Operativo clamor en ciernes, en un contexto de crisis creciente

El tema de la semana fueron las palabras de la vicepresidenta de la Nación en una asamblea legislativa internacional, donde dio un polémico discurso que sorprendió a los visitantes europeos. Dejó en un segundo plano a la inflación más alta en 20 años, otro signo de una crisis a la que no le encuentran solución.

Cristina Kirchner mandó mensajes al presidente desde el CCK.

Por José Angel Di Mauro

Seguramente cuando el presidente confirmó el embarazo de la primera dama se ilusionaba con el nacimiento del bebé en otro contexto. No nos engañemos: a 14 meses del inicio de la campaña electoral, la llegada de un retoño para la pareja presidencial no podía dejar de ser un activo importante en cuanto a imagen. Puede fallar, y falló.

No es que cuando se anunció, hace varios meses, las cosas para el Gobierno transitaran sobre ruedas, pero las expectativas eran distintas. Siempre el Gobierno se ilusionó con el post pandemia y con que la vuelta a la normalidad le garantizara los beneficios que el Covid le había negado. Pero el ruido político es tal que conspira contra cualquier mejora, por mínima que sea.

La realidad es que la coalición de gobierno se rompió el 31 de enero, cuando Máximo Kirchner presentó su renuncia a la jefatura del bloque oficialista de la Cámara baja. Si bien ese día y los siguientes se buscó morigerar el impacto, garantizando que tal decisión era simplemente una cuestión de “matices” distintos sobre un tema; que su madre había estado en desacuerdo y trató sin éxito de convencerlo de no irse; que eso no representaba en modo alguno una crisis… lo cierto es que todas fueron mentiras para maquillar una ruptura que cuesta imaginar que no sea definitiva.

En rigor, los que desde el Instituto Patria se muestran más sinceros, dirán que la fractura del Frente de Todos no fue ese día, sino el viernes previo, cuando Alberto Fernández anunció el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Alberto Fernández y Fabiola al presentar a Francisco.

Con maledicencia, más de uno dirá que Francisco llegó ya no con un pan bajo el brazo, sino con el índice de inflación más alto en los últimos 20 años, pero es injusto cargar sobre un suceso venturoso la consecuencia de políticas erróneas. Desde el oficialismo insisten en que la inflación es un fenómeno multicausal, con el mero fin de rechazar culpas por la fenomenal emisión. Cierto es también que incide la guerra en Ucrania, que involucra a dos actores centrales de un mercado donde Argentina también juega en primera,y los precios se disparan, como así también que el mundo entero está viviendo picos inflacionarios producto de la pandemia primero y ahora el conflicto bélico. Tan cierto como que entre las causas de la inflación autóctona juega fuerte el factor de la gran emisión que acompañó lo que en campaña se conoció como el “plan platita”, pero fundamentalmente el fuerte internismo que exhibe ya sin poder ocultarlo el Gobierno nacional.

Tan es así que ni siquiera una semana corta como esta última se vivió con alivio. Por el contrario, para el último día hábil en las oficinas oficiales se hablaba de un “miércoles negro”. Es lo que temían, a partir del anuncio de marchas piqueteras que solo por la víspera del feriado largo se sabía de antemano que no se transformarían en acampe; el anuncio del índice inflacionario y, fundamentalmente, el discurso de la vicepresidenta en la Asamblea de la EuroLat en el CCK.

Desde los días previos fue tanta la insistencia desde despachos oficiales respecto de que se esperaba un brinco importante de la inflación -superior al 6%-, que algunos vieron en eso la estrategia de sobregirar expectativas para que un número inferior generara alivio. Sin embargo el propio Martín Guzmán confirmaría dos días antes del anuncio oficial, en diálogo con el periodista Gustavo Sylvestre, que el índice de marzo superaría los 6 puntos.

Martín Guzmán anticipó en C5N la inflación que venía.

Pero está dicho que las mayores tensiones las generaba el discurso de Cristina Kirchner del miércoles, que el cristinismo se ocupó profusamente de cargar de expectativas. Con tanta antelación fue anunciado y tanto énfasis se puso en su difusión, que en la Rosada temían por la onda expansiva de lo que fuera a decir. Porque si bien el contexto sería una reunión internacional de parlamentarios, el lema del evento ya le daba pie a la exmandataria para arreglárselas para explayarse en la dirección que deseara: “Una recuperación económica justa, inclusiva y en paz”.

Fue en ese contexto que la vicepresidenta lanzó una frase que hizo carrera: “Hablamos de poder cuando alguien toma una decisión y esa decisión se puede aplicar y es respetada por el conjunto de la sociedad. Eso es el poder. Que te pongan una banda y te den el bastón, un poquito es… pero créanme, y lo digo por experiencia. Ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer, ni te cuento. Pero bueno, dejémoslo ahí”.

No hizo falta que hiciera nombres, a todos les quedó claro de quién (o a quién le) hablaba, aunque por la noche desde Casa Rosada salieran a minimizar los dichos de la vicepresidenta, aclarando que “eso es algo que dice siempre”.

Si había alguna duda, con el “dejémoslo ahí” quedaron aventadas…

No faltará también el que recuerde el episodio con Mauricio Macri y la entrega de los atributos presidenciales en 2015, para verificar que al expresidente no le quiso dar ni “un poquito” de poder en ese entonces.

Muchos de los parlamentarios europeos que asistieron a la reunión de la EuroLat organizada por nuestro país hicieron saber su malestar por el color político local que tiñó la apertura de la sesión plenaria de la asamblea, pero sobre todo se habrán sentido frustrados cuando al día siguiente no pudo congeniarse una declaración de condena a la agresión de Rusia contra Ucrania. Hubo cuatro proyectos de resolución, pero no ninguno fue aprobado, a instancias de los legisladores kirchneristas y la izquierda de la región se bloqueó un pronunciamiento en ese sentido.

Durante el acto hubo otro dato que no pasó desapercibido y fueron los cánticos de los militantes kirchneristas en el CCK, alentando una vuelta al poder. Justamente a partir de ello, y a sabiendas de la próxima aparición de afiches alusivos, muchos se preguntan sobre la inminencia de un “operativo clamor” para que Cristina Kirchner sea candidata en 2023. En rigor, nadie tiene dudas de que ella jugará en las elecciones del próximo año, pero todos imaginaban hasta ahora que sería candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires, lo cual le garantizaría fueros hasta 2029. Pero ya muchos especulan con la posibilidad de que vaya ella misma por la presidencia. Tiene sentido, al ser la destinataria de la mayoría de los votos del Frente de Todos, pero su alta imagen negativa le pone un techo a esas posibilidades.

La eventual candidatura de Cristina alentaría tal vez a Mauricio Macri a buscar “entrar” en lo que él mismo definió como el “segundo tiempo”. Ambos con fuerte imagen negativa, un eventual desafío electoral representaría una vuelta al pasado. Los dos expresidentes dejaron su marca, pero tanto en el oficialismo como en la oposición sus dirigentes y ellos mismos piensan que es tiempo de caras nuevas. CFK sigue sonando por la debacle del gobierno actual; Macri, por la ebullición de un espacio que necesita un liderazgo que lo ordene y eso recién sucederá en las PASO de agosto. Mucho tiempo de espera y un riesgo latente de desgaste y, sobre todo, fastidiar a su electorado con un internismo creciente.

Al sopesar una posible candidatura presidencial, Cristina tiene claro que una eventual derrota en 2023 la dejaría sin fueros en un momento crítico. Ya se sabe cómo actúa la Justicia cuando el sentido del poder político cambia. Más allá del poder de las pruebas en las causas que avanzan sin que el poder actual las haya podido detener. ¿No es acaso esa la razón fundamental del enojo vicepresidencial hacia su elegido de 2019?

Lo cierto es que las iniciativas legislativas judiciales de esta gestión partieron siempre desde el Senado. Pero ninguna pasó el filtro de Diputados, donde quedaron atascadas, cosa que más de una vez reprochó públicamente el senador Oscar Parrilli, expresando así el pensamiento vivo de su jefa. La reforma judicial fue aprobada el 28 de agosto de 2020, en plena pandemia, por 40 votos a favor y 26 en contra; la reforma del Ministerio Público tuvo media sanción del Senado por 42 votos contra 27, el 27 de noviembre de ese mismo año. Más recientemente, la reforma del Consejo de la Magistratura salió el 7 de abril pasado (37 a 33). En este último caso, se esperan novedades en los próximos días a partir de haber vencido el plazo dado por la Corte Suprema para redactar una nueva ley para el Consejo y ser repuesta la de 1997, con lo que ese organismo debe volver a tener 20 miembros. El kirchnerismo está decidido a obturar esa posibilidad y por eso está frenada la designación de dos legisladores.

Hay en ciernes un conflicto de poderes. Como si fuera poco. Después se sorprenden por el nivel de la inflación.

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