Estar a la altura de los argentinos que quieren un cambio

Por María Eugenia Vidal. La diputada nacional y exgobernadora bonaerense hizo un balance del año y analizó cinco ítems que “los argentinos están expresando y que tienen que ser nuestro norte para lo que viene”.

El año terminó, por primera vez en mucho tiempo, con una alegría en el corazón de los argentinos. Además, terminó con algo mucho más importante: con esperanza. La Selección despertó algo que estaba dormido: la idea de que, con los valores correctos, con esfuerzo, talento y compañerismo, se puede superar cualquier obstáculo y lograr un objetivo que parece inalcanzable.

Es por eso que la Selección también me hizo terminar de confirmar algo que vengo pensando: muchas veces los políticos no estamos a la altura de las circunstancias. Y acá no estoy hablando del kirchnerismo, que ha demostrado que quiere jugar afuera del sistema. Hablo de nosotros. Supe ser parte de un equipo al que todos menospreciaban (“no saben nada de política”, “son todos chetos”, “creen que van a ganar con globos”) y que desde el 2007 demostró que se podían hacer las cosas distintas en Argentina. En el 2015 logramos lo que nadie pensaba posible: fuimos parte de una coalición que pudo ganar la Nación, la Provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires, Jujuy, Mendoza, Corrientes y una infinidad de intendencias en todo el país. Tenemos que volver a tener esa potencia, ese liderazgo, esa capacidad de representar los intereses de los argentinos de todo el país.

Personalmente, gestionar la Provincia de Buenos Aires fue el desafío más importante de mi vida. Era la primera vez en casi 30 años que otro partido político gobernaba la provincia, fue la primera vez que una mujer se tuvo que enfrentar al entramado político de los “Barones del Conurbano”, la primera vez que alguien le quiso poner un freno firme al narcotráfico. Y creo que hicimos muchas cosas buenas y muchas que hoy haría de forma diferente.

Pero también es cierto que haber perdido la elección del 2019 me generó una profunda herida. No por la pérdida del poder. Sino porque realmente sentí que dejé todo lo que tenía en la cancha y no alcanzó. Que no había una mejor versión de mí que la que intenté dar en esos 4 años de gestión: fui disciplinada, trabajé sin descanso, intenté escuchar a todo el mundo, aprender, tomar decisiones que beneficiaran el largo plazo, enfrentar a corporaciones. Y cuando terminó la gestión, la sensación de que todo eso no había alcanzado, me hizo un profundo daño. Principalmente porque sentí que había desilusionado a todos aquellos que habían creído en mí.

Estar en política es estar dispuesto a que te digan de todo. Incompetente, Heidi, Leona, hiena, inexperta, que quería traicionar a Mauricio, que estaba sometida a los deseos de Mauricio, que gané por ser mujer y que yo era una mujer que no representaba los valores del feminismo. Me han dicho hasta “falopera”. Imagínate. Algunos creen que lo que más me afectó fue que llenaran las redes sociales diciéndome que estaba “gorda”. Pero lo que me afectó realmente en estos años fue que en este último tiempo me dijeran que estoy “desangelada”. Que perdí mi fuerza. Eso que me hacía distinta a los demás. Y me afectó porque por un tiempo un poco de razón tuvieron. Me sentía sin foco, sin esa claridad de estar convencida de cuál era el camino correcto hacia adelante.

Y eso fue porque, como a cualquier persona que transita el poder público, en algún momento nos sucede confundir de dónde viene nuestra fuerza. A veces uno cree que esa fuerza viene de uno mismo: de su capacidad de liderazgo, de organizar equipos, de definir políticas públicas adecuadas, de generar consensos para llevarlas adelante. Todo eso es real. Pero la verdadera fuerza viene de estar en sintonía con la sociedad. De sentir que uno es un vehículo de los deseos, esperanzas y necesidades de los argentinos. Que uno es un catalizador más que un creador. Y que son los argentinos los que marcan el camino, y las formas. A lo sumo uno le aporta su personalidad, su tono, su esfuerzo. Pero me di cuenta de que durante mucho tiempo busqué en mí una fuerza que no me pertenece. Que es solo el reflejo de la fuerza de los argentinos.

Es por eso que creo que, a pesar de que falta todavía para las elecciones, en Juntos por el Cambio y en el PRO podemos estar cometiendo un error. Estamos demasiado pronto debatiendo quiénes serán los candidatos. Cuando en realidad deberíamos preguntarnos ¿Qué esperan los argentinos? ¿Cómo podemos ayudarlos a conseguir su máximo potencial? Porque esa es la energía que cualquiera que gane va a tener a su favor para gobernar un país con demasiados problemas y necesidades de transformación difíciles.

Con enfrentamientos en público, definiendo al otro por su peor atributo por una cuestión táctica, lo único que se logra es alejarnos de la gente, alejándonos de esa energía que realmente va a permitir transformar la realidad. Y estamos dañando algo muy valioso, porque es la primera vez en décadas que Argentina tiene una coalición competitiva con los valores de la democracia, la república y la voluntad de romper el status quo como un norte que compartimos. Yo creo que JxC va a ganar en 2023 y que el desafío es trabajar para que ese momento nos encuentre en su mejor versión, independientemente de quién sea el candidato.

Por eso me permito aportar 5 ideas que creo que hoy los argentinos están expresando y que tienen que ser nuestro norte para lo que viene:

La sociedad argentina es mejor que sus circunstancias

Estamos envueltos en una trampa: los argentinos o somos los mejores o somos los peores. Veo a mucha gente que dice “país inviable” como lema, mientras que otros niegan todos los problemas y dicen que “somos el mejor país del mundo” con más de 17 millones de argentinos pobres. Ninguna de las dos cosas es correcta. Pero sí hay algo que es claro: los argentinos están en un nivel superior que sus dirigentes. Cuando en la pandemia el gobierno nacional decidió cerrar la circulación excesivamente los argentinos decidieron salir a trabajar igual; cuando se cerraron las escuelas, las madres y padres salieron a defender el derecho de sus hijos. Hoy los argentinos casi no esperan nada de sus dirigentes. Se han organizado alrededor de la idea de que pueden esperar poco y nada del Estado. Imaginemos a esos argentinos con mejor educación, con mejor salud, con regulaciones que favorezcan el empleo y la producción. Hoy la Argentina está por debajo de sus capacidades y los políticos somos en gran medida responsables de eso.

Hay que desbloquear la fuerza del trabajo en la Argentina

Hoy trabajar y crear trabajo está penalizado. La mayoría de los empleadores prefiere achicarse o quedarse donde está hoy porque la incertidumbre de crear nuevo trabajo es infinita: los juicios laborales injustos, el costo impositivo de crear trabajo en blanco, la competencia desleal con quienes no lo hacen, las reglas de juego que cambian permanentemente. Hemos llegado al insólito caso de que aumentar el sueldo a tus empleados puede generar que vos pagues más y ellos ganen menos. Los incentivos están completamente rotos. Pero también tenemos el problema desde el otro lado: hay argentinos que quieren conseguir un mejor empleo que el que tienen hoy. Porque sueñan con algo mejor, porque tienen un empleo precario, porque quieren superarse. Y no consiguen mejores empleos porque la creación de empresas y la economía en general está estancada desde hace una década. Lograr que cada emprendedor que quiere crear un nuevo empleo se conecte con aquellos argentinos que quieren trabajar con la menor cantidad de obstáculos posibles es estructural para cambiar esta dinámica.

El narcotráfico no es una anécdota, es el síntoma de nuestra decadencia

El otro día alguien de mi equipo me hizo notar que, en el contexto creciente de violencia y muerte en Rosario, no hay ni un solo tuit del presidente que mencione al “narcotráfico”. Para un político que habla de absolutamente todos los temas, es llamativo. Pero en realidad no lo es. Porque es un tema tan grande, tan complejo y tan arraigado que hay dos opciones: o lo negas, o lo enfrentas a fondo. JxC está convencido de que el narcotráfico no tiene lugar en la Argentina. Pero necesitamos que ese pacto sea más grande. Necesitamos que dirigentes sociales, políticos, empresarios, academia, periodistas y sociedad civil entiendan dónde está la Argentina hoy con este tema y que sea un compromiso transversal erradicar este problema. El narcotráfico es la organización criminal que, con mucho dinero, penetra en nuestros barrios, corrompe a todos los sectores, asesina a cielo abierto y se cree impune. Si no ponemos esto entre nuestros objetivos primordiales, estamos condenando a las próximas generaciones a la violencia y la inseguridad.

El consenso macroeconómico es el cimiento de lo que viene

La responsabilidad extra que tenemos los políticos frente a los argentinos radica en que hace décadas que estamos cíclicamente en distintas crisis económicas. Y eso, fundamentalmente tiene que ver con que el Estado y sus gobernantes han sido irresponsables en la conformación del gasto público, gastando más de lo que ingresa, endeudándose por encima de su capacidad o generando inflación. A la mayoría de las familias hoy les cuesta llegar a fin de mes, mientras que el Estado se excede en sus gastos sin medir las consecuencias. No es una tarea sencilla equilibrar las cuentas públicas. Pero es una tarea que los políticos tenemos que comprender que está en la raíz de la mayoría de nuestros problemas. La mayoría de los países de América Latina han logrado que sin importar de qué orientación política sean los partidos gobernantes, la economía cumpla una serie de reglas de prudencia y visión de largo plazo. Si no lo hacemos, estaremos condenando a los argentinos al fracaso de antemano.

Los sectores productivos de Argentina están a la altura de los desafíos que se vienen y son el motor del cambio que necesitamos

Este año viajé a Jujuy para ver la reserva de litio más grande del planeta, en un mundo que demanda cada vez más baterías. Estuve en Neuquén para conocer la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta reserva de petróleo no convencional más grande del mundo. En San Juan, para ver una de las zonas con mejor rendimiento de la energía solar del mundo, y en Chubut, con su energía eólica. En Santa Fe me agarré la cabeza cuando me enteré que Nueva Zelanda, con el 10% de nuestras cabezas de ganado, exporta 20.000 millones de dólares al año en lácteos y nosotros solo 1.300 millones. Y en Río Negro, cuando me contaron que Chile exporta 6.700 millones de dólares en frutas y nosotros solo 700. Y podría seguir con más ejemplos. Todos estos ejemplos muestran que nuestro sector privado tiene un pie en la cabeza que le impide crecer: impuestos no solo altos, sino distorsivos; regulaciones que cambian todo el tiempo; dependen de funcionarios que toman decisiones discrecionales; se tienen que enfrentar a la corrupción en organismos del Estado. Si a los empresarios y trabajadores argentinos les nivelamos la cancha, pueden ganar cualquier partido que se les proponga. Sin dudas.

El otro día alguien me dijo: “yo confiaba en vos, pero en un momento te fuiste y nos dejaste solos ¿por qué debería confiar en vos ahora?”. Es probablemente lo más duro que escuché en mi vida política. Pero es algo que tengo que responder de frente. Ser político es una tarea que demanda la vida entera. Una relega afectos, sueños, salud. En un momento de mi vida me pregunté si quería seguir ese camino. Si realmente valía la pena. Y a pesar de los miedos o las dudas todos los días una voz en el fondo de mi cabeza dice “Sí, vale la pena”.

Estoy más convencida que nunca de que los argentinos merecemos una vida mejor. Y quiero ser protagonista de ese cambio. Hoy elijo más que nunca estar acá. Voy a estar hoy, en el 2023, en el 2024, en el 2027 y hasta que los argentinos sigan sintiendo que tengo algo que aportar.

Así como en el Mundial sentimos que cada uno con su cábala, con su promesa, con su energía, aportaba algo mágico a que las cosas salieran bien en una cancha a miles de kilómetros, la política tiene algo de eso también. Hay que creer que lo que viene puede estar mejor y que lo que uno hace todos los días contribuye en esa dirección. Hay que creer que, con una sociedad activa, donde todos nos involucramos desde cada lugar y con los valores correctos, podemos cambiar el rumbo de lo que viene.

Les deseo un feliz año nuevo y que el 2023 nos encuentre juntos por el cambio.

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