El Gobierno se mira en el espejo de la historia deseando un 2011

La celebración del Día de la Democracia buscó recrear el espíritu de 2010, aunque las situaciones son bien distintas, igual que los resultados. El acuerdo con el Fondo condiciona todo y el mensaje de Cristina -el poder real- resulta contradictorio.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández durante el acto del viernes. (Foto Presidencia de la Nación)

Por José Angel Di Mauro

El Gobierno quiere que 2021 sea 2009. ¿Por qué razón desearía un oficialista remontarse a la que fue la primera de la sucesión de derrotas de elecciones intermedias del kirchnerismo? Porque después de 2009 llegó el 54% de Cristina Kirchner en 2011, así de sencillo.

No habría que esforzarse demasiado para sugerir que hay ciertas diferencias no menores entre ese tiempo y la actualidad, pero sobre todo teníamos entonces una economía mucho menos complicada que, además, mejoró de manera tal de provocar una sensación de bienestar en la sociedad que la llevó a revertir la elección.

En la Casa Rosada se ilusionan con que ese bienestar puede llegar, de alguna manera. Toman como inicio el crecimiento de la economía, estimado en 10 puntos. De confirmarse ese dato, la economía estaría recuperando todo lo que cayó durante 2020 como consecuencia de la pandemia/cuarentena. El problema es que para muchos ese “crecimiento” es en realidad rebote, y como tal no hay chances de que se prolongue el próximo año.

Sobre todo si se tienen en cuenta las estrecheces generadas por un contexto financiero que ha obligado a las autoridades económicas a poner cepo sobre cepo. Sin inversiones, con un riesgo país por las nubes y sobre todo sin reservas líquidas, no hay chances de recrear el veranito de hace una década.

A menos que, insisten en Balcarce 50, el acuerdo con el Fondo Monetario brinde la tranquilidad necesaria a los mercados y alcance para revertir la crisis. Ya tiene claro el presidente que ese entendimiento no estará para antes de las fiestas, como había augurado el voluntarioso ministro de Economía. Con suerte, sería promediando enero. Algunos ahora se preguntan si después del acto del viernes el acuerdo llegará.

Quienes sueñan con replicar la remontada post 2009, citan con nostalgia los festejos del Bicentenario, que cambiaron el clima de la sociedad de tal manera que alcanzaron para tapar las críticas mediáticas, sostienen. He ahí la génesis del acto multitudinario del viernes: el objetivo de cambiar el clima de derrota y depresión. Aquí también hay diferencias notorias, comenzando por reconocer que esa celebración del Bicentenario no fue sectaria, participó buena parte de la sociedad y entonces la grieta no era tan pronunciada. Este 10 de diciembre el acto estuvo monopolizado por La Cámpora y sirvió tan solo para azuzar a los convencidos. Difícilmente atraiga algún voto nuevo si se quiere hacer de 2023 un 2011.

Cerca del presidente insisten en que no es un dato menor “recuperar la calle”. Con ese criterio hay que sumar entonces a lo del viernes el acto del 17 de noviembre, cuando la insólita celebración de una derrota sin atenuantes. Aquella movilización mostró al presidente ya no rodeado por el kirchnerismo. Los sectores que lo organizaron se ilusionaron ese día porque estuviera naciendo, sino el albertismo, un mandatario más independiente y central. Esta Plaza mostró exactamente lo contrario.

Debió preverlo Alberto Fernández cuando el sábado anterior Máximo Kirchner llamó a “reventar en serio la Plaza”. Como el presidente del bloque oficialista de la Cámara baja no dice nada sin doble sentido, queda claro que estaba comparando con la Plaza del 17/11, cuando la columna de La Cámpora en la que él avanzaba llegó deliberadamente tarde, mientras el discurso presidencial concluía.

Máximo Kirchner había llamado a “reventar la Plaza”.

Ya no quedaron dudas cuando la propia Cristina Kirchner decidió también convocar desde las redes. Le quedó claro al presidente y a su entorno que la figura central de este 10 de diciembre no sería Alberto. Lo graficó una vendedora de merchandising el viernes en la Plaza: inocultablemente cristinista, definió al presidente ante un movilero como “telonero de Cristina”.

Lo que no esperaban en Gobierno es que la vicepresidenta condicionara la negociación con el Fondo precisamente en este momento. En su ya esbozado objetivo de arrastrar a la oposición a esta negociación, Cristina Kirchner señaló desde el escenario que todos los partidos con representación parlamentaria deben ser convocados “para que todos unidos como argentinos de bien, todos los partidos le digan al Fondo que no se va a aprobar ningún plan que no sea el que permita esta recuperación económica”.

Fue justo el día en que trascendió que una negociación con Arabia y Rusia para que nos prestaran 7.000 millones de dólares fracasó por la desconfianza de ambas naciones a que vayamos a devolverles la plata. Lo cual complica más nuestras necesidades de financiamiento: Cristina sugirió en su discurso que sea el Fondo el que nos ayude. “No faltan dólares -le aclaró a su compañero de fórmula-, sino que se los llevaron afuera, a paraísos fiscales, por miles de millones. Comprométase a que cada dólar de los que se la llevaron sin pagar impuestos, vuelva. Que sea un punto de negociación”.

Con todo, tampoco es que CFK vaya a patear el tablero: muchos interpretan que es una toma de distancia táctica para proteger “su legado”, sin intención de escorar un acuerdo que, pragmática al fin, reconoce indispensable.

De esos temas le preguntará la oposición al ministro Martín Guzmán cuando se presente finalmente en el Congreso. Nunca pasó, que se tenga memoria, que un ministro de Economía haya demorado tanto tiempo en defender el Presupuesto. Lo hará este lunes a partir de las 13 y el objetivo oficial es llevar el dictamen el jueves al recinto, para darle media sanción. Pasada la Navidad y antes de Fin de Año será ley. La oposición ya adelantó en campaña que no obstruirá su aprobación, aunque obviamente cuestiona semejante tratamiento exprés. Con todo, le queda el recuerdo de su experiencia de gobierno y entiende urgencias.

Martín Guzmán, muy esperado por los diputados. (Foto: HCDN)

Pero más que del Presupuesto le preguntarán al ministro sobre la negociación con el Fondo y el famoso programa plurianual que el presidente dijo que mandaría al Congreso la primera semana de diciembre y todavía esperan. Ese tema y el eventual arreglo con el FMI deberán pasar por el Parlamento. Ahí si bien entiende que debe avalar lo que vaya a arreglarse por una deuda que tomó su gobierno, la oposición tiene sus reparos. Así como en materia de quórum dicen que siempre debe conseguirlo el oficialismo, respecto del acuerdo con el Fondo advierten que primero deben ponerse de acuerdo en el Frente de Todos.

Más después de escuchar a Máximo Kirchner expresar el viernes desde la Plaza que “el día que esté escrita cuál es la propuesta del FMI para la Argentina, veremos”.

Hay además una diferencia sustancial respecto de 2011 y ese 54% que obtuvo Cristina Kirchner: la oposición, entonces muy dividida. En esa elección fueron candidatos presidenciales Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde, Hermes Binner y Elisa Carrió. Hoy Juntos por el Cambio -lo mismo que el Frente de Todos- tiene muy claro que no puede dividirse; la sociedad no se lo perdonaría.

Así y todo el dato saliente de la última semana fue el fuerte internismo que terminó fracturando al bloque radical de Diputados. En su discurso del viernes, CFK trató de sacar tajada de la pelea radical, al decir que “la verdad que deberían despabilarse un poco los del partido centenario, porque los dos presidentes radicales que tuvieron se los tumbó el Fondo Monetario Internacional. ¡Despabílense, muchachos!”.

Le contestó Mario Negri: “¿Del rol peronismo no va a decir nada? Si hay algo que sabe hacer el PJ es empujar al abismo cuando gobierna otro partido”.

La presidenta del Senado mandó un mensaje subliminal a los radicales.

En este contexto caldeado, una brisa de aire puro la puso el senador Esteban Bullrich un día antes del acto kirchnerista, al hablar a través de un software -pues de manera natural ya no logra hacerse entender por el avance del mal que lo aqueja- ante un recinto que lo escuchaba conmovido. En lo que podría definirse como el momento más emotivo que se recuerde en el Senado, el senador del PRO dio una verdadera lección de sentido común, con un llamado a encontrar entendimientos para salir de la crisis. Más allá del gesto infrecuente de renunciar: “Nada de lo que soy me indica que este es el camino que quiero seguir, pero creo firmemente en la idea de que el interés público siempre debe estar por encima de los intereses personales”.

“Los adversarios nunca son enemigos (…) Todos hemos sido culpables de gobernar con tapones en los oídos, nosotros también; no hay más tiempo para eso”.

Esteban Bullrich aplaudido por todos sus pares. (Foto: Comunicación Senado)

En otro pasaje de su conmovedor discurso habló de “sentarse en la mesa del diálogo no pensando en qué me voy a llevar cuando me levante, sino qué voy a dejar en la mesa para alcanzar el acuerdo, sobre todo nosotros los dirigentes políticos”.

Y sobre el final, expresó: “Ya probamos con la grieta y acá estamos. Esta Argentina que tenemos es la resultante de nuestra incapacidad de encontrar soluciones comunes a esos problemas”.

Cuando al final sus pares y la propia Cristina Kirchner le pidieron reconsiderar la renuncia y seguir participando de manera virtual, él respondió: “No hay hombres imprescindibles; hay decisiones imprescindibles”.

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