerables, es decir, sin ajustar a mansalva como alienta la ortodoxia neoliberal, nos lleva a recorrer un camino inversamente proporcional al que seguía la anterior administración”.

Por más millas y aire que pueda haber acumulado, no podría decirse entonces que fue una buena semana para Guzmán, que además verificó el jueves que su pauta inflacionaria del 29% es una utopía. El 4,1% de abril confirma que en los primeros 4 meses del año se consumió más del 60% de la meta de inflación establecida en el Presupuesto 2021. Con eso, en los últimos 12 meses el costo de vida asciende al 46,3%, aun con dólar planchado y tarifas contenidas.

José Luis Ramón se reunió en la semana con el ministro de Justicia.

El proyecto promovido por Máximo Kirchner toma propuestas del mendocino José Luis Ramón, jefe de un interbloque de 6 diputados que suelen ser funcionales al oficialismo, aunque se habían plantado en los temas judiciales frenados en la Cámara baja. Este acuerdo con el proyecto sobre tarifas fue precedido por una reunión de Ramón con el ministro de Justicia Martín Soria, el día anterior. Ya en la visita del funcionario a la comisión de Diputados, Ramón había mostrado disposición para destrabar su voto si se le ofrecía flexibilidad, y eso encontró ese encuentro, con lo que el oficialismo habría quedado a tiro de aprobar la reforma del Ministerio Público y desplazar con eso al procurador Eduardo Casal, cuya cabeza es reclamada desde hace tiempo desde el Instituto Patria.

En Juntos por el Cambio temen que el Frente de Todos tenga los votos para aprobar la media sanción hasta ahora cajoneada y por eso quieren iniciar una campaña intensiva para movilizar a la población. Junto a Máximo Kirchner estuvo el jueves Sergio Massa, encargado de conseguir los votos para destrabar los proyectos judiciales provenientes del Senado y aprobar las facultades especiales para Alberto Fernández. En algunos casos están más cerca que en otros. Los próximos días serán decisivos.  

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