Historia de dos países

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero […]

Por Carlos Fara

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada…”.

Este es el párrafo inicial de la obra de Dickens “Historia de dos ciudades”. Se desarrolla hacia fines del siglo XVIII, en la época de la Revolución Francesa. Una es Londres, donde reina la paz y el orden, mientras que la otra es París, signada por el caos y la agitación. Pues si Dickens viviera hoy en Argentina, escribiría “Historia de dos países”, porque eso es lo que está sucediendo. A 100 días de asumir, tener en cuenta una sola fotografía de la aprobación del gobierno de Milei es engañosa por varias razones. Primero, porque la sociedad está claramente dividida en dos polos con referencias geográficas concretas: el AMBA desaprueba y el resto del país aprueba. Por lo tanto, depende en qué lado del río tomamos la temperatura, los resultados serán bien distintos. La Argentina se ha metido en una nueva grieta, fenómeno que tiende a ser bastante normal en la política contemporánea.

En segundo lugar, es engañosa porque hay una serie de matices que aconsejan ser prudentes. Por ejemplo, si en vez de consultar por la tradicional opción de “aprueba – desaprueba”, se pide a los entrevistados que califiquen la gestión de muy buena / buena a mala / muy mala, pasando por el regular, casi uno de cada cuatro se ubica en esta última tesitura. Pero hay una tercera cuestión que vuelve a los números un poco más cercanos al espejismo: ¿De qué está compuesta la aprobación al gobierno? ¿Cualitativamente en qué consiste? La respuesta es: más expectativa que adhesión concreta y/o ideológica. Algo así como el mundialista “elijo creer”.

Esa suma de datos a 100 días de la asunción es lo que desemboca en que la mitad aprueba y la mitad de desaprueba, y así sucede con distintos indicadores de opinión pública. Es una sociedad partida, que no va establecer un fallo definitivo ni mayoritario hasta que pase por lo menos mitad de año y la tendencia de las variables económicas queden más claras. En este punto cada uno elegirá ver el vaso medio lleno o medio vacío. Los primeros dicen que, con el descomunal ajuste que está haciendo el gobierno, bastante bien está con la mitad que aprueba. Esto tiene una explicación lógica en los antecedentes de los estudios realizados durante 2023: la mayoría creía que la crisis que recibiría el nuevo mandatario sería muy grave, que los problemas vienen de largo, que eso iba a obligar a tomar medidas antipáticas y que los resultados tardarían mucho tiempo en verse. Lo dijimos en más de una oportunidad en esta columna: ese era el mejor combo para amortiguar el impacto negativo de un severo plan de ajuste y alargar el período de prueba.

Hay dos temas que venimos analizando sistemáticamente desde que “jamoncito” asumió, que se han convertido en tema de conversación de la ciudadanía, y ambos molestan a la mayoría, aún para aquellos que aprueban su gestión y tienen expectativas positivas. Uno es el nivel de confrontación, ya que los modos preocupan respecto a que las mejores intenciones queden atrapadas en el fango de la virulencia verbal. En este sentido, hasta los propios le piden más diálogo y consenso para sacar adelante las leyes que necesita. La segunda cuestión es la pasión del presidente por las redes sociales. Se advierte que no es adecuado para la responsabilidad que implica el mando presidencial: o sea, no estaría mostrando concentración en la tarea principal. No vamos a hacerle perder al lector/a su precioso tiempo comentando el posteo con la foto de Milei / Napoleón. Siempre señalamos que ambos aspectos pueden derretir el mejor capital político cuando el viento corra en contra. Remember: ya le pasó a Macri con el perro Balcarce sentado en el sillón presidencial.

La confrontación, la sobredosis de uso de las redes sociales, los múltiples conflictos internacionales sin justificativo político o las definiciones políticas innecesarias (los puntos de disidencia con el Papa) llevan a una pregunta que muchos observadores se hacen justificadamente: todo eso ¿le sirve o no lo sirve a “Sinley” para incrementar su capital simbólico? Tomemos solo un caso relevante y muy reciente: el video oficial sobre el 24 de marzo. Primero, la mayoría no lo vio o no se enteró de su existencia. Segundo, el tema no despertó mayor interés, ni espontáneo, ni inducido. Tercero, es un tema complejo y de difícil digestión, en donde aún el segmento más allegado cree que “una cosa no quita la otra”: por ejemplo, si no fueron 30.000, no por eso deja de ser un espanto lo que sucedió (según falló la justicia).

Aunque la industria automotriz esté en crisis, la recesión sienta con fuerza y se pudiese agravar vía despidos en el Estado, el mundo bursátil está de fiesta porque a) hay muy buenos negocios financieros para hacer (con los dólares planchados), b) miran el rumbo, c) admiran el coraje, y d) hacen proyecciones muy positivas sobre la economía real en el corto plazo. No les preocupa lo que pase en el Congreso y ven a la calle bastante tranquila. Con todo eso en la mano, el riesgo país se estableció por debajo de los 1500 puntos y la inflación de marzo podría no superar el 15 %, gracias a que la carne no subió mucho, y contando además con la ayuda del freno a incrementos tarifarios (a propósito). Lo más probable es que el gobierno festeje de nuevo un gol.

Frente al ajustazo del león, el FMI “corrió por izquierda” al Gobierno advirtiéndole sobre “la calidad del ajuste”. Dicho en criollo, le va corriendo el arco para bajarle las expectativas de fondos frescos que ilusionan al presidente para levantar el cepo (que para él sería como ganar una primera copa). El problema es que en Washington le temen a un nuevo “cuento del tío” versionado por algún funcionario argentino.

Carambola a tres bandas

La elección de los postulantes para la Corte, el canje entre libertarios y kirchnerismo, y la probable jugada de Maqueda.

Por Carlos Fara

 

Carlos Fara

 

El billar a tres bandas consiste en hacer carambolas. Se considera carambola cuando la bola jugadora golpea las otras dos bolas en la misma tirada. Pero para que sean válidas, la bola jugadora tiene que haber tocado como mínimo tres bandas, que pueden ser diferentes o repetirse, antes de golpear la segunda bola. Dicen los expertos que en el billar a tres bandas no hay carambola fácil: para jugar este tipo de carambola de una forma sistemática y consistente, se requiere una técnica depurada para saber dónde apuntar.

En la política argentina el Gobierno nacional quiere hacer una carambola a tres bandas. ¿Cómo? La propuesta que va a elevar para jueces de la Corte Suprema pretende dejar a todos los bandos contentos con una sola jugada. Javier “Sinley” y su ministro de Justicia tratarán de contentar al mismo tiempo a la corporación Comodoro Py, a Cristina, a los gobernadores peronistas y a Macri. ¿Así de fácil? Veamos.

El juez Lijo -uno de los dos propuestos- le habría hecho favores a más de un gobernador, como el caso de Insfrán con la causa judicial por eventuales negocios con el entonces ministro de Economía Boudou. Algunos de esos mandatarios tienen influencia sobre sus senadores, no sobre todos. Por lo tanto, tener un amigo en la Corte nunca está de más.

Un personaje ligado a CFK habría estado activo también en promover a Lijo. Se trataría del ex secretario de justicia Juan Martín Mena, que nunca obra solo si no es por orden de la doctora. Teniendo en cuenta que el cortesano Lorenzetti ha venido cerca de esa banda -en términos del billar, claro- la gestión cobraría sentido. Por último, el Sultán de Cumelén lleva años preocupado por la causa del Correo Argentino que está en el juzgado de… ¡adivinaste! Pues Lijo tiene congelado el expediente hace bastante, por las dudas. ¿El ex presidente dirá algo al respecto? ¿Operará por lo bajo para que se concrete la designación?

Como siempre, en los detalles está el diablo. El juez Maqueda efectivamente cumple 75 años el 29 de diciembre de este año. El cordobés no tenía ganas de seguir en el cargo… hasta ahora. Este manejo poco “polite” por parte del Poder Ejecutivo -es todo un estilo, como “Gancia batido”- obviamente molestó mucho en la Corte menos Lorenzetti. Maqueda, político experimentado y respetado, todavía tiene la opción de solicitar que se le extienda el acuerdo por 5 años más hasta que cumpla 80. Tiene 9 meses por delante, el tiempo de gestación de un bebé.

El otro punto es la ausencia de mujeres en la Corte pese a que existe un decreto al respecto. Para la militancia feminista cristinista en el Senado no es un dato menor, sobre todo con toda la pasión que la jefa le ha puesto al tema. Ni hablar si hay una ola de reivindicación de género en la Cámara alta.

Finalmente, el juez Lijo -con todo lo que se comenta en público y en privado sobre él- podría resultar incómodo para algunos senadores de Separados por el Cambio. No sería tan fácil conseguir los 2/3 para que salga la carambola. Por su parte, el otro postulado tiene prestigio profesional, más allá de su ideología. En principio, no debería tener mayores problemas para que su pliego se apruebe.

Dado que el radicalismo ha dejado de ser hace tiempo el gran actor opositor en la Argentina, y que la coalición cambiemita estalló, el usual canje del 1 x 1 -te doy uno y me quedo con uno- se estaría estableciendo ahora entre los libertarios y el kirchnerismo, con un efecto que podría beneficiar a Macri. Así se armaría la carambola que no es sencilla porque “los otros también juegan” y hay varios actores que no se van a quedar de brazos cruzados.

Una y otra vez volvemos sobre lo conceptual porque es lo más jugoso del asado. El “si no es todo, es nada” y el rechazo al “toma y daca” quedarían bastante relativizados con esta jugada. Sería un clásico arreglo entre corporaciones políticas y judiciales, de los tantos que ha habido desde el regreso a la democracia. Con la reiniciada conversación con los gobernadores y la oposición dialoguista, quizá la administración Milei haya entrado en una segunda fase de realismo político que se titularía “de cómo se puede llevar un plan ambicioso de reformas con un Poder Ejecutivo incompleto, 7 senadores, 41 diputados y ningún gobernador”. De a ratos da la impresión que el Gobierno estaría prestando atención a los que le dicen que para reencauzar la ex ley ómnibus, primero se deben arreglar con los diputados y luego con los gobernadores. Las fotos de la buena relación entre el presidente y la vice agregan condimento a la realpolitik (¿disidencia acordada en reportaje público y notorio?).

Surge entonces la pregunta: ¿esto lo perjudica al Gobierno en la opinión pública, porque podría estar incurriendo en una contradicción filosófica? No necesariamente. Obviamente, siempre se puede armar un escándalo que desactive todo el proceso si cobran volumen algunos detalles de la jugada y eso amilane a ciertos actores que en teoría deberían jugar a favor. Si el Gobierno tiene éxito en su lucha contra la inflación, por ejemplo, es más difícil que estas cuestiones institucionales lo desgasten. Ya lo vimos en las presidencias de Menem, Néstor y Cristina.

Si bien el libertario tiene problemas por doquier -varios por falta de profesionalismo político- el resto del espectro no está mucho mejor. El líder del Pro, un tanto desahuciado por la falta de incidencia en la gestión oficialista, quizá tuvo que conceder más de lo esperado en la conformación final de la nueva directiva partidaria. Por el lado de la banda peronista, la idea de una mesa política está generando cortocircuitos entre los gobernadores, Massa y la jefa (¿“Kichi” estaría algo distanciado de Ella?). Finalmente, el radicalismo podría entonar “lo que pasa que la banda está borracha…” (y seguimos hablando de bandas), dado el conflicto expuesto entre los mandatarios provinciales y el círculo de Lousteau (¿que piensa un armado con Horacio?).

“Sinley” tiene problemas con la carta de navegación, pero el resto aún está tratando de conseguir un mapa actualizado.

La venganza será terrible

Un cuestionamiento al estilo presidencial, que privilegia el conflicto por sobre el interés concreto de conseguir resultados.

Por Carlos Fara

Derrota innecesaria del Gobierno en el Senado por el bendito DNU. Si hubiera aceptado la propuesta de la ley espejo -convertir al decreto en una ley- ahora podría ser Javier “Algunaley”, pero sigue siendo “Sinley”. Mientras tanto pasaron 95 días y tiene las manos vacías: sin ley ómnibus y con un decreto herido de muerte en los vericuetos de la justicia. Este episodio del decreto -si el oficialismo no le hubiera puesto tanta épica- podría haber pasado a ser una anécdota. Pero lo más importante es que delata un sistema conceptual de este período presidencial.

En primer lugar, el gobierno parte del supuesto que la gobernabilidad -ergo el Congreso y la justicia- no es un problema en sí mismo, que se puede vivir haciendo un permanente bypass a las instituciones. Más allá de la cuestión republicana, cuando no se tiene el Poder Legislativo a favor surgen tres escenarios: 1) el gobierno cierra el parlamento (Fujimori) o mete presos a legisladores (Correa); 2) negocia cómo puede y utiliza hasta el último milímetro del poder presidencial; o 3) sale volando por la ventana (Castillo, Lasso).

En segundo lugar, existe la presunción de que gana la partida en el clivaje la gente vs. la casta. Esto es muy relativo porque: 1) la opinión pública es volátil, más aún en situación de crisis grave; 2) sin resultados a la vista, tarde o temprano ese clivaje se desdibuja; 3) los electores votan poder, es decir, capacidad de hacer; victimizarse frente a los políticos tradicionales nunca alcanza; y 4) suponer que estas victorias simbólicas -derrotas políticas disfrazadas de épica- van a tender a dar un resultado electoral impactante dentro de 19 meses es ser muy optimista. Supongamos que LLA obtiene el mismo resultado que el año pasado, podría duplicar su bloque de diputados, es decir, pasar de 37 a 74; aun así, está muy lejos de no depender de construir consensos con opositores dialoguistas.

En tercer término, no queda claro que el equipo presidencial haya comprendido por qué se cayó la ley ómnibus. Todo parece indicar que el oficialismo quiere volver a presentar un proyecto menos amplio… pero a libro cerrado. Ese es el mejor camino para otro fracaso. Si no hay un clima de entendimiento político que haga progresar en diversos temas, todo se traba y el 25 de Mayo puede pasar tres cosas: 1) el gobierno desiste de un anuncio rimbombante y dice que la casta confirma sus peores presunciones; 2) se hace un acto un tanto escuálido con mandatarios que se prestan a para la foto, sin mucha expectativa, para que Milei no haga un papelón; o 3) van muchos o todos a sacar una foto “pour la galerie” y firman un papel mojado que será letra muerta.

En cuarto término, la conducción libertaria descarta -¿o rechaza?- cualquier tipo de contención política. ¿Cuánto tiene la sesión del senado un pase de facturas de Villarruel por la marginación política que le impusieron desde la mesa chica? ¿Los consensos se arman solo con los gobernadores, solo con los legisladores nacionales, o hay que armar un combo? ¿Al primer error cualquier funcionario paga los platos rotos y lo echan por televisión? ¿Qué tenía que ver el secretario de trabajo con el error del área de legal y técnica? ¿Ese sistema decisorio anima a la tropa a tomar riesgos o a ser extremadamente cautelosa?

Algunos gobernadores le hicieron la gamba al gobierno para que evitar el tratamiento de la actualización jubilatoria en diputados. No quieren hacer olas porque saben que, si no, todos pagan los platos rotos. Es un gesto de buena onda para ayudar a un clima de negociación. Pero ¿qué pasa si el oficialismo insiste con ley a libro cerrado? ¿Podrán hacer caer el DNU también en la Cámara baja? En “Mileilandia” todo es posible. Como que por primera vez una cámara del Congreso rechace un decreto de este tipo.

Más allá del decreto con dudas sobre la necesidad y la urgencia, esta semana el presidente pareció transmitir que “yo no creo en los formadores de precios… pero que los hay, los hay”. Las reuniones con los supermercadistas y los empresarios parecen dar cuenta de que la ley de la oferta y la demanda no estaría funcionando tan bien como lo imaginaba Von Mises: el Estado -con mejores modales que Moreno– parece que algo tiene que hacer. Como no convalidar acuerdos salariales, y ni hablar si ponen en práctica un nuevo dólar soja como el del creativo Sergio Tomás Copperfield. Al final, la caja de herramientas es limitada.

La política transcurre en una montaña rusa. Empezó la semana con una fuerte reacción por el campo minado por el narcotráfico que es Rosario, a lo cual le puso algunos condimentos. Más allá de algunas cuestiones efectistas, manejado por una super entrenada Bullrich, le puede traer algunas buenas noticias al gobierno, no encapsulado solo en la economía. Sin embargo, así como eso pudo haber sido una subida -más allá de las espantosas desgracias personales- tuvo una bajada con el affaire del decreto de los salarios de los funcionarios. El índice inflacionario tuvo su festejo exultante (una vez más), pero luego entró en el pantanal del conflicto por las importaciones, reflejo de la preocupación respecto a que marzo no trae viento a favor, además de la fenomenal recesión con el menor uso de la capacidad instalada desde 2002.

Nos acercamos rápidamente a los 100 días de gobierno, que son un gran mito. La sociedad no saca conclusiones acabadas antes de los 6 meses, y a veces más, así como buenos comienzos no implica que no habrá tropiezos fuertes tarde o temprano. Pero un tropezón no es caída, y hasta de las peores situaciones puede haber recuperación. Pero los dialoguistas no tienen con quién dialogar, y los que dialogan desde la Casa Rosada no tienen suficiente poder.

En algún momento de su vida Villarruel debe haber leído “la venganza es un plato que se come frío”. Se cree que esta frase se popularizó en el siglo XIX gracias a la obra de teatro «Les Liaisons Dangereuses» del autor francés Pierre Choderlos de Laclos. A su estilo, Dolina popularizó “La venganza será terrible”.

Javier Sinley

Ahora el Gobierno, enojado, se está vengando ¡y hace bien! Pero, ¿qué era mejor negocio? ¿Sacar la ley o vengarse después?

Por Carlos Fara

O estaba tan bien hecho el cierre político que no habría grandes novedades, o se corrían severos riesgos, como era de preverse. Si la previa a la votación general había faltado profesionalismo, ¿qué hacía pensar que todo iba a ir sobre ruedas en la votación en particular? Ahora todo entró en la dimensión desconocida.

Una pregunta que naturalmente les surgía a los periodistas post viernes era si la experiencia de la semana anterior le había dejado aprendizajes al Gobierno, dadas las características de su debut parlamentario. Pues evidentemente no. El oficialismo sigue trabajando sobre supuestos equivocados. Creyó que el número 144 era consolidado, cuando en realidad faltó leer con Rayos X lo que había sucedido.

Los 144 se conforman básicamente con una mesa de 5 patas: LLA, Pro, UCR, Hacemos Coalición Federal (Pichetto) e Innovación Federal (de 4 gobernadores). Si una de esas patas se rompe o se sale, la mesa se cae. De movida, era difícil imaginar que se sostuviera en la misma magnitud en cada votación en particular, porque 1) había muchas disidencias específicas, y 2) estaba pendiente resolver el trípode facultades – privatizaciones – impuesto PAIS. Los cuatro días entre ambas sesiones se debían aprovechar para terminar de cerrar todo con detalle y, si hacía falta, se podía demorar la deliberación un día más. Pero… algo falló.

El Gobierno ahora acusa de traición a algunos gobernadores -aunque se le fue la mano con meter a todos en la misma bolsa-, pero surgen varios interrogantes. Por ejemplo: ¿el Gobierno pensó que la general implicaba automáticamente la particular, y por eso bajó al recinto relajado? ¿Los gobernadores “traidores” dieron un gesto de buena voluntad en la primera parte, pensando que así negociaban mejor la segunda? ¿Alguien del Gobierno prometió algo que a la hora de la verdad no se verificó?

Muchas veces hemos clarificado en esta columna una regla elemental: el traidor lo es tal, en tanto y en cuanto lo dejen serlo. Es decir, si el aspirante a traidor la puede pasar mal luego, evita la inconducta. Pero si llega a la conclusión que es mejor negocio ser pérfido, lo hará. Por lo tanto, el que tiene más músculo -el Gobierno- debió asegurarse que los infieles probables sacarán las cuentas correctas al llegar al recinto. Obviamente eso no pasó.

En política hasta el más pintado puede hacer cálculos equivocados. Los gobernadores sospechados de alta traición podrían haberse equivocado. De hecho, ahora se quedaron sin subsidios para el transporte público (aunque de vuelta pagan justos por pecadores, otro error mileísta). Pero, ¿nadie les advirtió “muchachos, si no votan esto de mínima, los dejo de a pie”? ¡Bienvenidos a “Castalandia”! Algún memorioso le debería recomendar al presidente que reconsidere su opinión sobre los métodos de Néstor

Un viejo refrán dice “hasta el más santo tiene su espanto”. Algo de esto le debe haber pasado a algunos “opositores colaboracionistas” (no es un adjetivo feliz, pero se ha impuesto en las crónicas periodísticas, pedimos disculpas hasta en tanto y en cuanto encontremos otro más adecuado), empezando por el diputado de la semana, por segunda vez consecutiva. Se trata de Miguel Angel Pichetto, que la vez pasada uso un epíteto para los que aplaudían. Esta vuelta inscribió una frase bilardista: “no hay que perder, hay que ganar”, prólogo de la vuelta a comisión de la ex ley ómnibus.

Lo dijimos la semana pasada: el problema de una negociación mal planteada era que delataba “donde renguea el perro”. El viernes 2, con la aprobación en general, todos los socios se enteraron y actuaron en consecuencia para sacarle más cosas al Gobierno, que no quiso dar. Los resultados están a la vista. La victoria en el primer cuarto -porque este es un partido de básquet, no de fútbol, con muchas idas y venidas- se desfiguró en el segundo cuarto.

Ahora el Gobierno, enojado, se está vengando ¡y hace bien! Pero, ¿qué era mejor negocio? ¿Sacar la ley o vengarse después? Porque ahora no tiene ley, y va a tardar mucho en tenerla, si es que alguna vez la tiene (no me quiero imaginar lo que va a ser la sesión del 1ro. de marzo). Sin embargo, la pregunta más importante es ¿el león y su séquito realmente cree que agitando el clivaje “la casta vs. la gente” mejora su posición política? Analicemos esto con más detalle, porque puede ser una clave de todo.

Existe un error frecuente en los análisis que es pensar que las características de la oferta política se corresponden automáticamente con la demanda. En el caso de Milei sería: si él propuso dolarización, sus votantes apoyaron eso, porque, si no ¿por qué lo iban a votar? Pero, es un poco más complejo. La principal motivación de sus sufragantes es que diera una pelea sin cuartel contra la inflación, con dolarización o sin ella, con casta o sin casta: la metodología es lo de menos. El tema es que los mismos nunca hablaron mucho de “la casta” en los focus, y mucho menos el resto del electorado. Ergo, hacer tanto hincapié sobre ese eje, poniéndose en víctima, a priori no parece muy rentable. Porque lo importante son los resultados y para eso hace falta construir poder. El oficialismo puede ganar alguna batalla con ese argumento, pero a la larga puede perder la guerra.

¿Hasta dónde hará tronar el escarmiento? ¿Echará a funcionarios infieles? Es un gobierno curioso, donde un ministro echado sigue en funciones por razones burocráticas hace 2 semanas. Donde el asesor estrella en comunicación ahora también es operador, aunque en plena campaña se declaró en una reunión interna como ignorante de la temática política. Mientras el presidente hace de aprendiz de brujo en X, hay alguien que está calentando en el banco para salvar a la Patria (recuerden que en Cumelén hay un Emir).

Tras la dolorosa derrota ante Arabia Saudita en el Mundial, Scaloni hizo 5 cambios y empezó a dar vuelta la historia. Esto recién empieza. El riesgo es la tozudez. Miley por ahora es Sinley.

El Gobierno desarrolla una técnica legislativa desgastante y poco eficaz

A lo largo de este desgastante trámite legislativo que está recorriendo el proyecto de ley de Bases, el oficialismo exhibió unos modos que lejos están de beneficiar su capacidad negociadora. El debate se ha extendido más de lo previsto y todavía no ha concluido.

Por José Angel Di Mauro

No llama la atención que Javier Milei no haya aprendido demasiado de lo que es el Parlamento en los dos años en que fue diputado nacional. No tuvo interés en hacerlo y buena parte del tiempo estuvo en campaña, así que tiene lógica que no haya entendido la dinámica parlamentaria. Dio cuenta de ello, incluso, cuando siendo diputado votó en contra un paquete de 9 temas sin oradores ni debate, incluidos por un acuerdo parlamentario en la sesión del 5 de julio del año pasado, que tenía temas como la eliminación del trámite de fe de vida a jubilados y, sobre todo, la declaración del 18 de julio de cada año como Día de Duelo Nacional en homenaje a las víctimas del atentado a la AMIA. Días más tarde, pidió revertir su voto a través de una carta enviada a la presidenta del Cuerpo, pero como reglamentariamente eso es imposible, rechazaron su solicitud.

Milei y Villarruel en sus tiempos de diputados nacionales.

Ahora, desde el pináculo de otro poder, sigue mostrando desconocimiento respecto del funcionamiento legislativo. Aunque está claro que ese comportamiento resulta deliberado -un desentendimiento que va en línea de su curioso desapego a la política-, el riesgo que ello implica para su gestión merece una atención especial.

Viene a cuento al cabo de una seguidilla de días en los que toda la atención estuvo puesta en el devenir de la ley fundacional del mileísmo, cuya aprobación en general acaba de conseguir. Esto es -y debe recordarlo el presidente-, aún no tiene media sanción siquiera. Y cuando eso suceda, deberá tener el mismo trámite en el Senado, donde los números son muy ajustados y el oficialismo no debe confiarse por esa mayoría circunstancial que logró a fines del año pasado, en el inicio de su gestión, pues rápidamente percibió que ese éxito podía ser efímero, al no haber podido convertir en ley el proyecto sobre Boleta Unica de Papel: quedó empantanado y a fin de mes perderá estado parlamentario.

Con cambiarle una coma el Senado, el proyecto deberá volver a la Cámara baja, con el desgaste y pérdida de tiempo que eso implica.

El proyecto de Boleta Unica quedó empantanado en el Senado.

El Gobierno ha demostrado impericia a la hora de negociar. Creyó que hacerlo era una muestra de debilidad, pero le salió más caro: tuvo que hacerlo, le costó el doble y los resultados fueron más flacos.

Está bien que celebre como un éxito cuando logre aprobar su ley de Bases, pero no será un dato menor haber dejado en el camino más de la mitad de los artículos. Algunos sin necesidad, como le recordaron experimentados legisladores durante el debate: la moratoria y el blanqueo se lo hubieran aprobado; en sí, no necesitaba desactivar todo el paquete fiscal. Todo eso que cedió incide en los recursos que necesita esta administración y que por eso tendrá más tarde. Se las arreglará hasta entonces resignando partidas a los que lo obligaron a ceder, piensa el Gobierno que siente como una demostración de fuerza su afinidad por ajustar. Los gobernadores lo saben.

La “no negociación” termina siendo una mala negociación. Porque negociar, el Gobierno negoció y lo oculta. Desempoderar a sus emisarios es un grave error. Desautorizarlos, peor. Lo advierte el consultor Carlos Fara, para quien este ensayo les otorgó a todos los actores políticos, empresariales y sociales, y los aliados explícitos, “una cantidad de información superlativa respecto de cómo plantarse frente al gobierno del león en futuras circunstancias”.

“Ahora saben cómo esperarlo, quiénes son los negociadores claves, cómo es el sistema de decisiones interno, quién es voz autorizada y quién no, y qué es lo que más temen. Toda una hoja de ruta delatada, que se podría haber evitado si el planteo hubiese sido más profesional”, advierte el especialista.

Ahora todos saben que cuando el Gobierno se esfuerza en exhibirse inflexible, el mensaje es para la feligresía propia: más temprano que tarde cederá, el tema es que se note menos y, sobre todo, que no aparezca el presidente involucrado. Nada los preocupa más.

Habrá que ver cuánto tiempo la oposición que se ha propuesto brindarle gobernabilidad mantiene esa postura. Lo hace porque sabe que su propio electorado hoy se lo exige. El PRO, por mandato de su creador, Mauricio Macri, es el único sostén que de momento le garantiza apoyo permanente. Numéricamente no alcanza.

El bloque que lidera Miguel Angel Pichetto es otra pieza insustituible. Su presidente se ha convertido en la Cámara baja en el articulador de acuerdos y ha puesto su experiencia al servicio de la gobernabilidad, como hace 8 años hizo con Macri. En estos días en que la atención se centró en el recinto, el grueso de la sociedad que no lo conocía -incluidos los diputados oficialistas, la mayoría de ellos bisoños en estas lides- pudo ver a un Pichetto auténtico: malhumorado, intolerante con los aplausos y mucho menos con los gritos de apoyo en el recinto, pero sobre todo conocedor como nadie de los reglamentos y estrategias legislativas. Con 26 años en el Congreso, el presidente de Hacemos Coalición Federal explicó el jueves una vez más algo que espera que este oficialismo termine aprendiendo: “Muchachos, el oficialismo se lleva la ley, la oposición se lleva el discurso”.

Pichetto marca el camino en Diputados, con la esperanza de que el oficialismo le haga caso.

Previamente les había dejado otra sentencia, al ver que el debate tomaba carriles complejos: “A los que queremos colaborar para que la ley salga, tratemos de que las pelotas que van afuera no las metan al arco y se hagan el gol”.

Todos se quedaron con su frase dirigida a las barras bullangueras que desde los palcos exhibían su fervor libertario, y a las que pidió no ser “pelotudos”, pero en ese pasaje fue la voz que se impuso para evitar interrumpir la sesión, como había pedido la izquierda y avalado una diputada de su propio bloque, Mónica Frade (Coalición Cívica). “No vamos a permitir que se interrumpa la sesión, porque eso implicaría violentar a un poder del Estado, que es el Poder Legislativo”, explicó, con la autoridad que le confiere ser quien es.

Interrumpir el debate de la ley era precisamente el objetivo de Unión por la Patria y la izquierda. Estos últimos venían proclamando desde hace tiempo que esta ley solo podría frenarse con la presión en las calles. Es lógico: no tienen número para hacerlo en el recinto. Para todos, fue un deja vu de 2017, cuando el debate de la reforma previsional impulsada en tiempos de Macri sufrió un traspié en el recinto en su primer intento de sanción. Esa vez los diputados del kirchnerismo y la izquierda tuvieron una activa participación fuera del Congreso y luego llevaron los incidentes al propio recinto. A instancias de Elisa Carrió, se decidió interrumpir esa sesión celebrada el 14 de diciembre de 2017. Volvieron a reunirse cuatro días después y en dos días de sesión se aprobó la ley, mientras afuera se lanzaban las recordadas 14 toneladas de piedra. Ese oficialismo que acababa de ganar las elecciones intermedias nunca pudo recuperarse de esa experiencia traumática.

Esa experiencia fue lo que llevó al oficialismo actual a evitar que la calle se impusiera sobre los tiempos legislativos. Y sobre todo que se hubiera evitado que un muerto buscado generara un desmadre. Está claro que seguirán intentándolo el martes.

El tercer actor determinante es el bloque radical, que no consiguió que todos sus diputados votaran a favor en general, como se había aprobado en el seno del bloque. Facundo Manes y Pablo Juliano –sindicado como “mentor intelectual” (políticamente hablando) del neurocientífico-, se despegaron del resto de la bancada. Pudieron ser más: en el bloque esperaban que hasta seis diputados pudieran votar así.

Facundo Manes dio un encendido discurso el día anterior a la aprobación en general.

El presidente de esa bancada, Rodrigo de Loredo, cuestionó en su discurso de cierre que el presidente los agraviara de forma permanente. “No lo hicieron con el peronismo; no lo hicieron con el kirchnerismo; no lo hicieron con la CGT”, dijo, y hasta recordó que La Libertad Avanza terminaba sus actos de campaña cantando “el que no salta es radical”. Pero cerró: “Ninguna de nuestras posturas ni definiciones políticas dependen de los insultos o de los aplausos que ustedes nos brindan”.

Un rato antes de la votación, en la cuenta de X de la Oficina del Presidente se difundía un comunicado en el que terminaban advirtiéndoles a los legisladores que “la historia los juzgará según su desempeño en favor de los argentinos o en favor de continuar empobreciendo al pueblo. Que Dios y la Patria se los demanden”. Ese tuit mereció una inmediata cuestión de privilegio de Maximiliano Ferraro, quien advirtió que “es inadmisible la furia tuitera que ciertos organismos del Estado tienen contra otro poder del Estado, en este caso, el Poder Legislativo”. El presidente de la Coalición Cívica recibió uno aplauso cerrado de todo el recinto.

Nobleza obliga, una vez votada la ley, la misma cuenta agradeció especialmente a Cristian Ritondo, Miguel Angel Pichetto y Rodrigo de Loredo, “quienes, a pesar de nuestras diferencias, han contribuido para que la ley avance”.

No hay antecedentes de una ley debatida tantas horas (lleva ya más de 30) y con tantos cuartos intermedios. Está claro que la demora tiene que ver con la continuidad de las negociaciones. Ahora, las mayores diferencias radican en el tema privatizaciones y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad. El martes debería definirse. Según los cálculos previos, el máximo que podría extenderse la votación en particular serían 12 horas (y es demasiado). Pero como toda vuelta de un cuarto intermedio, para la reanudación se espera una nueva tanda de cuestiones de privilegio, y la votación será artículo por artículo. Eso sí, a mano alzada, salvo cuando se pida puntualmente votación nominal, que implica más tiempo.

De cómo vaya a resultar la votación sobre los temas más ríspidos dependerá cuánto pueda terminar celebrando el Gobierno.

De Miley a “Algunaley”

La curiosa forma de negociar del Gobierno en un Congreso donde tiene una minoría pronunciada no deja de llamar la atención. Es un riesgo en sí mismo, pero además la forma de “jugar” lo expone demasiado.

Por Carlos Fara

El problema de una negociación mal planteada no es que solo se pierden fichas innecesariamente, sino que además dejan un mal precedente para futuros tironeos. A partir de ahora, todos los actores políticos, empresariales y sociales que no son el oficialismo y los aliados explícitos, saben “dónde renguea el perro”. Este ensayo les otorgó una cantidad de información superlativa respecto de cómo plantearse frente al gobierno del león en futuras circunstancias. Ahora saben cómo esperarlo, quiénes son los negociadores claves, cómo es el sistema de decisiones interno, quién es voz autorizada y quién no, y qué es lo que más temen. Toda una hoja de ruta delatada, que se podría haber evitado si el planteo hubiese sido más profesional.

En esta obra de teatro, el gobierno confirmó las peores hipótesis. Le está jugando una mala pasada:

  1. la falta de experiencia política del líder y de su equipo;
  2. los riesgos de un team que recién empieza y no queda claro cómo se coordina;
  3. un sistema demasiado personalizado;
  4. un planteo estratégico desacertado desde el comienzo (la ley ómnibus);
  5. la falta de conciencia sobre los límites institucionales y políticos;
  6. un acompañamiento a veces erróneo, a veces errático, desde la comunicación; y
  7. la actitud refundacional.

El argumento del “la gente votó esto y nos tienen que apoyar” es cuestionable políticamente hablando, más allá de la necesidad de la argumentación. Primero, la mayoría votó a Milei para presidente -en una segunda vuelta- pero lo relegó claramente en el parlamento y las gobernaciones (en un país federal, claro…). Segundo, “la gente votó esto” requeriría un largo tratado interpretativo respecto a los matices de la opinión pública entre agosto, octubre y noviembre: está claro que la gente votó un cambio que sobre todo bajara la inflación, pero no es tan evidente que haya votado estas soluciones específicas contempladas en la ley (por ejemplo, las privatizaciones). Tercero, no debe olvidarse que el Congreso se conformó en octubre, cuando la primera minoría fue UP con Massa a la cabeza: ¿cuál es el mandato de un legislador, el de sus votantes o el del que ganó? Habrá que revisar a Montesquieu.

Los grandes cambios se hacen con poder, cosa de la que el gobierno carece. Si a esto se le suma una actitud de “vanguardia esclarecida”, el resultado es poco auspicioso. Cuando se pone en duda la moralidad de los probables aliados -circunstanciales o no, se verá- ¿qué actitud debe esperarse de los mismos? ¿un acto de contrición por sus pecados? ¿O una respuesta brutal en función de su estratégica capacidad de poder? “¡Adivinaste!”, diría Cristina. Pedro negó tres veces a Cristo, y sin embargo fue la piedra basal de la Iglesia…

El gobierno ya tiene su ley en general. Pero… en los detalles está el diablo. La semana que viene será la definición en particular de cada artículo, y ahí sabremos si el “caballo se transforma en dromedario”, como se dice en la jerga parlamentaria. Esto es, llegó un animal, pero luego sale uno de una especie distinta. Eso tiene serios riesgos de que el espíritu del proyecto sea bastante contradicho en el texto final.

Otro enorme riesgo de haber llevado la negociación de una manera no profesional -sentando a los actores de peso de antemano para luego ordenar a las cámaras- es que lo negociado en Diputados luego se modifique en Senadores. Porque una característica curiosa del “leonismo auténtico” es que no habla con los referentes. Solo como ejemplo, un ex gobernador del NOA -que podría ser cercano al gobierno- dice que nadie lo llamó. ¿Cómo se llama la obra? Cada uno hará lo que se le cante deliberadamente (para ver si luego alguien en la Casa Rosada se aviva de “por qué no charlamo´ un ratito, así no nos sentimos tan solos”, cantaría Leo Dan).

Vale recordar que, si el Senado le toca una coma a lo aprobado en Diputados, vuelve a la cámara de origen, con toda la pérdida de tiempo que eso significa. Y tiempo es poder, amigas y amigos, para el gobierno más débil políticamente desde 1983. Por eso, era obvio que iban a ser tan importantes los gobernadores, porque en general son los jefes políticos de sus diputados y senadores. Ergo, ¿por dónde debería haber empezado la negociación? ¡Adivinaste de vuelta!

¿Qué pasa si el gobierno logra aprobar alguna ley, con mucho desgaste por el camino, pero con severos problemas políticos para adelante? Algún “aliado” esperará a que se desgaste lo suficiente como para hacerle un planteo oportuno de ayuda “desinteresada”, y se convierta en el hombre fuerte de facto. ¿Quién es ese prestamista de última instancia? Veremos, veremos y después lo sabremos.

Mientras las dudas se acumulan en todos los ámbitos, el mundo político / periodístico / corporativo cree que hay un personaje de pocas pulgas que el gobierno debería cuidar como un talismán: Miguel Angel Pichetto. Tiene la ventaja de estar más allá del bien y del mal, que para algunos será algo negativo, pero que resulta imprescindible para la política, sobre todo en el fatal combo de crisis + fragmentación. Menem tuvo solo crisis. Duhalde tuvo ambas, pero resolvió el segundo factor con un gran acuerdo político. Milei ¿qué piensa al respecto? Debería escuchar más a los que le aconsejan asomarse al funcionamiento de la realpolitik acá al lado: Brasil y su “centrao”. Y si quiere ir más lejos en el tiempo y el espacio, puede fijarse en la ingeniería política de Franklin Roosevelt para sacar a EE.UU. de la crisis de la mano de los repudiables demócratas del sur segregacionistas.

En este marco, el paro de la CGT, la movilización anti ley y la represión policial son anécdotas. Lo que no será anecdótico durante 4 años es la opinión de la justicia sobre las decisiones del ejecutivo. En esto también el presidente tendrá que aprender bastante de Menem, pero claro… el mundo 35 años después no es el de la caída del Muro de Berlín, Milei no es el jefe del peronismo, no tiene mayoría en las cámaras, ni existe la responsabilidad institucional de un Alfonsín.

El argentino Carlos Fara es elegido presidente de la International Association of Political Consultants

El reconocido consultor político obtuvo este reconocimiento por el cual estará al frente de ese organismo durante los próximos dos años.

En la conferencia anual celebrada en Atenas los días 13 y 14 de noviembre, los consultores miembros de IAPC han elegido al argentino Carlos Fara para que dirija los destinos de la asociación global durante el bienio 2024-25.

La International Association of Political Consultant (IAPC) fue fundada en 1968 por Joseph Napolitan y Michel Bongard. Dos reconocidos profesionales que manejaron campañas en más de 15 países entre ellas las de J.F. Kennedy y Charles De Gaulle.

La IAPC Tiene miembros en los cinco continentes entre los que se encuentran los consultores y estrategas de los principales mandatarios del mundo.

Fara, llega a ocupar este cargo luego de haber sido el primer presidente del Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP) y de haber ocupado también la presidencia y chairman de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos (ALACOP).

Hoy además es presidente de su firma “Fara Veggetti” desde 1991 y lleva 37 años dedicados a la consultoría política.

Especialista en Opinión Pública, Campañas Electorales y Comunicación de Gobierno. Ha recibido varios premios: entre ellos el Premio Aristóteles a la Excelencia 2010, en el Dream Team del año que se compone por los diez mejores consultores a nivel mundial. Autor del primer libro en español dedicado íntegramente a la profesión, “Cómo ser un consultor político?”, que recibió el Premio de ALaCoP al Mejor Libro 2018.

Ha recibido 2 veces el premio EIKON (2009 y 2012). Ha participado en más de 200 campañas electorales en Argentina y Latinoamérica, con una efectividad del 76 %.

¿Milei es Kennedy?

Por Carlos Fara. Mientras Massa puso toda la carne en el asador y JxC busca encontrar su eje, el candidato de LLA se va convirtiendo en Roberto Carlos.

Ya pasó un mes desde las PASO y entramos en las últimas 5 semanas de campaña, quizá una de las fases que más se analizarán a futuro en el post 2001 porque, más allá de quién sea el futuro presidente o presidenta, sí o sí se definirá la conformación del Congreso y con ello parte de la gobernabilidad del próximo mandato.

Sergio Tomás Copperfield puso toda la carne al asador, pese a las advertencias del Fondo. Casi que no le quedan más medidas por anunciar con tal de amortiguar el clima desfavorable de una inflación galopante. ¿Sirve? Muy poco. Siempre es mejor una ayuda -bono salarial, crédito subsidiado, devolución de IVA, baja de impuestos, congelamiento de tarifas, etc.- pero la mayoría de la opinión pública cree que son “una aspirina para curar un cáncer” (un entrevistado en focus dixit). El déficit fiscal es vox populi y la sensación general es que es pan para hoy y hambre para mañana.

Sin embargo, el análisis no termina ahí. Si me dan a elegir como consultor, en la situación en que se encuentra el oficialismo, prefiero tener alguna medida empática a no tener ninguna (más de un lector dirá, “qué vivo, hacen campaña con la mía”). Luego, es mejor mostrar alguna capacidad de reacción que solo andar lamentándose en los medios, pidiendo paciencia. En definitiva, no va a perder ningún voto del 27 % de Massa + Grabois pero, al mismo tiempo, es difícil que revierta el ánimo de los decepcionados. Perdido por perdido…

Ahí no terminan los malestares oficialistas. Algunos se preguntaban en los últimos días si el fallo por YPF en EE.UU. podía afectar el desempeño electoral de Axel Kicillof. Mi respuesta sistemática fue: el efecto es nulo para su electorado, algunos porque lo defenderán ideológicamente, y otros porque el tema es de difícil comprensión popular. En todo caso dirán: “¿quién no hizo un mal negocio desde el Estado? ¿acaso el préstamo del FMI con Macri no es terrible también?”. Sobre gustos, no hay disputa, diría Serrat.

El ministro de economía necesita de los gestos políticos de sus aliados –los gobernadores peronistas, la CGT, los movimientos sociales, La Cámpora- tanto como Patricia Reina de las confirmaciones reiteradas de apoyo por parte de su mentor, el Emir de Cumelén. La pregunta de manual es ¿sirven estos gestos de apoyo? De vuelta mi respuesta sistemática: mejor tenerlos a que no existan. ¿Pero no delatan cierta debilidad? Sí, pero si no los hubiese sería peor. En todo caso, habría que preguntarse por qué se llegó a una situación de debilidad como para obligar dichos sostenes.

Por otro lado, los gestos se pueden convertir rápidamente en algo escrito en el agua si la evolución de los acontecimientos no va en la dirección buscada. Si Massa no parece meterse en segunda vuelta, todo el esfuerzo de movilización electoral que hagan los gobernadores e intendentes del propio palo, será en beneficio propio, ayudando a que cada votante arme su propio combo de boletas. Si con el pasar de las semanas Bullrich no tiene un ticket para pasar a la final, su mentor lo lamentará mucho, pero trabajará para que todo el mundo lo vea como un ganador si el elegido de los dioses es el león. La puerta del cementerio “tiene ese… qué se yo” (Horacio Ferrer dixit). Tampoco la jefa Cristina se va a exponer innecesariamente.

Como contrapartida, el libertario se está convirtiendo en Roberto Carlos: a esta altura ya debe tener un millón de amigos. La última adquisición es nada más, ni nada menos que Luis Barrionuevo, sobreviviente de mil batallas, la mayoría con balance positivo. Alcahuete de Menem, antiguo socio de Nosiglia, divorciado de Graciela Camaño, enemistado con su cuñado Dante (macrista) y hace poco mecenas de la candidatura de Wado, pero sin duda uno de los personajes más astutos y visionarios de la política argentina. Donde él esté parado, hay peligro del gol.

Que Barrionuevo esté cercano a Milei hasta puede ser anecdótico, pero lo interesante es qué puede significar ese dato y otros semejantes (¿Gerardo Martínez? ¿gobernadores peronistas? ¿peronistas en JxC de diverso pelaje?) para la conformación de un gabinete en sus distintos niveles (recuérdese que hacen falta unos 4000 funcionarios solo para manejar alguna botonera) y para discutir la gobernabilidad. El club del gatopardismo está funcionando a full y tiene cada vez más socios.

¿Traerá esto ruido a un electorado que lo está eligiendo al león porque es algo distinto a la casta? Hoy por hoy tiene una dosis razonable de teflón. No sabemos si podría afirmar como Trump que “podría matar gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”, pero le pasa raspando. ¿Por qué tanto? Pues porque su electorado no pronuncia ciertas palabras de su diccionario básico como casta o libertad. Ese es el relato público de Milei, pero su 30 % -hasta acá- confían en él porque creen que puede resolver el cáncer de la inflación. Como es un segmento poco politizado e ideologizado, da lo mismo que lo solucione leyendo a Von Mises o a Boogie el aceitoso.

¿Significa esto que de llegar al poder será un león herbívoro? (¿más similitudes con Perón?). Mucha gente que lo conoce y lo ha tratado dice que es menos loco de lo que parece. Altamente probable. Sin embargo, durante mucho tiempo será una gran incógnita, incluso para figuras públicas de prestigio muy allegadas que están dando la cara por él. Vamos a decirlo de esta forma: a más casta a su alrededor, menor revolución. A menor revolución, ¿más previsibilidad?

¿Esto no domestica al león y lo convierte en uno más del malogrado zoológico de Cutini? Puede ser. Lo que se debe considerar es que el statu quo de las dos coaliciones decepcionó tanto, que existe una parte importante del electorado dispuesto a hacer una apuesta (palabra muy repetida en los grupos focales de sus votantes).

En el excelente film “Nixon” de Oliver Stone, el renunciante presidente frente al cuadro de Kennedy, llorando se pregunta: “¿Por qué cuando te ven a ti, ven lo mejor de ellos, y cuando me ven a mí, ven lo peor de ellos?”.

¿Qué diablos hacer con Milei?

Por Carlos Fara. El consultor advierte sobre la “invulnerabilidad” electoral que hoy por hoy ostenta el libertario y la necesidad de sus rivales de explorar otras maneras de confrontarlo.

Hace 43 años atrás, el fallecido doctor Fleitas, en su momento profesor de la materia “Introducción a las Ciencias Sociales” en la Universidad del Salvador, ejemplificaba un problema metodológico con el siguiente chiste: un borracho está debajo de un farol de luz; se le acerca un policía y le pregunta qué está haciendo; el beodo le dice que está buscando la llave de su casa; el agente le pregunta dónde la perdió; el hombre le dice que en la otra cuadra; entonces el policía le pregunta por qué la estaba buscando ahí, a lo que el borracho le responde “porque acá hay luz”. Es decir, pongo el foco de mi investigación en un lado que puedo indagar, porque para encontrar lo que busco no tengo el instrumento adecuado. 

Llevado a términos de estrategia política, lo que sucede muy habitualmente es que los adversarios de un personaje muy particular se dedican a criticarlo por todos lados, sin caer en la cuenta que no solo no le hacen mella, sino que incluso hasta lo estén favoreciendo. Cuando uno se pregunta por qué la dirigencia política, empresarial (y algunos medios), se dedican a defenestrar a un candidato sistemáticamente sin medir los riesgos de lo que están haciendo, el borracho del chiste respondería “es que… es lo único que sé hacer…”.

Esta semana hemos visto desde una campaña sistemática de algunos medios para desmitificar el proyecto dolarizador hasta las advertencias de los curas villeros, como si esta batalla por las percepciones se tratase de un debate lógico racional. Pues, es tiempo perdido. El fenómeno Milei no es solo el resultado de la instalación de una solución disruptiva, sino que –sobre todo- representa el fracaso del establishment político / sindical / empresarial.

Está muy de moda –sobre todo en el universo opositor- repetir hasta el cansancio la famosa frase de Einstein: “si haces siempre lo mismo, no esperes resultados diferentes”. Lo llamativo es que esa máxima tomada para la política económica, no parece ser tenida en cuenta a la hora de la estrategia electoral. Si el personaje atravesó tormentas durante la fase de las primarias y ganó ¿qué hace pensar que marcar la inconsistencia de sus ideas hará que haya gente que “recapacite” y voto a otro candidato/a?

Al respecto, muy interesante y atinado ha sido el reportaje hecho por la revista Seúl a la cientista social Esther Solano respecto a cómo frenar a Milei, Ahí, la española marca algunas pautas, empezando por abordar el fenómeno con mucha cautela, reconociendo que se sabe menos de lo que se piensa, que al ser atípico no caben las herramientas tradicionales y que por lo tanto se debe ser innovador.

Siguiendo esta línea, esta semana que termina se vieron dos críticas poco útiles. Por un lado, Patricia Reina dijo que las ideas económicas del león eran inconsistentes y que vendía un proyecto a concretarse en 35 años. Por el otro, los curas villeros apelando a “pensar el voto” (sobre esto escribimos una nota para Perfil el sábado 12 de agosto, “El voto es cosa de inconscientes”), y criticando a la dolarización (como si eso fuera su materia). Empecemos por el principio: un mensaje vale o no en el marco de quién lo emite y quién lo recibe. Si el emisor no tiene credibilidad, habla de un tema que le es ajeno, o no lo encuadra en el esquema adecuado para un cierto target, pues no tiene efecto. Ni Bullrich, ni los curas son expertos en economía (por eso la candidata debió recurrir al hincha de Racing como tabla de salvación).

En el imaginario, el que sabe de economía es Milei. ¿Pero es un chanta? No lo sé, pero en todo caso el electorado no es un jurado de una tesis doctoral. Los votantes –sobre todo los muy golpeados- van en busca de una esperanza. Señoras y señores adversarios de Milei: perdieron su turno, esperan a la próxima ronda y mientras tanto piensen alguna idea disruptiva y esperanzadora, distinta a las del libertario.

La doctora Solano aconseja sabiamente que, si se van a utilizar los miedos, se utilicen miedos concretos, del orden cotidiano, y no temores más filosóficos (autoritarismo, populismo, fascismo, radicalización, etc.). ¿Cómo identificar esos miedos? Investigando cualitativamente, porque hace rato que sabemos que los estudios cuantitativos se quedan muy cortos para este tipo de circunstancias atípicas. Y, por supuesto, aplicando una estrategia quirúrgica, no tirar puñetazos a ciegas sin saber su efecto, solo porque “acá hay luz”.

Cuando una parte de la sociedad cree que el sistema ya no tiene nada para darle, pues se retira a su casa o busca algo anti sistema, y en el transcurso computa todas las amarguras que le hizo pasar el statu quo. Luego evalúa: ¿Milei es medio raro? Quién no. ¿Vendió candidaturas? Quién no. ¿Tiene acuerdos políticos espurios? Quién no. ¿Milei hasta habla con sindicalistas? ¡Vieron que no era tan cuco! Por lo menos él es una esperanza. Todo eso empieza a sonar muy semejante o cuando llegó Chávez al poder y a la mayoría de los venezolanos les importó un cuerno qué pasaba con la división de poderes. ¿Acaso la habían respetado los partidos tradicionales? Pues no, entonces “a tomar por c…”.

Presentar equipos técnicos con gente capaz y proba, es excelente. Exponer la plataforma de gobierno con acciones fuertes, está muy bien. Prometer eliminar impuestos, está fantástico. Pero la mayoría social necesita ver una esperanza que los titulares técnicos no generan, y creer en un personaje. ¿En qué se parecen Massa y Bullrich? Para los votantes del león ellos son la casta.

Aclaro que esta columna no es contra Milei, ni un servicio gratuito de asistencia a sus adversarios. Es un aporte a comprender mejor dónde está la sociedad argentina. Si se le quiere ganar al libertario, habrá que ser suficientemente disruptivo y dar gestos genuinos de “yo te entiendo”. Quedan 6 semanas. Ya pasaron 4 rounds. Las tarjetas de los árbitros dicen que el león va ganando por puntos.

Cuando pase el temblor

Por Carlos Fara. Un análisis detallado de los resultados de las PASO y las posibilidades que les asisten a los tres tercios que disputarán la final/final.

Estamos en la llanura viendo qué quedó en pie del tsunami. A medida que va bajando el agua nos vamos encontrando con más cosas rotas y algunos cadáveres. “La naturaleza contesta”, rezaba hace unos años el slogan de una conocida marca de agua mineral. O, tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe.

Los resultados no solo se evalúan objetivamente, sino también en función de las expectativas previas. Había un consenso en que El León salía tercero con 20/22 puntos. Salió primero con 30, entonces la mayoría está estupefacta. Si se hubiera construido una impresión de que obtendría el 35%, entonces los estupefactos hoy estarían aliviados y entusiastas. “De manera que en esta vida es todo relativo”, Perón dixit.

El servicio meteorológico había dado alerta de tormenta fuerte, lo que no se sabía a priori era el tamaño. Porque ya a fines de mayo las tres fuerzas principales se había aproximado más que nunca, de modo muy semejante al que ocurrió finalmente (si el servicio meteorológico tiene dificultades de proyección con satélites, modelos algorítmicos, muchos años y recursos, ¿por qué las encuestas deben ser infalibles, si los meteorólogos se amparan, con razón, en el cambio climático?).

El agua ya se retiró y es hora de ver dónde tienen más posibilidades los tres grandes campamentos. Para eso, nada mejor que recurrir a la evidencia pasada, aunque no alcance cuando estamos frente a un escenario inédito. La primera constante a observar desde 2015 para acá es que al peronismo/kirchnerismo le va porcentualmente mejor en las PASO que en la general: Scioli logró el 39 y 37% respectivamente, Alberto 48 en ambas instancias. Eso ocurre porque el voto del oficialismo es más politizado/ideologizado que el resto del espectro político, mientras que aquellos que se quedan en casa en las primerias, pero luego se toman el trabajo de ir en la general, son electores más despolitizados. Entonces, cuando se agranda la torta de participación, una mayor asistencia vuelca la balanza hacia Juntos por el Cambio, mejor receptor de esos poco politizados. Así, en 2015 pasaron del 30 al 34%, y en 2019 del 32 al 40.

Veamos estas magnitudes de hace 4 años. En números absolutos, hubo casi 1 millón más de votantes en la elección general. Pero como hay opciones que dejan de competir post primarias, entonces Alberto y Cristina sumaron 700.000 votos más en octubre, mientras que Macri – Pichetto cosecharon 2.760.000 apoyos adicionales. La cuestión es que ahora se incorporó el fenómeno Milei quien, de las tres fuerzas cuasi empatadas, es quien tiene mayor caudal de despolitizados, con el agregado de su elección más fuerte en sectores medio bajos y bajos (a medida que La Libertad Avanza, el peronismo retrocede, ja).

Pues entonces, quien tiene menos posibilidades de crecimiento es Sergio Tomás Copperfield, basado en el comportamiento de la escudería por la cual compite. En contra tiene que la economía en los próximos dos meses tendrá más inflación y eso le está pegando por debajo de la línea de flotación. A favor puede contabilizar que varios gobernadores que ya habían resuelto su faena provincial, el domingo pasado estuvieron a media máquina (solo dos ejemplos, Tucumán y Formosa), y ahora seguro ajustarán las clavijas en beneficio propio: el rendimiento de sus respectivas listas legislativas más allá de la suerte que corra el ministro de Economía.

La situación de Patricia Reina (ahora con todos los redonditos radichetas de su lado) tiene a su favor los antecedentes comentados en párrafos anteriores sobre el tanque de reserva que suele contar Juntos por el Cambio en las generales respecto a las PASO. Pero tiene varios problemas también:

1)                           Radicalizó tanto su posición dentro de la marca que, al mismo tiempo que liquidaba el pleito con el Pelado, se puso un cepo (el todo o nada recogió el 17 %). Ahora tiene que ser un urgente “sana sana” para suturar heridas y que todo el ejército la siga.

2)                           Ganó con sabor amargo, ya que la expectativa es que fuera doble ganadora, de la primaria y que su fuerza quedara proyectada como favorita; siempre es complicado remontar los miedos y las dudas del entorno.

3)                           A Juntos le faltan títulos que entusiasmen más allá del orden y la fuerza del cambio.

4)                           ¿El Emir de Cumelén ve en El León un plan B? ¿Es verdad que le está acercando equipos y apoyos empresarios?

Adicionalmente se debe decir que la hipótesis de que es ella quien la tiene más difícil porque no se sabe de dónde obtendría más votos, y que quedó como “el jamón del sándwich” entre la izquierda y la derecha, parte de un error conceptual. Más allá de lo que dice la oferta, lo que cuenta es la demanda. El voto del libertario no es de derecha, porque no es ideológico. Ni siquiera comparten las mismas coordenadas sociodemográficas. La Pato tiene sectores medios y altos, superiores a 45 años y politizados, versus un personaje que recoge medio bajos y bajos, menores a 40 y despolitizados. ¿Dónde diablos está la superposición? Hay que estudiar mejor los mapas de calor del voto de cada uno.

Por último, el ex arquero de Chacarita tiene el viento a su favor. Desde el domingo a la noche es “alto, rubio y de ojos celestes”. Las encuestas de las próximas 3 semanas no sirven hasta que baje la espuma. El tema es que a) sus votantes estarán más consolidados que nunca, b) eso generará contagio en muchos que no fueron a votar, y c) le puede seguir quitando votos al kirchnerismo donde más le duele: el sector popular, al que ya no moviliza mucho con sobredosis de ayuda estatal.

De modo que esto recién empieza. No se hagan lo rulos, dice la jefa. Están todos en la misma línea de larga, con alta probabilidad de que no se polarice y vayamos nuevamente a segunda vuelta.

¿Qué quedará “cuando pase el temblor”? recitando a Soda Stereo, quien además decía: “hay una grieta, en mi corazón / Un planeta con desilusión”. El domingo quedó bastante claro.

¡Apa, tía!

Por Carlos Fara. El consultor analiza a cada uno de los candidatos y lo que han sido sus campañas, a pocos días de la hora de la verdad.

Llega un momento en donde las campañas como tales no arrojan mucha novedad, y entonces el escenario tiene a cristalizarse. Cada equipo sigue en su inercia y experimenta cierta angustia por no saber exactamente qué está pasando en la calle. Ocurren novedades que despiertan polémicas y ahí sí logran llamar un poco la atención de la opinión pública. Si no fuera porque dichas situaciones son amplificadas por una controversia, probablemente pasarían de largo.

Estamos transitando la última semana de campaña, que es la más importante, pero donde la mayor parte de los equipos llegan exhaustos y con pocas ideas para sacar al electorado del sopor. Es curioso, porque son los días más importantes, donde mayor cantidad de ciudadanos prestan atención.

Los más entusiastas en estos días son aquellos que están generando algún resultado que no estaba claro en la previa: Larreta y Grabois. El “hijo de Pajarito” porque está consolidando un porcentaje interesante que complementa al propio Sergio Tomás Copperfield. El “pelado y peludo” porque está equilibrando la balanza con Patricia Reina.

Sumar dirigentes no hará “el cambio de nuestras vidas”, pero ayuda a generar un clima de poder, como sustantivo y como verbo. En esa línea resultan las adhesiones de Manes (¿por qué se hizo pública esta semana una denuncia contra él por un delito? ¿una represalia?), Ulpiano Suárez –el rebelde intendente de la capital mendocina- o el más sonado caso de Vidal. El Emir de Cumelén reaccionó cual amante despechado (¿y el curioso tuit de Cornejo mencionando a Larreta el jueves 3 a la noche?).

¿Por qué se está equilibrando la balanza entre la reina y el pelado?

1)      el “todo o nada” tocó un borde: porque nunca es todo ¿y si es nada? ¿demasiado riesgo?;

2)      las pifiadas en economía (blindaje, reservas del BCRA) y educación transmiten cierta improvisación e impulsividad;

3)      ¿se va despertando el votante no politizado?; y

4)      el trabajo de los referentes territoriales (Morales, Pullaro, Orrego, Poggi, Valdés, los de Evolución, entre otros).

Dirigentes territoriales no son votos, pero si me dan a elegir como consultor, prefiero tenerlos de mi lado. Y si no, habría que preguntarle a Carolina Losada qué piensa del triunfo de Pullaro en la primaria de Santa Fe, o a De Loredo sobre la victoria de Passerini con el apoyo de Llaryora en ciudad de Córdoba. Dicho eso nos tomamos la tarea de sondear provincia por provincia, de cuál de los dos bandos hay más estructura trabajando, si del lado de Bullrich o de Larreta. En 12 distritos la balanza se inclina para el peladismo (incluyendo 2 de las 5 provincias más importantes del país), 5 para la Pato y 5 en situación intermedia.

Luego hay dos mundos aparte. La Capital Federal es la casa central del Pro y ahí conviven sus tres principales dirigentes, con todo lo que eso implica: el alcalde maneja el Gobierno, pero Macri está parado enfrente. Respecto a la PBA se podría decir que está repartido: más municipios para ella, pero los de mayor densidad demográfica con él. Como ya lo analizamos hace dos semanas en esta columna, hasta el final estará la incógnita de si ella es Menem -líder carismático que pasa por encima de los aparatos- y él es Cafiero –con toda la estructura a favor, pero sin la empatía necesaria. Varios dirigentes lúcidos de Juntos aluden a que Patricia despierta un voto más emocional, mientras que el apoyo a Horacio “hay que explicarlo”. En comunicación todo lo que hay que explicar arranca perdiendo.

Horacio apareció estos días con un spot que no genera novedad, aunque el argumento no es malo: “vamos a hacerlo porque ya lo hicimos”, referido al tema educación. Patricia optó por seguir contrastando fuerte, cuestionando la idea de acuerdo / negociación: ¿negociando con quién? mientras muestra a integrantes del “tren fantasma” (De Vido, López, Baradel, Moyano, etc.). Así como los referentes no aseguran votos, tampoco los spots. Sin embargo, debe decirse que los de la precandidata han sido más atractivos y hábiles en su lógica de atacar los argumentos de su adversario interno.

La campaña de Massa alumbró una pieza astuta partiendo de la afirmación de Bullrich de que éste no es un país normal. El spot afirma lo que dice ella, pero le pega un giro que apela a la “excepcionalidad argenta”, un buen punto para el público más popular. Lo que desentona es la foto del ministro con la vicepresidenta al final en la cabina del simulador aéreo, como si se tratase de una fórmula, lo que trae a la memoria la fallida experiencia política de Alberto al Gobierno. Precisamente, uno de los aciertos de la comunicación oficialista había sido que CFK estuviese fuera de foco hace dos semanas. Se suponía que Copperfield quería convocar a los moderados decepcionados en el tramo final. Más allá de eso, es correcto que quiera confrontar con la favorita de Macri: eso lo ayuda a despertar temores en un público moderado que hoy está más cerca de Larreta.

El “león” sigue bajando dos cambios y hace mea culpa de su tono agresivo en su último spot. Pese a que su candidato a gobernador en Chubut hizo una elección muy digna -14 %- no queda claro si este cambio actitudinal del libertario lo ayuda o lo desperfila. En este sentido, está llevando una estrategia distinta a la de su ex ¿amiga? Bullrich, quien apuesta full al blanco / negro. Su mensaje más atractivo es “votame a mí para que vos recuperes el poder”. Algo semejante al “votáme, votáte” de De Narváez en 2009.

El FMI actuó de “perdonavidas” de la Argentina, aprobando, pero “primero pagá y sufrí un poco, no te la voy a hacer fácil”. Nadie quería en Washington quedar haciendo campaña por Massa, como en su momento los acusaron de ser macristas. El que se quema con leche…

Apatía es la palabra más repetida en estos días. No hay campamento que no la mencione para describir el clima de calle. El crecimiento de la abstención y el voto en blanco es una amenaza concreta. A todos les (nos) gustaría cambiarla por una interjección de admiración: Apa, tía!

Lucha de calles, lucha de clases

Por Carlos Fara. Los consultores la tienen difícil frente a una elección que ya no se sabe si es de tercios, pero cuya cuenta regresiva ya arrancó. Las jugadas de campaña de cada espacio.

Diálogo frecuente entre colegas consultores:

-“Qué ves?”.

-“Qué se yo… depende cómo mida… si es telefónica tengo un cosa, pero si mido domiciliaria es otro país”.

– “Predecir esto va a ser el desafío más grande de nuestras vidas”.

-“Sí, es todo para tomar con pinzas…”.

Es todo muy lábil. ¿El “león se cae? ¿Patricia Reina se dispara? ¿Sergio Tomás Copperfield se queda con la gran mayoría del voto UP? No solo existe incertidumbre económica y política, sino que además es muy difícil saber qué terreno estamos pisando. Tenemos varios mapas, pero nadie sabrá a ciencia exacta cuál es el territorio hasta la noche del domingo 13 de agosto. ¿Entonces? Hay que ver las tendencias más firmes antes que los números, y olfatear mucho en los grupos focales.

Cuando las campañas están recién empezando, llegaron las vacaciones de invierno, que siempre es una estacionalidad que baja la atención sobre las noticias políticas. En la vuelta a clases solo quedarán dos semanas para votar. Lo que no rinda lo suficiente en las PASO, atormenta respecto a si lo hará en la general.

Cuando se introduce un actor novedoso, ya de por sí complica los cálculos porque no se sabe si podrá trasladar a votos lo que aparece en las encuestas. Si dicho actor además es un outsider, el galimatías es mayúsculo. Esta es la primera vez que sucede en la historia post 1983, para no irse tan lejos. En 2015 los tres principales protagonistas ya habían sido probados en pista. En 2019 se podría decir que también, pese a la novedad de Alberto. Pero ahora, a la crisis económica se le suma la de representatividad.

En ese marco, los principales actores –Massa, Milei, Bullrich y Larreta– no introdujeron ninguna gran novedad comunicacional. Fueron a lo seguro, dado que el mapa es dudoso: preferible seguir corriendo por el mismo andarivel, no vaya a ser cosa que correr algún riesgo saque a alguno de carrera.

De los cuatro, la que más movió el avispero fue “la Pato” con su apelación a “si no es todo, es nada”. La cosa es en blanco o negro. Pero además dijo 3 cosas fuertes: 1) habrá que defender las reformas en las calles; 2) no se deben hacer “las cosas a medias otra vez” (teléfono para su mentor); y 3) hacer lo que nunca se hizo (¿lo que ni Menem se animó a hacer?). Esto animó el debate duro durante esta semana, dado que deja mucha tela para cortar, en términos comunicacionales y en términos de prospectiva de la próxima gestión si ella ganase.

Como contrapartida, la pieza de Horacio es muy estándar (con la gente quemando los papelitos donde refieren situaciones negativas). No es incorrecto, pero no llama la atención, no genera polémica ni conversación ciudadana. Con el slogan “Hagamos el cambio de nuestras vidas” hace la clásica apelación minimalista / individualista, centrada en la lógica de que lo más interesa es el primer metro cuadrado de cada uno.

Massa empieza la campaña ordenando el equipo de atrás para adelante, esto es, satisfaciendo al núcleo duro más ideologizado para contener al conjunto, metiendo miedo con el tema PAMI, cuyo público post 60 es más proclive a votar a Juntos. El spot es la presentación conceptual del relato, relacionando la Patria con cada argentino (recuerden “la Patria es el otro”). El protagonismo solo al final es de la fórmula y lo suman a Wado. No hay ninguna imagen de Alberto, ni de Cristina, lo cual es astuto. El meta mensaje es “nosotros contenemos, ellos excluyen”.  

Milei jugó a contrapelo de los prejuicios contra él. Es un spot cálido, tranquilo, esperanzador, mostrando equipo y con 4 mujeres hablando a cámara. Eso trata de desmitificar su agresividad, su soledad, su frialdad economicista y que sea homofóbico. El relato es el esperado, sin entrar en polémicas. Más allá de esos detalles, no llama la atención comunicacionalmente, sobre todo cuando las noticias del último mes sobre el libertario han sido mayormente negativas, pasando de la ofensiva a la defensiva todo el tiempo.

Por último, las izquierdas hacen lo mismo de siempre en el escueto espacio que les asignan, y Schiaretti parte de destacar sus logros desde el proyecto cordobecista. Su slogan -“Es hora de levantarse”- habla de un renacer, una impronta refundacional, como toda la oposición. Por suerte, por ahora no hemos visto piezas bizarras como en las PASO de 2021.

Pero claro, los spots, a esta altura de la historia universal, son un componente más de una campaña, y no el gran evento. La atención está más fragmentada que nunca y el atosigamiento comunicacional es total. Ergo, lo que sucede en las tandas oficiales es poco relevante -dada la edición de ametralladora de avisos- y el circuito virtuoso tiene que ver con la viralización en los medios audiovisuales y su intensidad de pauta en las redes sociales.

Lo que no cejará en esta etapa es la intensidad de los ataques entre los precandidatos, a tal punto que los dos de JxC optaron por ni siquiera hacer un debate formal. Lectura: para seguir insultándose, mejor cada uno por su lado, mientras la marca sigue estancada. Si bien varios actores han hecho propuestas, lo que queda en el tamiz es la agresividad porque registra mayor atención de la sociedad… y también mayor fastidio.

El oficialismo trata de exprimir al máximo el tiempo de hacer anuncios que alegren el clima. En esa línea han estado el gasoducto y los anuncios de ANSeS. ¿Y la inflación? Aunque el 6% de junio sea positivo, recuérdese que una vez que se instaló una percepción negativa en la mayoría, es muy difícil revertirla. Los índices de los próximos 3 meses tendrían que ser casi 0 para que algo se mueva en una dirección positiva hacia UP.

Hace 50 años la legendaria editorial La Rosa Blindada publicaba un libro sobre el Cordobazo y otros sucesos posteriores, llamado “Lucha de calles. Lucha de clases”. Justo referido a la provincia que hoy le puede dar la más grande victoria a Juntos por el Cambio. Patricia vuelve a poner sobre la mesa el tema de la lucha en las calles conceptualmente, desde otra perspectiva. ¿Volvemos a los 70?

Techo de cristal del 30 %

Por Carlos Fara. Un análisis de las posibilidades y razones de por qué no hay un candidato que sobresalga en la previa de las PASO.

¿Por qué ningún candidato de manera individual ha logrado superar el 30 % de la intención de voto en el último año? ¿Acaso existe un techo de cristal en esta primera etapa de dos o tres pasos? El mensaje provisorio del electorado a los actores es “ahora muestren qué tienen además de trayectoria, carisma o disrupción, no se la vamos a hacer fácil”. El libertario al menos se estancó (¿o bajó?), aunque en una meseta interesante. Massa parece que logra captar el núcleo duro peronista / kirchnerista, pero eso tiene un límite. Mientras que en Juntos por el Cambio hay un final abierto. Larreta, gran favorito hace un año, se quedó sin impulso. Bullrich llega en su mejor momento, pero tampoco logra dispararse.

Es verdad que la película recién empieza y que pueden suceder muchas cosas. Pero la dinámica no se modifica fácilmente. Por este camino, lo más probable es que las PASO nos ofrezcan una foto lo suficientemente fragmentada como para disipar la gran incertidumbre sobre el resultado final, aunque existen escenarios más y menos probables. No se debe perder de vista el eje central: es una elección de cambio, no de continuidad, y eso ya no se modificará.

En este contexto, una de las noticias de la semana son los problemas éticos y jurídicos de Milei y sus listas. La justicia investigará y decidirá sobre la cuestión, pero esas son las únicas noticias que se conocen sobre el espacio libertario. En los últimos reportajes, el auto titulado “león” ha tenido que estar la mayor parte del tiempo a la defensiva. Le están tratando de hacer la vida imposible y al personaje se lo nota rengo en sus reacciones. ¿Esto lo afecta en su voto? Veremos. Como hemos comentado en esta columna varias veces, al ser su público mayormente despolitizado y desideologizado, es más difícil que consuman noticias electorales, y ergo que esas cosas los afecten. Sin embargo, dejó de ser una novedad y esto puede hacer que se quede sin nafta faltando media vuelta para ganar (cual Reutemann en 1974).

Acá se plantea el famoso tema de los parámetros que construye cada candidato en su posicionamiento frente a la opinión pública. Quien se jacta de tener una camisa blanca impoluta, una pequeña mancha llama mucho la atención. Tanto criticar a la casta, tener conductas de ese estamento lo afectarán sustancialmente comparado con las mañas del establishment político. Como diría el filósofo contemporáneo Sergio Tomás Copperfield: “bienvenido a la política”.

Pese a anunciar que “no hablamos más de aquellos que critican”, Patricia Reina siguió alimentando la puja con “el pelado”. Ahora los motivos fueron los cortes de calles y los días de clases. Era obvio que la pelea de box iba a seguir porque: 1) es demasiado lo que está en juego, 2) es el estilo de “la piba”, y 3) no quiere desperfilarse. Quedan 5 semanas hasta las PASO, o sea que veremos aún varios rounds de “esta dramática pelea” (diría el recordado Caffarelli en sus relatos pugilísticos).

El Emir de Cumelén salió en las últimas horas a aclarar que en esa pelea no será neutral. Se supone que lo hizo para calmar la ansiedad de “la Pato”, ya que a Macri le empezaron a entrar algunas dudas, fomentadas por políticos muy sabios que le vienen advirtiendo lo siguiente: a) “¿y si gana Horacio?”; b) “¿cómo vas a hacer para liderar al conjunto si te inclinás por un lado?”; c) “¿estás seguro que Patricia te va a cumplir lo pactado?” (¿qué colectivo pasa por Comodoro Py?). Por eso, aun con listas ya definidas, el ex presidente sigue sin jugarse. Gran regla del conductor: nunca nadie se debe sentir seguro de nada.

Siguiendo con la saga de Juntos por el Conflicto ¿está claro el rédito para Larreta de diferenciarse tanto de Macri, al punto de decir que “ese modelo fracasó”? Si lo pensaba hace mucho ¿por qué recién lo dice ahora? ¿por desesperación? ¿no le entrega todos los fans macristas a Patricia? ¿no hay otra forma de matar al padre que no sea cual tragedia griega? Ahora que se le endilga una vieja amistad con Massa, ¿recién sale a criticar al ministro de economía? Entre el affaire Schiaretti, y estos dichos, quizá haya un problema de timing en el comando peladista.

El magnánimo Massa pidió prestada una ambulancia para recoger heridos y darles condecoraciones de guerra. No le quedaba otra. Los zafarranchos de combate realizados en esas inolvidables 24 horas entre el spot de Wado y el anuncio de que el candidato era el tigrense, merecían varias cirugías reparadoras. Como existe un consenso amplio respecto a la alta probabilidad de derrota, nadie evitó prestarse a la foto con el eventual chivo expiatorio -la CGT, los gobernadores, los movimientos sociales, etc.- al grito de “¡Unidad!”. Es curioso lo que sucede con el ministro: su candidatura al mismo tiempo que su posible fracaso electoral están haciendo subir los bonos, las acciones de las empresas argentinas, bajando el riesgo país y mejorando la confianza del consumidor. Mientras, se siguen cancelando vuelos a Washington por parte del equipo económico.

Last, but not least, queda en el tintero el caso San Juan. Primero, había poca expectativa real en que el distrito cambiara de mano, lo cual incrementó la repercusión nacional. Segundo, de los lugares que perdió el oficialismo provincial, este es en el único donde el ganador nunca formó parte del poder local, como sí ocurrió en San Luis y Neuquén. Tercero, la victoria de Marcelo Orrego muestra que no siempre “billetera mata galán”. Cuarto, analizando su campaña queda relativizado que solo se gana expresando un alto nivel de confrontación.

Hace casi dos meses, en la columna “La Suprema suprime”, dijimos que “si se hubiera votado este domingo (14 de mayo), el actual gobernador (Uñac) hubiera perdido frente a su ex padrino (Gioja). No solo eso, sino como además el candidato individual más votado hubiese sido el principal opositor Marcelo Orrego…, la ´esperanza blanca´ sanjuanina terminaría en un pálido tercer lugar”.

La bola de cristal no existe. Solo existen buenos y malos diagnósticos.

Un verdugo en el umbral

Por Carlos Fara. Un análisis del cierre de alianzas de cara a las PASO y las posibilidades que les asisten a los tres tercios principales que se disputan la supremacía en las próximas elecciones.

El Frente de Todos empezó por hacer un cambio -cambió el nombre- y Juntos por el Cambio no cambió nada, por ahora. De todos modos, no era lo relevante. La misma denominación con candidatos competitivos puede relucir, mientras que una nueva marca sin figuras con valor agregado propio, no incide fuera del voto duro (que es donde se define la elección). Sin nuevas ideas, figuras, metodología o estilos, es lo de antes con un nuevo branding. Para una parte importante del electorado, el ex Frente eran “los peronistas” o “el kirchnerismo”.

Como lo anticipamos varias veces en esta columna, el incentivo a la ruptura en las dos coaliciones era muy bajo. Si un espacio puede ganar, el que rompe pierde, salvo que tenga un capital propio muy grande. Y para el que puede perder, mejor atravesar la derrota dentro de una marca más contenedora, y no arriando jirones nostálgicos de lo que fue y ya no es. Tampoco se pudo materializar el sueño de una nueva gran coalición de centro moderado, una neo “ancha avenida del medio”. No todo lo que es reconocible en términos sociológicos, puede transformarse luego en un proyecto político.

Dado que al final no hubo grandes novedades en materia de alianzas -hasta la izquierda se mantuvo unida- lo más interesante vendrá dentro de una semana cuando se conozcan las candidaturas concretas. Hay que advertir que la inscripción de un partido o frente no necesariamente significa que habrá un candidato presidencial concreto, sino que en algún caso pueda ser una coartada para amagar competir, pero al final estar como independiente en otro espacio (¿puede ser aun el caso de Schiaretti?). Diez días entre una presentación y otra puede ser una eternidad.

Dado que en Juntos el agua no llegó al río -y la ampliación del espacio estuvo dentro de lo previsible- el mayor atractivo lo tuvo la semi plena prueba de que el peronismo volverá a tener una primaria presidencial después de 35 años. Claro, aquella de Menem vs. Cafiero fue una gran puja de liderazgos dentro de una ola renovadora. Esta quizá sea una simple pelea deslucida entre un histórico y uno más joven, ambos con baja probabilidad de éxito en el comicio general. Sería una primaria porque “no queda otra”: la líder se auto excluyó, su alternativa ¿no puede / quiere competir?, y un gobernador con potencialidad electoral en su distrito que no acepta salir al ruedo. Dado que el experimento Alberto fracasó, mejor cumplir con la consigna de que “mi único heredero es el pueblo” (siempre hay consigna de Perón a mano): tiene menos costos políticos, el más votado tendrá un hándicap de ganador y de paso nadie podrá decir que no hay democracia interna.

Hoy por hoy, cada “junto” y cada “unido” obtendrían menos votos que el “león” Milei. ¿Es eso tan importante? Relativamente. Al final, si cada espacio consolida sus votos de las PASO, ahí irá el ojo un poquito (no mucho) más sofisticado de los mercados. Si por alguna curiosidad sociológica, los candidatos de la nueva Unión suman más que las otras fuerzas, no será relevante quién salga segundo, tercero, cuarto o quinto, pues el mundo de los negocios se inquietará (equivocados o no).

Ya analizamos aquí hace un par de semanas las potencialidades de Scioli y Wado. El “Pichichi” fue uno de los protagonistas de la semana. Siempre fue particular: no deslumbra, no propone nada nuevo, se ríe de sus defectos y hace spots sobre eso, no tiene al apoyo de las estructuras y desafía al consenso de la liga de gobernadores. Cualquiera en su caso ya hubiese abandonado, pero él se empecina en revivir su actitud resiliente post accidente náutico. ¿Cree que es la hora de los héroes contra los aparatos? ¿Le alcanzará a este modelo Scioli 2023? ¿Acaso esta resistencia a Cristina debería haber sido su estrategia en 2015? Aunque los números no le sonríen, habrá que observarlo con detenimiento los próximos dos meses (si es que le dejan inscribir su candidatura).

En la realidad política – mediática, cuando se instala un interrogante es el prólogo de un pronóstico negativo. La duda metafísica de esta semana que concluye es respecto a la potencialidad de Milei post fracaso de su socio Bussi en Tucumán. Hay varias cosas para señalar:

1.       si se produce una polarización como en aquella provincia, el tercero es “el pato de la boda” (la libertad parece que no avanza indefinidamente);

2.      el mal desempeño es más notorio porque se trató de una fuerza con piso histórico, pero le fue mucho peor; y

3.      el electorado del libertario es en su mayoría independiente y despolitizado, ergo votará lo que se le cante en cada circunstancia.

En síntesis, que no le haya ido bien a sus candidatos locales, no se debe extrapolar a la presidencial. Pero aquí viene otra percepción respecto a que “peluca” se pinchó y está bajando. Claro, al ritmo que venía creciendo entró en una meseta, lo cual no significa un descenso. De todos modos, es legítima la pregunta respecto a si es un fenómeno en las encuestas, pero que luego no se verificaría en las urnas (cuesta creer a esta altura que no hará una buena elección tratándose de un outsider).

En una semana tan prolífica en detalles jugosos, quedan muchísimas cosas en el tintero, como las curiosas primarias en Mendoza. Al final De Marchi tenía un capital propio y Cornejo no era tan rey como se decía, más allá del papelón peronista en una provincia que supo tener gobernadores justicialistas de lujo como Bordón.

La gran mayoría de los oficialismos provinciales sigue ganando, y si pierden es con una astilla del mismo palo. Lo que también se verifica es: 1) peronismos oficialistas que sacan menos votos comparado con 2019, 2) los juntos que son oposición crecen un poco, y 3) escenarios de mayor abstención y/o voto en blanco.

Mientras la inflación le sigue pisando los talones a los ingresos, no sabemos si la casta tiene miedo -porque no le va mal electoralmente- pero es evidente que hay fatiga de materiales. Tomando a Engels (y el maravilloso libro de Andrés Rivera): todos tienen ya “un verdugo en el umbral”.

Esto no se acaba hasta que se acaba

Por Carlos Fara. El conocido encuestador analiza el estado de situación a partir de los temblores sísmicos en Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. Y deja una inquietud planteada en la certeza que ofrecen los sondeos.

Cuando se produce una tensión tan alta en una negociación, no necesariamente es porque algo se va a romper, sino porque pueden estar más cerca que nunca de un acuerdo. ¿Cómo? En toda negociación política se trata de actuar psicopateando al otro para sacarlo de quicio, confundirlo, generarle dudas, asustarlo, etc. de modo que en el tramo final se le nuble la vista y obtenga menos ventajas. Es muy posible que esté sucediendo en estos días entre Bullrich / Macri vs. Larreta y aliados.

¿Hizo bien o mal “el pelado” en plantear la inclusión de Schiaretti? Empecemos por lo más obvio: estas cosas nunca se saben hasta ver el resultado final, ergo, todo es especulación ya que de apuestas se trata. Si le sale bien, habrá un largo ejército de comentaristas que dirá “¡al final tenía razón! la vio venir, ¡qué genio!”. O por el contrario “era obvio que se mandó una macana”. En la vida he escuchado esto cientos de veces (sobre mí y mis clientes).

¿Por qué plantea esto? El comando “peladista” dice que hace mucho había planteado el concepto del consenso del 70 % para hacer las reformas necesarias, de modo que no debería llamar la atención la propuesta. ¿Pero no era un acuerdo en el Congreso en vez de electoral? Ahí empiezan las zonas grises. El bunker de la calle Uspallata nunca lo aclaró del todo (¿a propósito?).

¿Pero eso no confunde la pelea por elección en Córdoba? Seguro confunde a la política, lo que no significa que confunda a los votantes. Hasta acá, existe un amplio consenso en que la puja la ganaría el candidato de Schiaretti, Martín Llaryora, con alguna comodidad. Es vox populi que la campaña de Juez venía estancada y con pocos recursos (¿que aportaba Larreta?), al punto que en la ciudad capital hay más publicidad del candidato a intendente de Juntos por el Cambio –Rodrigo de Loredo– que del propio Juez. Vale aclarar que el comicio para jefe comunal se realiza un mes después que el de gobernador (¿hay un acuerdo subterráneo entre Schiaretti y de Loredo para canjear provincia por la intendencia, con tal que no gane Juez?). Los sabuesos territoriales coinciden en que el radicalismo provincial está trabajando a media máquina… (pese al comunicado de indignación que emitieron repudiando una negociación con “el gringo”).

Los cordobeses están muy acostumbrados a votar mayoritariamente distinto según qué elección se trate. Solo para tomar las presidenciales desde 1999 a la fecha, ganaron sucesivamente De la Rúa, Menem, Lavagna, CFK y Macri. En todo ese mismo período siempre triunfaron De la Sota o Schiaretti con el cordobecismo para la gobernación, quienes nunca se pudieron imponer en las legislativas desde que se conformó Cambiemos. Para que se visualice mejor aún: en 2011 el 7 de agosto eligieron a “el gallego” como mandatario provincial con comodidad, y solo una semana después votaron a… Cristina. ¿Fue una torpeza de Larreta haber provocado el apoyo del Emir a Juez, en su territorio preferido? Después de haber repasado ese historial electoral ¿los cordobeses modificarán su voto por la aparición en escena de “Batman” (así se auto identificó el ex presidente)?

¿Por qué ahora? La primera respuesta es que uno hace las cosas cuando puede, no cuando quiere. Todo parece indicar que la conversación estaba en marcha pero no avanzaba lo suficiente porque… las negras también juegan. Esto lo sabemos todos en política: el momento ideal para uno no necesariamente lo es para el otro. Otra hipótesis es que este fue el momento elegido por “el pelado” para forzar a una negociación sobre otros aspectos con Patricia Reina y el Emir de Cumelén. Por ejemplo, había un acuerdo en la mesa de conducción de Juntos por el Cambio que indicaba la orientación de unificar listas legislativas nacionales todo lo posible. Pues la presidenta del Pro en uso de licencia un día desayunó a las otras 3 fuerzas políticas que ella pensaba armar listas propias. Eso hizo que el alcalde porteño pudiera coincidir con Morales, Pichetto y Carrió. Es decir que no parece ser solo Larreta el que induce cambios en las reglas de juego y, en todo caso, estaría acompañado por tres animales políticos como los señalados ¿Por qué será?

¿”El siniestro”, como le dice Milei a Larreta, hizo la movida con Schiaretti porque pierde la primaria con Bullrich? Es posible. Si Bullrich estuviese ganando con claridad –a 65 días del comicio- esos estudios ya habrían circulado con generosidad, cosa que hasta ahora no ocurrió. ¿Por qué? Porque sigue siendo un escenario abierto, en donde lo más importante está por venir. Solo a efectos metodológicos, debe recordarse que está existiendo un importante rechazo a responder encuestas, sobre todos telefónicas, y que quienes más responden son los más politizados e informados, segmento en el cual tiene clara ventaja Patricia Reina, pero ese desbalance cambia bastante en el público desenganchado de la política (como también le pasa a Milei).

En el medio de todo esto, el lunes 12 asistiremos a la estratégica convención nacional de la UCR que reflejará cómo impacta todo esto en su ánimo. Las apuestas van por el lado de “calma cambiemitas” que “la vittoria é nostra”, lo cual no evitará que se dé libertad de acción para apoyar a una u otro pre candidatos del Pro, de modo que se doble, pero no se rompa.

Y a todo esto ¿Schiaretti quedará afuera o adentro? Depende. El cordobés puede quedar afuera pero adentro: es decir, puede ser candidato a vicepresidente de Larreta como independiente, e incluso arrastrando sus huestes, pero sin que tenga un sello que forme parte de Juntos por el Cambio, o como se llame finalmente. O puede inscribir un frente el miércoles 14 por las dudas, que luego no tenga pre candidato presidencial si hay acuerdo.

Como se verá, todavía pueden pasar muchas cosas. Demasiadas para una sociedad que lo único que la conmueve es calcular para cuántos días del mes le alcanzan sus ingresos. Para la política rige la famosa sentencia del beisbolista Yogi Berra: “esto no se acaba hasta que se acaba”.

¿Se cumplieron 20 años o 50?

Por Carlos Fara. Si es lo segundo, volvemos a tener otro presidente sin poder propio, dependiente del líder fuerte del momento. Si es lo primero…

Cristina nunca muestra las cartas temprano, ni cuando existe mucha expectativa. Este 25 de mayo no fue la excepción. Hubiese perdido el efecto sorpresa cuando todavía falta un mes para inscribir candidaturas, siendo que Ella siempre llama la atención en el momento en que todo el mundo está distraído en otros menesteres. Por ejemplo, un sábado 18 de mayo a las 9 de la mañana, mientras la mayoría del país estaría resolviendo cómo aprovechar su fin de semana. O un martes 16 de mayo por la tarde cuando se suponía que la noticia política del día sería el Congreso del PJ nacional.

Lo suyo son las redes, los tuits y los videos, no los anuncios a boca de jarro frente a una multitud. En un acto siempre se corre el riesgo de que un/un@s inadaptad@s reaccionen con silbidos, abucheos o un “Cristina presidenta” que convirtiera a la controversia en la noticia, en vez del contenido original. Por eso, mejor medir bien antes de jugar y ver si hay suficiente agua en la pileta. ¿Para qué apurarse?

En esta ocasión cabe preguntarse si la jefa hará un anuncio, o si un precandidato hará el suyo y Ella luego sumará algún comentario alentador. O si no dice nada de nada a la espera de cómo impacta en el propio electorado. Porque hacer un anuncio significa generar la noticia del madrinazgo, pero también pagar los costos por ello, como ahora le sucede con el experimento Alberto. Por eso, esta vez es muy probable que actúe distinto.

Pues el de este jueves fue un acto simbólicamente importante para su militancia, pero que no trajo ninguna novedad política. Qué piensa Cristina de la Corte, del Fondo, del gobierno de Macri, de sus diferencias con Alberto, etc. es bien sabido. El aniversario de los 20 años de inicio del mandato de Néstor –y los 50 de la asunción del “Tío” Cámpora, inspirador de la agrupación kirchnerista- no podían quedarse sin un festejo, aunque haya sido pasado por agua (¿una metáfora del presente?).

Quizá lo más relevante del acto haya sido que arriba del escenario estuvo el precandidato -¿y el compañero de fórmula?- preferido por CFK. En esta semana corta lo más sustantivo fueron las operaciones y especulaciones entre los personajes con aspiraciones a representar al astillero del Titanic en la próxima elección presidencial. En este marco los jugadores mueven sus fichas, algunos más explícita y temerariamente.

Esta semana se conocieron los spots de Scioli y de Wado de Pedro. El ex gobernador movió con dos piezas publicitarias: una más arriesgada con cumbia y hablando de “El Pichichi” –con muchas alusiones a su trayectoria y su personalidad- y otra más clásica hablando a cámara pidiendo que haya primarias, apertura, diálogo, haciendo fe eterna de su tono moderado. Ninguna gran novedad conceptual que provoque conversación ciudadana, sobre todo teniendo en cuenta que el motonauta registra muy poca intención de voto. En general, se lo ve en los focus como un personaje al que se le pasó el cuarto de hora, que nunca tuvo gran carácter ni liderazgo, todo lo contrario a lo que está reclamando la mayoría social luego de atravesar la experiencia de un Alberto sin capital político propio. Ni siquiera se destaca en el segmento de quienes votaron al Frente en 2019. Es claro que su vocación moderada y centrista ya no le ayuda.

El ministro del Interior puso en circulación un video de tono emotivo clásico, mostrando imágenes de un amanecer, con diferentes paisajes y actividades identificativas de la Argentina. Se escuchan las voces de Néstor y Cristina en off sobre la generación diezmada, y luego una locutora hablando sobre quién tomará la posta del proyecto político, mientras van apareciendo imágenes del funcionario a partir de la mitad de la pieza. Su slogan es “esto recién empieza”, como si no hubiesen pasado 20 años de vigencia del kirchnerismo.

Wado tiene la desventaja de ser una figura mucho menos conocida que Massa, Scioli o Kicillof, y de ser solo la voz de la jefa, más allá de su tono moderado. Sin embargo, tiene la ventaja de ser fresco, nuevo, transmitiendo que hay una renovación en marcha, recambio interno, y una nueva generación que tome la posta de Néstor y Cristina. Eso hace que en el público oficialista rankee mejor. Siempre es preferible perder con alguien nuevo que con alguien gastado.

Ambos son videos para elevar sus respectivas visibilidades y así crecer en intención de voto hacia mediados de junio, de modo de poder condicionar sobre todo a Cristina respecto a qué vale la pena hacer: con candidato único o con competencia interna. Al margen de la discusión habrían quedado Manzur y Capitanich, sumado a la intrascendencia de Rossi: el interior federal vuelve a quedarse sin prospectos, reconfirmando la “ambarización” de la política argentina.

Paralelamente a esos videos, Sergio Tomás Copperfield juega fuerte al ajedrez de partidas simultáneas y al límite de la ruptura, con la tensión propia de quien no le tiene miedo al riesgo (y lo disfruta). Todas sus opciones están abiertas: romper, seguir, ser, no ser, competir o no. Entre el ruego al salvoconducto del FMI y la necesidad de darle un par de semanas a los aspirantes para ver quién se destaca más en las encuestas, sería raro que tengamos novedades antes del 10 al 14 de junio. Por esa fecha, nuestros amigos de Washington algo podrían definir y el 14 se inscriben frentes electorales.

Queda un personaje más en este juego, cuya carta de negociación es el adelantamiento en su propia elección, lo que puede hacer estallar las apuestas de todos los demás. Si bien eso tiene sus vericuetos, Kicillof es otro referente que llegó exclusivamente por decisión de Cristina, no tiene poder propio, pero su firma tiene un valor estratégico. Igual que Alberto.

¿Se cumplieron 20 años o se cumplieron 50? Si es lo segundo, volvemos a tener otro presidente sin poder propio, dependiente del líder fuerte del momento. Si es lo primero, es el aniversario de un presidente que llegó con poco poder propio, dependiente de un líder fuerte. Extrañas coincidencias.

Nunca lo sabrá

Por Carlos Fara. El principal activo de Cristina es ser la gran líder de su espacio político, y su principal problema es… ser la gran líder de su espacio político. Su propio capital resulta nocivo por distintas razones.

Con las debidas ambigüedades que a veces aconsejamos desde la comunicación política, La Jefa confirmó que se corrió de las candidaturas este año. Hasta que no estén firmados los papeles a las 23.59 del día 24 de junio, todo puede cambiar, más en este mar de incertidumbres. Pero es poco probable que Cristina contradiga la impresión que dejó.

Más allá de las argumentaciones políticas e ideológicas -en las que ella cree- competir con un altísimo riesgo de perder no tiene sentido. Así podrá pasar a la historia, por el momento, como la mandataria que llegó con el mayor porcentaje de votos, y que estuvo tres veces en la boleta presidencial invicta (Menem también estuvo tres, pero se tuvo que retirar del balotaje de 2003 para no perder; ergo es que como si hubiese perdido).

El principal activo de Cristina es ser la gran líder de su espacio político, y su principal problema es… ser la gran líder de su espacio político. Lleva 13 años en el candelero sin depender de ninguna otra figura, con un nivel de control político interno sin precedentes. Ningún otro referente peronista logró tanto desde 1983. Pero claro, ese mismo capital se le vuelve nocivo porque 1) no hay alternativa dentro de su tropa más fiel, y 2) tampoco incentivó a que alguien se decidiera a ser una alternativa. Es verdad que no es fácil, pero tampoco imposible. Por h o por b, el bastón de mariscal en las mochilas de los militantes está roto o no lo supieron usar. El único que se plantó con dispar suerte fue Sergio Tomás Copperfield, quien quiere que le confirmen que es el otro gran accionista del Frente.

Dentro de la tropa más afín no solo se mira con mucha preocupación que ella no sea candidata, sino a una Cristina enojada con Alberto, pero en cierto punto también molesta con sus discípulos. Si todo depende de si Ella es o no candidata, entonces el proyecto no tiene mucho recambio. ¿Todo se le tiene que ocurrir a ella? ¿Desde la estrategia hasta las candidaturas, pasando por los mensajes centrales? El tiempo pasa para todos y alumbra otros enfoques y reflexiones.

Lo cierto que el ministro de Economía es quien más mide claramente del pelotón restante. Más allá de su infinita autoconfianza personal, su apuesta es sobre todo política: si es candidato único, todo se ordena a partir de él, con el beneplácito de Ella. Como ya analizamos en esta columna, su mirada supera la elección y se posa en el 10 de diciembre. Pero… si Kicillof desdobla la elección general bonaerense ¿qué incentivo tendría ser candidato sin la tracción del poderoso aparato territorial? ¿Massa querría serlo en esas condiciones, “solito su alma”? Sería la mejor manera de decir que “como la presidencial, ya está perdida, entonces no importa, que pierda cualquiera y satisfaga su ego”.

Pero (bis)… ¿y qué pasa con el arrastre hacia las listas legislativas? ¿no es esa una de las mejores cartas de CFK para el 2023 – 2025, ejerciendo la jefatura con leales que marquen el paso en el Frente y cómo se pararán si es oposición? No cierra mucho el desdoblamiento (ojo con Milei, quien no deberá lidiar con la maquinaria pejotista…).

Los ejercicios sobre quién sería el mejor candidato (por ahora los aspirantes son todos hombres) del Frente son relativos, ya que son fotos sacadas sin computar los pisos históricos de las fuerzas, y sin contemplar el efecto de que la Jefa eventualmente haga campaña por el elegido. Ella tiene cierto desgaste de incidencia política, y más cualitativo que cuantitativo en la propia base social, pero sigue siendo Cristina. En su contra, juega el hecho de que su protagonismo anule el del propio aspirante, y lo convierta en un anónimo “candidato de Ella”. Con Cristina no se puede, pero sin Cristina no alcanza. Se invirtió la consigna de 2019.

Mientras que las sucesivas elecciones provinciales nos arrojan un panorama de continuidades más que de cambios, aunque con oficialismos un poco desgastados y en un marco de descenso de la participación (no dramático), y el ministro Copperfield sigue tratando de sacar conejos de la galera (o cualquier otro animal), la interna del Pro -que es la de Juntos por el Cambio- se calma en la superficie, pero se enardece bajo la mesa. El Emir de Cumelén sigue operando bajo cuerda tratando de engordar la tropa y los equipos de Patricia Reina. El, al igual que Cristina, cree que sus discípulos necesitan de su andador para poder desplazarse, y que eso lo autoriza a tener una incidencia definitoria. Como por ejemplo en el futuro gabinete. La frase que trascendió de boca del Emir -“hay que rodear a Patricia”- emula a Yrigoyen respecto a su sucesor Alvear. ¿Lo hace por ser un ansioso promotor ideológico o porque desconfía de que no le cumplan algunos mandados?  

Milei sigue de fiesta y expuso su plataforma electoral antes que nadie, con el mismo nivel de posturas polémicas que tanto resultado le han dado. Luego de transcurrir el primer cuatrimestre, está claro que la profundidad de la crisis lo beneficia. Sin embargo, faltan 3 meses para las PASO y 5 para la general, una eternidad. Como ya lo desarrollamos unas semanas atrás, tarde o temprano se instalará un debate sobre la capacidad de poder para hacer cambios. Al respecto, un relevamiento propio de estos días en la zona AMBA nos indica que el 48% cree que el un presidente de Juntos por el Cambio tendrá más fuerza para gobernar vs. el 25% que lo ve mejor al libertario, y el 58% piensa que un mandatario cambiemita tendría más apoyo en el Congreso vs. el 17% de “peluca”.

La Jefa mandó su nueva carta una vez terminado el congreso del PJ, como diciendo “ahí no se decide nada importante”, y solo 2 días antes de cumplirse el cuarto aniversario del famoso 18 de mayo de 2019, cuando anunció a su compañero de fórmula. Una semana litúrgica parece. La pregunta que seguramente dará vueltas por su cabeza es si tuvo sentido ganar esa elección: ¿era más importante desplazar a Macri en función de las bases, o que ella se ahorre los sinsabores de una “traición”? Nunca lo sabrá…

Ganó Milei

Por Carlos Fara. El líder libertario impuso el marco de referencia para esta elección. Todos bailan al ritmo del jefe de La Libertad Avanza.

¡Sí señoras y señores! Ya no importa quién sacará más votos en la próxima elección presidencial, si hay o no segunda vuelta, ni quién competirá en la instancia final, estos comicios ya tienen un ganador.

La gran mayoría de los lectores creerá que el autor de esta nota perdió la cordura o tiene la bola de cristal. Ni una cosa, ni la otra. Sencillamente ya ganó porque impuso el marco de referencia a esta elección. Más allá de los porcentajes -a esta altura una anécdota- todos bailan al ritmo de Milei. Los que lo quieren adentro, los que los quieren afuera, los que pierden votos con él y hasta los que no los pierden. Es uno de esos fenómenos que ocurren una vez cada tanto, y que si triunfa o no es marginal porque su sola presencia hablará mucho más del sistema político argentino que cualquier artículo académico, libro de historia o brief reservado.

¿Queremos o no dolarización? Banco Central ¿sí o no? ¿Podemos portar armas libremente al estilo americano? Todo es porque lo dijo o no lo dijo Milei. El resto del espectro político se ve obligado a definir cosas en función de él. Por ejemplo, los economistas de Juntos por el Conflicto esta semana no lograron ponerse de acuerdo sobre un plan económico, más allá de repetir algunos títulos genéricos (bajar el déficit, restringir la emisión monetaria, etc.). Por eso salió un documento muy lavado que denota la falta de conducción política que existe en la fuerza. Muy en reserva un dirigente muy realista reflexionaba: “somos la Armada Brancaleone”.

La sociedad argentina llegó a la elección de 2015 con una puja entre un relato y una objeción, no entre dos relatos. Durante mucho tiempo analizamos que en términos discursivos –más allá de los valores y las propuestas- existía un solo storytelling, el del kirchnerismo, y que la oposición carecía de una alternativa articulada y motivadora. Hace 8 años atrás ganó la objeción, el cansancio con “lo K”. Entre la experiencia fallida de la gestión Macri, el congelamiento que significó la pandemia, el balance tempranamente negativo del gobierno de Alberto y la pronta recuperación electoral de los ex Cambiemos, además de las fuertes pujas internas, hizo que la principal coalición opositora se acostumbrase a jugar de contrataque frente al oficialismo.

Todo era genial… hasta que apareció “el león”, que sí tiene relato, propuestas y con arraigo popular. Mientras él da definiciones contundentes, los economistas de Juntos siguen sin ponerse de acuerdo acerca de si el cepo hay que sacarlo de manera rápida o gradualmente. Una discusión que a esta altura está más cerca de un after office en Harvard que de la crujiente realidad de votantes angustiados y desesperanzados.

Con el gran felino en la cancha y sus definiciones ideológicas libertarias, la lógica indicaba que su misión era dividir el voto de Juntos por el Cambio. Sin embargo, el flujo de votantes se presenta bastante más complejo, lo cual hizo que la vicepresidenta se ocupara especialmente de él en su último discurso, ya que los cimientos del Frente comenzaron a tener una filtración de humedad cada vez más grande. La frustración con el statu quo político creció con el tiempo, y se profundizó desde que comenzó el año al ritmo de una inflación más alta y con perspectivas poco prometedoras.

Hoy cualquier lector de esta columna conoce a alguien que dice votar a Milei, lo cual habla también del carácter poli clasista del fenómeno. No es el “no conozco a nadie que lo vote” (como sí sucede con Bullrich y con Larreta), sino que se ha instalado en el cotidiano en diversos segmentos socioeconómicos y etarios.

En ese marco, se agregó explícitamente a la competencia el gobernador Schiaretti, en competencia dentro de un mismo espacio con el salteño Urtubey, para expresar su rechazo a la grieta, y algo como una avenida del medio. Ninguno de los dos cree que puede juntar muchos votos, pero sí que pueden resultar estratégicos en un escenario muy competido. Da toda la impresión que llegan tarde a la pugna, ya que el escenario está bastante atrapado por 3 fuerzas como para que sea asimilado un nuevo actor. Mucho menos sin alguna disrupción por ofrecer. Son dos figuras del sistema, peronistas críticos del kirchnerismo, pero para eso también está Pichetto dentro de la escudería hoy más potente.

A medida que van pasando las semanas, el juego de la silla empieza a ser más acotado. Se bajó de la competencia Vidal, personaje con buena imagen pero que nunca logró capitalizarlo en intención de voto, situación similar a la Manes. Acuña desistió en la CABA, en una competencia en donde Jorge Macri lleva las de ganar ampliamente frente a Lousteau.

Mientras Sergio Tomás Copperfield sigue en procesión a Washington, Beijing y Brasilia para que los argentinos y argentinas puedan por lo menos seguir viendo Netflix –al que hay que pagarle en dólares- “el Pichichi” Scioli una vez más da muestras de su gran tenacidad en la vida. No es menor en esta circunstancia del Frente. Para enfrentar semejante tormenta se debe tener mucha confianza en sí mismo, si no, los milagros no se producen. Hoy su marca es muy baja, pero con fe y con esperanza se puede ser candidato y Dios sabe cuánto más.

El punto es que la enorme mayoría de los dirigentes del Frente de Todos creen que la derrota es inevitable. Se pueden equivocar, pero hacen cálculos en consecuencia. En este marco, los ultra K creen que lo peor que les puede pasar es que el próximo presidente no sea Horacio, porque creen que un moderado puede quedarse con muchos votos peronistas al final del camino. Por consiguiente, prefieren que “the winner is…?”. Acertaron: Milei! Porque entonces todo volaría por el aire -imaginan- y en 6 meses la mayoría social pediría un barajar y dar de vuelta (curiosamente lo mismo piensa el Emir de Cumelén), con la posibilidad de plantar en la cancha uno nuevo, joven, con pinta de moderado, pero propio (no extranjero como Massa).

Al final del día, todos piensan (¿y desean?) en Milei.

El juego de la silla

Por Carlos Fara. Las incógnitas que despejó la salida de la grilla presidencial por parte de Mauricio Macri. El efecto dominó dentro de JxC.

Se empezaron a despejar incógnitas en la ecuación electoral. Finalmente, Macri comprendió que su indefinición implicaba más un costo para la coalición que un beneficio, empezando por sus propias pre candidatas más cercanas, quienes estaban en la dulce espera en su búsqueda de más apoyos políticos y económicos. Ya lo comentamos en esta columna hace dos meses que algunos agujeros en las finanzas de la campaña de Bullrich los cubrió el propio Emir de Cumelén. Vidal directamente dijo públicamente que, si su líder competía, ella se bajaba.

Macri terminó su gestión con balance negativo y de ahí su derrota. Advirtió -como Alfonsín en su momento- que quizá podía ser mejor ex presidente que presidente, con todo el prestigio y eventualmente el poder que eso puede redituar. Como dice “la jefa”, no hace falta tener un cargo para hacer política. Existen muchos ejemplos, como Perón desde el exilio. Claro, la mayoría no puede, pero los que pueden es porque acreditan un gran aprendizaje de conducción y de vida.

Pues Macri aprendió de la jugada de Cristina en 2019, que puso a Alberto de primer candidato y, aun con ella detrás, la sociedad plebiscitó a la administración Pro, no a Ella. Ahora con su paso al costado, el ex presidente les facilitará a sus candidatos que se discuta menos de sus errores de gestión y más de la herencia que deja el actual gobierno. Deja así en la primera línea a las figuras más competitivas de Juntos por el Cambio, reforzando el valor de la marca. Pura racionalidad política porque además desactiva que se produzca “la final de la Copa del Mundo” entre El y Ella.

Todos los indicios llevan a confirmar lo que la mayoría del mundo político suponía: que CFK no será candidata a presidenta, y quizá a nada. La Argentina entonces debatirá con otra camada política sobre cómo sale de la crisis. Gane quien gane, es positivo que no insistan las dos figuras políticas más importantes de sus respectivas coaliciones, pero con fuerte imagen negativa.

El paso al costado de Macri actuará como un catalizador de decisiones políticas dentro de la coalición. Despejado ese factor de la ecuación, ahora se aceleran las negociaciones por la definición de fórmulas y de candidaturas del paquete nación – CABA – provincia de Buenos Aires. Por lo pronto, “el pelado” ya confirmó que habrá un solo candidato del Pro en la capital del país. Así se deberían bajar del ring Quirós y Acuña ¿para ir en qué lugares? Mientras se buscan fórmulas políticas para darle garantías a Lousteau. Si eso falla, ¿podría haber un dominó radical en contra de Larreta por ruptura de contrato?

Lo cierto es que el mencionado catalizador ya le dio luz verde para que el radicalismo entre a jugar dentro de la interna del Pro, con todo lo que eso podría alterar el cuadro que arrojan las encuestas, ya que la presencia territorial es una clave que desestabiliza cualquier especulación. Uno podría decir que la que vota es “la gente”, no las estructuras de base, y que en el público de clase media los referentes inciden menos. Sí, pero. Son varios los ejemplos en elecciones provinciales en donde la mayor presencia de dirigentes de un bando radical terminó alterando lo que asomaba de otra forma (por ejemplo, en las últimas PASO de Santa Fe, la popular Losada le sacó solo una ventaja de 18.000 votos a Pullaro, quien contó a su favor con una amplia red de intendentes). Se viene un punteo fino de dirigentes de uno y otro bando.

Dicho esto, suben las apuestas: iría camino a concretarse la esperada fórmula LarretaMorales, por un lado, y Bullrich – un radical del interior (¿el gobernador Valdés?) por el otro. Va a ser para alquilar balcones. ¿Y Vidal? ¿siempre fue una candidata muleto de Macri para complicarles la vida a los otros dos, como sospechan los aludidos? ¿el ex presidente se habrá sentido atraído por los vínculos del ahora marido Sacco en el mundo de los deportes televisados, dada su carrera hacia la presidencia de la FIFA?

Pero hay otros personajes en el tintero. Carrió se supone que se lanzó para negociar cargos legislativos. Miguel Angel Pichetto -luego de haber incidido en la perentoria decisión de Macri por sí o por no para despejar incertidumbres- pondrá en valor el hecho de que es una de las cuatro grandes patas de la coalición opositora. ¿Y Manes? ¿quedará aislado de todo apoyo radical? Suena a lo más probable, ya que sigue sin levantar vuelo electoral pese a su reconocido prestigio. La UCR juega a poner el próximo vicepresidente, mejorando su valorización respecto a 2015 y 2019, y probablemente el próximo vicegobernador bonaerense. En ese marco el neurólogo se queda sin masa crítica, aunque lo haya alentado a competir el Emir de Cumelén para que le quite votos moderados al alcalde porteño. A veces parece que el chorro qatarí da para todo.

El corrimiento de la competencia electoral de Macri ¿le traslada sus votantes automáticamente a Patricia Reina? ¿algo se va a Milei? Ambos interrogantes merecen respuesta negativa. Primero, lo que estaba recogiendo el ex presidente era más cercano a “Pato”, pero también se podría decir que era un votante más promedio dentro del espacio. Las diferencias entre lo que recogen ella y Horacio son de estilo, no ideológicas. Segundo, ese segmento que iba con Macri tiene una buena oferta interna como para pensar en irse a otro lado. El estilo del economista suena a veces demasiado agresivo y sus posturas un tanto extremas como para que se filtren más votos cambiemitas hacia el libertario. 

Pues, así como Cristina movió una ficha en 2019 y se generó un dominó en todo el resto del tablero, ahora eso lo provocó el creador del Pro. El juego de la silla ya se activó. Ya se bajaron dos explícitamente. Quizá otros se hayan quedado sin dónde sentarse como secreto a voces. La música está sonando y los participantes bailan al ritmo mientras se mantienen lo más cerca posible de las poltronas. ¿Quién será el próximo o próxima que quedará fuera del juego?

¿Dónde hay un dólar, viejo Gómez?

Por Carlos Fara. La pregunta obvia es si evitar el infierno impide el resultado que hoy es el más previsible.

Hace mucho que la Argentina debería haber adaptado la letra del tango que hizo famoso Tita Merello. Toda la economía y la política giraron esta semana a partir de la decisión del Gobierno respecto a las carteras en dólares de los organismos públicos (empalideciendo la intervención en la empresa Edesur). Dejando de lado las consecuencias económicas -que no es materia de esta columna- siempre es central marcar las restricciones políticas que se autoimpone el oficialismo para zafar de caer en “el infierno tan temido”, como reza el cuento de Onetti, la palabra maldita (devaluación) que nadie quiere escuchar en el cristinismo porque sería arrojarse al “fuego maligno”: la derrota.

La pregunta obvia es si evitar el infierno impide el resultado que hoy es el más previsible. Había un tema de timing en todo caso: ¿la tan temida devaluación debió haberse hecho cuando Sergio Tomás Copperfield asumió para luego reordenar la economía en otro marco? En ese momento había exactamente un año hasta las PASO para así poder mostrar algún éxito relativo. Era una apuesta fuerte. A la falta de dólares la terminó agravando la peor sequía en los últimos 60 años. La realidad climática y política contemporánea contradice al personaje de la película “Plata Dulce”, quien en la escena final se alegra porque llueve, ya que “con una buena cosecha nos salvamos todos” y remata “Dios es argentino”. Entre el aumento de la tasa en EE.UU., el tembladeral de bancos en países centrales y la mencionada sequía, da la impresión que el Todopoderoso decidió cambiar de nacionalidad (post Mundial).

Lo cierto es que esta dinámica económica tiene consecuencias a varias bandas. En el oficialismo genera el gran interrogante respecto a si Massa será candidato en estas condiciones, y quién se querrá animar a llevar la antorcha épica del proyecto, mientras siguen los ecos del inicio del operativo clamor para que Ella esté presente en alguna boleta. A partir de ahora quedan exactamente 3 meses para que se inscriban las candidaturas. Del laberinto del Frente quizá no se salga ni por arriba, ya que nadie es “la última Coca Cola en el desierto”: ni Massa, ni Manzur, ni Capitanich, ni Scioli, ni Wado, ni Rossi, ni Kicillof, ni Alberto y tampoco la jefa pueden asegurarle a los socios de la coalición que puede haber un triunfo presidencial. El o la que finalmente sea lo será 1) porque lo obligaron, 2) para proyectarse a futuro, 3) por error de cálculo, ó 4) sacrificándose por expresar al proyecto nacional y popular. De todos los personajes mencionados, hay un solo optimista: el “pichichi” (también lo era en 2015 y no pudo ser el goleador).

El desorden interno muestra consecuencias a diario: Malena Galmarini cree que las operaciones contra su marido vienen desde la Rosada, Massa lo increpa al presidente por las internas políticas, la CGT está obviando la pauta del 60 % pedida por el super ministro, los gremialistas cristinistas vuelven a la carga con el pedido de una suma fija, Aníbal manda gendarmes al GBA sin avisarle al gobernador de su mismo frente. Este caos quizá no se frene nunca hasta el final del mandato. A lo mejor se atenúe un poco si existe una primaria competitiva, en donde alguien gane y tenga una legitimidad temporal. Desde aquella especie de primaria abierta que fue la elección presidencial de 2003, que el peronismo no le consulta a la sociedad quién tiene mayor hándicap.  

Entre esas varias bandas en donde incide la carambola de la economía también está “Juntos por el Conflicto”. Los adláteres de Patricia Reina están cada vez más convencidos de que llevan las de ganar en la primaria y razones tienen. Por ejemplo, un histórico referente del radicalismo confesaba en estos días que no sabe exactamente a qué partido pertenece ya que, según se visión, cada vez hay más correligionarios “halconizados”, partiendo del supuesto de que la presidenta del Pro posee una gran ventaja electoral frente al alcalde porteño. Es cierto que en la política muchas veces hay fenómenos de encapsulamiento, pero que pueden generar un efecto bola de nieve que termine en la profecía autocumplida.

Y finalmente regresó el emir de Cumelén del exterior para decir que se va a tomar un mes más para decidir, lo cual significa que aún puede ser, aunque el consenso dentro del mundo político es que no jugará él… pero podría apoyar a alguien. Suelen haber varios supuestos erróneos en los cálculos estratégicos de todos los precandidatos (de todas las fuerzas políticas). Pero uno que se ha convertido en clásico es pretender ubicar al electorado en un continuo de izquierda – derecha, cuando la mayoría de los votantes no piensan en esos términos. Por ejemplo, estimar que existe un vaso conductor entre quienes apoyan a Macri y Bullrich con los que se inclinan por “el león”, es relativo. El segmento del libertario es claramente no ideológico, no politizado, por lo que no necesariamente un triunfo en las PASO de alguno de los dos iría en detrimento del apoyo a Milei en la general. Así como tampoco un triunfo de “el pelado” en las primarias haría que quienes no lo votaron huyan a manos de “peluca”. Las coordenadas que ordenan a los sufragantes tienen que ver con otros factores, por eso en el comando del crítico de “la casta” festejan cuando el ex presidente y su ministra de seguridad se empeñan en “correrse a la derecha”.

Last, but not least, hubo un detalle que pasó desapercibido en los medios, pero sustancial para la política. Macri reconoció en Rosario que “el relato es importante… no alcanza con el ejemplo”. Cientos de colegas en todo el mundo dedicados a trabajar en el storytelling de candidatos y gobiernos no podían estar tan equivocados. Tener un relato no es algo que se inventó ahora, viene desde el inicio de los tiempos.

Volviendo al tango de Tita, concluye preguntando: “¿los billetes dónde están?”. La misma pregunta nos hacemos los 45 millones de argentinos y argentinas exactamente 90 años después de que Ivo Pelay escribió la letra.

Del ajedrez al truco

Por Carlos Fara. El juego de las internas en el oficialismo y la oposición, en medio de la incertidumbre general que vive el mundo de la política.

¡Lo que puede una foto! Da la impresión que finalmente Morales recalculó luego del retrato de familia de Patricia Reina y los redonditos radichetas en la Fiesta de la Vendimia. Al menos logró una asistencia bastante perfecta. Desde aquél dolor de cabeza bajó la intensidad. La corporación radical es cualquier cosa menos tonta: unidos triunfaremos (o negociaremos mejor). Frente al nivel de tensión interna que tiene el Pro, mejor bajemos las armas y enfoquemos para otro lado. ¿Hubiese sido un gran gesto desafiante que sus colegas más relevantes no hubieran ido? Sin duda. Hubiese quedado demasiado… feo. Como lo anticipamos aquí la semana pasada, la presidenta de los amarillos debería tomar nota de la “levedad del ser radical”.

Mientras ocurría eso, la cúpula nacional de Juntos por el Cambio anda con “la gotita” en la mano tratando de pegar cosas que estuvieron o están a punto de romperse. Esta última semana soldaron dos distritos importantes como Córdoba y Tucumán. En la docta parece que lo resolvieron con un fernetcola (idea del diputado y “creativo publicitario” de Loredo). En Tucumán la sangre no llegó al río y tomaron la decisión más racional, encabezando la fórmula el radical Roberto Sánchez, pese a la curiosa fuerte presión que ejerció el emir de Cumelén en favor del experonista apoyado por el Pro Germán Alfaro (las encuestas serias con que contaba tanto la oposición como el oficialismo provincial avalaban la decisión que finalmente se tomó). Ahora andan preocupados por Tierra del Fuego y Chubut, luego de no poder hacer nada frente a las rupturas en Neuquén y Río Negro. Las alertas tempranas parece que no existen, o los actores que deciden están muy ocupados en otras cosas, o la política en las provincias se ha autonomizado demasiado, o todo eso junto al mismo tiempo. Un signo más de la incertidumbre general que vive el mundo de la política, y que ya hemos analizado hace unas semanas.

Siguiendo con el rubro candidaturas un capítulo especial de la semana se lo llevó todo lo que va aconteciendo alrededor de Sergio Tomás Copperfield: 1) el índice de inflación del 6,6 % con proyección semejante para marzo; 2) la readecuación de metas con el FMI, advertencias mediante; y 3) si será o no candidato presidencial ¿avalado por La Cámpora y Cristina? Todo va atado, porque lo que le señala el Fondo implica más torniquete y cepo, en un marco donde una economía indexada difícilmente traiga buenas noticias en los próximos dos meses (cuando se empezará a cerrar la grilla de candidatos) y ser candidato en esas condiciones no le resulta en absoluto beneficioso para su futuro político.

Larroque –aunque armó su propia grey- dijo que lo quería al tigrense en su equipo. Ferraresi señaló que Massa salvó al Frente de emular la salida de De la Rúa. ¿Le están rodeando la manzana? Se disparan entonces varios interrogantes. En primer lugar, si las críticas de CFK a la cuestión económica y la postura de la orga sobre el acuerdo con el Fondo son una posición consolidada, o es para el consumo de la propia tropa. En segundo lugar, ¿de veras La Cámpora lo quiere a Sergio de candidato a presidente, o es para oponérselo a la veleidad de Alberto? El tercer punto es si el creador del Frente Renovador cree que le servirá estar ahora a la cabeza de la papeleta presidencial pensando en 2027 (¿iría para perder? ¿para ayudar a que gane Kicillof en provincia? ¿para mejorar la chance de las listas legislativas? O sea negocio para los demás).

Por las dudas el boy scout Scioli anunció que está “siempre listo”. Más allá de su permanente vocación para el protagonismo y su inquebrantable fe en sí mismo, el ex motonauta no perfila ni cuantitativa, ni cualitativamente como competitivo. Para la opinión pública es un personaje que carece de la personalidad necesaria para la presidencia y, sobre todo, que forma parte del pasado. El juega a que puede servir para atraer al moderado independiente que se desilusionó con Alberto. Sin embargo, ese es un análisis vetusto: da toda la impresión que su cuarto de hora ya pasó.

A todo esto, ¿funcionará el operativo clamor para que Cristina revea su auto exclusión como candidata, mediante el neo “luche y vuelve”? Depende cómo se lo mire. El éxito total para los demandantes sería que ella vaya para presidenta y el fracaso total que no sea nada. Un premio consuelo es que acepte ser candidata a senadora nacional bonaerense, con lo cual algo del esfuerzo militante habrá rendido su fruto. Más allá del rol de liderazgo del espacio, a simple vista el cálculo indicaría que no le conviene ir por el premio mayor.

Y si Alberto no resigna su aspiración presidencial, ¿el cristinismo se abriría del gobierno y del Frente, volviendo a la fase Unidad Ciudadana? Muy difícil, ya que hacer eso es facilitarle las cosas a la oposición, y además los movimientos de los actores encolumnados con la vicepresidenta está trabajando como si eso no fuese ocurrir. No deben olvidarse las palabras del exégeta Larroque: no se van a ir del lugar que consideran propio pues son socios fundadores.

Como ya hemos advertido, ninguna de las cuestiones electorales centrales se definiría antes de mayo avanzado, en un círculo vicioso donde los grandes actores no resuelven y eso implica un dominó hacia abajo. Solo para tomar un ejemplo de las múltiples incertidumbres: Carolina Losada –ganadora de la elección para senador nacional por Santa Fe en 2021- sigue especulando con que quizá se podría subir a una fórmula presidencial (¿con Macri? ¿con Bullrich?) como acompañante y eso retrasa su decisión sobre si querría ser candidata a la gobernación por su provincia.

La política argentina parece haber pasado progresivamente de jugar al ajedrez –en donde las fichas están sobre el tablero y la gran pregunta es qué movimientos harán los jugadores para lograr una posición ventajosa- al truco –en donde lo que prevalece es el ocultamiento de lo que se posee, la especulación e inducir el error ajeno en una permanente guerra de nervios hasta el final-.

Alberto Dos Caras

Por Carlos Fara. El consultor traza un paralelismo entre uno de los enemigos de Batman y el presidente Fernández. Con Harvey Dent, pese a su intento de dejar su pasado de ambigüedad atrás, Ciudad Gótica.

Harvey Dent, conocido como Dos Caras, es uno de los enemigos de Batman. Harvey está marcado horriblemente en el lado izquierdo de su cara después que un jefe mafioso le lanzó productos químicos ácidos durante un juicio en la Vorte. Luego, se vuelve loco y adopta la personalidad de “Dos Caras”, obsesionado con la dualidad y el conflicto entre el bien y el mal.

El miércoles pasado el presidente mostró dos caras. En la primera parte de la sesión hizo un balance auto elogioso de su gobierno, con tono moderado. Pero luego apareció la otra cara, la del vehemente, confrontativo, polémico, chicanero, dirigido claramente a satisfacer al cristinismo. Como diciendo: “¿Viste que yo también puedo criticar al Poder Judicial y mediático en frente tuyo?”. Fue una fase con una sola destinataria: la jefa.

Lo que nadie termina de entender es si Alberto aún cree que Ella lo va a disculpar por sus errores (y traiciones a su entender) y va a aceptar mansamente que Él sea precandidato a presidente (ni el agua le aceptó en la sesión). Es un hombre que siempre ve la mitad del vaso llena, porque hace al menos 2 años que la vicepresidenta le bajó el pulgar a su compañero de fórmula, sin ninguna posibilidad de rectificación. Pero bueno… Alberto siempre le dijo a su entorno “no se preocupen, Yo la llevo”. ¿A dónde?

El efecto de todo lo que hizo es nulo. Tanto la parte amable -en donde utilizó una hábil puesta en escena con las historias individuales de personas presentes, como muestras del éxito de sus políticas- como la fase confrontativa no le sirvieron para nada. Los discursos no son piezas comunicacionales en sí mismas, si no se considera el contexto del emisor. En este caso es el de un mandatario totalmente aislado, hacia adentro y hacia afuera. Logró no ser nada al final del camino. Ni Cristina lo va a redimir, ni los ex aliados se van a volver a entusiasmar.

¿Aun así puede ser pre candidato? Sí, ¿por qué no? Es de los más conocidos y tampoco el resto lo supera mucho en competitividad. Cristina sí, pero tiene techo fijo y bajo. Massa depende de la economía. Kicillof es el mejor prospecto para quedarse en la provincia. A Scioli se le pasó el cuarto de hora. El resto ni fu, ni fa. ¿Pero Ella no lo va a vetar? Sí, pero… si Él quiere ser ¿la junta electoral del Frente de Todos le va a negar la inscripción? ¿Con qué excusa? ¿Porque no junta los avales? Ojo que los operadores del partido PARTE -el de Alberto- están muy activos en estas últimas semanas para tener todos los papeles en regla y ofreciendo beneficios. Diría un cínico: “Pero si total es para perder… dejá que vaya y listo”. Pero claro, la política no es tan sencilla: para CFK es una cuestión de honor truncarle sus deseos. No olvidemos lo siguiente: hasta acá habrá PASO y el primer documento de la súper mesa definió que haya competencia interna.

Más allá de lo económico, y que a Alberto lo persiguió la mala suerte empezando por la pandemia, Cristina esperaba de Él una solución a sus problemas judiciales. El, no supo, no quiso o no pudo. A Ella no le importa: cree que hubo una traición. El punto es si CFK imaginó que Alberto tenía la suficiente habilidad política, los contactos y la creatividad jurídica para resolverlos. Con el diario del lunes, cabe decir que carecía de los tres atributos. Pero quienes conocen bastante la cocina de esos tejes y manejes, creen que la jefa no debió sobrevalorar a su prospecto (aunque más no sea por nombrar como ministra de Justicia a su socia, quien no tenía el hándicap para intercambiar informalmente criterios con la Corte Suprema).

¿Alberto creyó que podía pasar por alto semejante objetivo? ¿Pensó que era solo ese tema? Alguien muy cercano a Él ya tuvo una advertencia la misma noche del arrasador triunfo en las PASO de 2019. La actual responsable del PAMI le dijo, sin prólogo, durante los discursos festivos: “¿Uds. creen que se las van a poder arreglar solos?”. Exceso de improvisación o de auto confianza, o las dos cosas al mismo tiempo.

Mientras Alberto tontea (en la primera acepción de la Real Academia Española), Sergio Tomás Copperfield logra una foto cariñosa con Georgieva que se podría denominar “Dos Extraños Amantes”. Así evita el pedido de waiver, que no resuelve la llegada del Apocalipsis, pero al menos no sucederá Now (a propósito, muy curioso el ministro Massa escuchando al presidente sin contacto con el resto del gabinete…). ¿Será fruto de las gestiones del tigrense que el gobierno condenó la invasión rusa y tuvo gestos contradiciendo a Daniel Ortega? Nada es gratis en este mundo.

Una pregunta que circula en el ambiente es: ¿todo lo que pasa en el Frente es signo de descomposición y falta de conducción, agravado por la sensación de derrota, o hay alguien que ha decidido la libre flotación de las variables además? Solo a modo de recordatorio: la CGT trabaja por candidatos propios en las listas legislativas, se ofrece Scioli, se anuncia Grabois, el gobernador de Catamarca pide postergación de elecciones (¿da por supuesto que no habrá balotaje?), la tropa cristinista quiere operativo clamor para que Ella sea candidata (¿a qué?), se lanza el partido del Movimiento Evita y, como si esto fuera poco, hubo fugas de los bloques K en el senado. Alguien podría decir “¡qué desmadre!”, y otro podría responder “sí, pero mientras a Ella le sirve para darse cuenta cómo juega cada uno librado a sus propios intereses”. Un personaje que tuvo algunos minutos de atención mediática la semana anterior recibió un comentario de la jefa: “a mí me sirve, porque se ve que nadie se da cuenta quién tiene los votos”. Nunca se olviden de Perón: a veces hay que quilombificar un poco las cosas.

Volviendo a Harvey Dent, en la última versión de los comics de DC, él trata de dejar su pasado de ambigüedad atrás. Pero por mucho que desee dejar de ser Dos Caras, Ciudad Gótica tiene otros planes para él. El demonio Azmer lo infecta con una especie de rabia, logrando que recupere su doble personalidad. Sus dos caras. Pero eso es solo un comic.

Habemus Horacio

Por Carlos Fara. Un análisis sobre la interna en JxC entre Bullrich y Rodríguez Larreta en vistas a las próximas elecciones presidenciales.

No era ninguna novedad que el jefe de Gobierno de la CABA terminase presentando su pre candidatura a presidente. Por empezar, porque viene trabajando en eso desde que era asesor de Palito Ortega hace 25 años. Segundo, porque si había alguna figura que iba a tratar de dar pelea hasta el final por convicción intima sin importar el contexto, era Larreta. Tercero porque, aunque se ha desgastado en la opinión pública, sigue estando entre los que tienen más posibilidades. Al mundo de la política nunca le cupieron dudas de que iba a dar este paso, sin dar lugar a negociaciones que lo bajen de su aspiración.

Ahora entra una nueva fase que será la más compleja de todas hasta las primarias de agosto, casi 6 meses en dónde se mostrará realmente de qué madera está hecho el personaje. Primero, porque no sabe aún quiénes serán a ciencia cierta sus competidores internos, empezado por la indefinición deliberada del emir de Cumelén. Segundo, la tendencia de voto no lo encuentra en el mejor momento (aunque tampoco en el peor). Tercero, su principal competidora sí está luciendo sus mejores números del último año, siendo más importante la película que la foto.

Está clara la diferencia de estilos entre Horacio y Patricia, siendo que cada uno trata de resaltar el aspecto que le conviene. Mientras él lee que la mayoría social está harta de la grieta y la violencia discursiva, ella mira el fastidio que la mayoría tiene con el desorden, el liderazgo de Cristina y el desdibujamiento del presidente, lo que la convence de ser la contrafigura de ese estado de situación. Pero ¿cómo? ¿no es contradictorio? ¿es la misma mayoría social o son mayorías diferentes? Bienvenido/a lector/a al laberinto de la opinión pública. Si fuese sencillo resolver ese galimatías no haría falta contratar consultores.

Ambas facetas son ciertas… dependiendo cómo y cuándo se lo mire. No existe una realidad en blanco y negro, sino una cantidad de matices acentuados por la incertidumbre que transita la Argentina y la crisis socioeconómica, más allá del crecimiento del PBI. Qué problema! Entonces ¿hace falta un liderazgo fuerte, con coraje, o un liderazgo moderado y consensuador? Si esto fuera un laboratorio de química, se debería poder establecer cuánta dosis se necesita de ambos factores. Vayamos a tratar de ilustrar un poco este nudo gordiano.

Si en las próximas elecciones asiste a votar la media histórica post 2003, sin duda que prepondera el peso del centro moderado para ganar, oscilante, por cierto. Ese segmento le creyó mayormente a Macri en el balotaje de 2015 y luego a Alberto con Cristina en 2019. Demás está decir que vía fiesta del consumo contribuyeron a los dos triunfos de CFK, para saber de qué estamos hablando. Sin embargo, tuvimos un baldazo de agua en 2021 –votación solo legislativa- con una caída de la participación llamativa para la tradición cultural. Los especialistas anduvieron con lupa buscando quiénes se quedaron en casa para proyectar escenarios. Todo indica que claramente el más perjudicado fue el oficialismo en su voto blando, no movilizable por las estructuras territoriales. ¿Volverán esas oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar? Imposible de predecir, pero damos dos pistas: 1) una elección que puede ser un parte aguas en la historia debería alentar una mayor asistencia, y 2) la demanda de cambio es tan grande que podría licuar la indiferencia reinante. Por supuesto, dependerá además de qué oferta tenga el Frente y qué entusiasmo despierte “Juntos por el Conflicto”.

Volviendo al hilo de la historia que estábamos contando, esos y esas que se quedaron en casa, si se hartaron del Frente, ¿quién los podría seducir más? ¿el moderado o la aguerrida? Atención porque la respuesta a esta pregunta podría ser el Santo Grial de 2023. Volvamos a los datos. Horacio tiene más potencial en el votante media bajo y bajo que Patricia, y obviamente en el opositor blando más que en el duro. En el voto a Macri 2019 están mano a mano, pero el alcalde penetra mucho más en el segmento que se inclinó por Lavagna hace 4 años, que no es mucho pero acá cada centavo cuenta. Dado que falta una eternidad para la pelea del siglo, todo debe ser tomado con muchas pinzas, pero son pistas.

Cuanto más nos acerquemos al momento culmine, más vetas aparecerán por el camino, como, por ejemplo, quién podrá domar al potro salvaje que es hoy la realidad argentina. A priori, el análisis más elemental diría que a un carácter más indómito le debería corresponder un liderazgo más corajudo. Pero… ¿qué pasa si se instala la sensación de que un exceso de coraje puede hacer que vuele todo por el aire a poco de empezar el próximo mandato? ¿la mayoría social y el establisment empresarial y mediático no caerán en la cuenta de que piloto tibio es mejor piloto arriesgado? La que vota es “la gente”, pero no solo su opinión es la que cuenta.

Con toda razón Patricia podría decir que lo importante es mostrar liderazgo fuerte para ganar y después se verá cómo se las arregla para gobernar. Veremos cómo reacciona ante eso la sociedad golpeada por la pandemia, la de las tres frustraciones seguidas, la que está más inclinada a votar por el menos malo porque no hay nada que la entusiasme demasiado. También tiene razón la presidenta del PRO cuando dice que es ridículo pensar en consensuar con Cristina, Grabois y Baradel, entre otros, aunque más no sea por el distanciamiento ideológico. No estoy tan seguro que no se pueda negociar con Massa y Moyano, pero eso es tema para otra nota.

Por lo pronto, el final de la historia de esa puja de estilos y de formas de salir de la crisis está por escribirse y falta mucho. No hay nadie que esté “volando” en las encuestas; sí hay tendencias que deberían preocupar a él y alentar a ella. En todo caso, ninguno de los dos debería ser tibio a la hora de pegar los volantazos estratégicos que imponga la dinámica.

Habemus Horacio, diría el otro Horacio, el principal poeta lírico y satírico de la lengua latina, en la Antigua Roma.

Muertos en el placard

Por Carlos Fara. El analista político resume la actualidad política y advierte sobre diferentes escenarios respecto del conflicto entre el Gobierno y la Justicia.

Desde que el mundo globalizado funciona las 24 horas del día en todo el planeta, el parate de fiestas / verano / vacaciones se ha relativizado: el tiempo y el espacio ya no son lo que eran. Así como todos podemos consumir lo que querramos en cualquier momento, también cualquier político puede accionar esté donde esté, sin necesidad de tener medios de comunicación a la mano y a cualquier hora. Los consultores lo padecemos: la rueda nunca para de girar. Por eso, la sociedad que más oportunidades de entretenimiento ha tenido en la historia es la que más trastornos de sueño tiene.

Época de muchas paradojas a nivel global. Tenemos más oportunidades pero menos sueño/s. Tenemos más riqueza pero menos equidad. El libro “Guía del Cazador Recolector para el Siglo XXI” de Heather Heying y Bret Weinstein trata de explicarnos por qué la sociedad más prospera de la historia tiene un porcentaje tan grande depresión y ansiedad. Si miramos a la política deberíamos preguntarnos porque existen más asesores de comunicación que nunca, pero la gente se siente más alejada de sus dirigentes al menos en los últimos 30 años.

En ese marco, estamos presenciando una multiplicidad de peleas callejeras –de esas que no tienen reglas, donde todo está permitido- que durarán un largo rato, si no será la tónica de todo el año. Recordemos que la política contemporánea ha dejado de lado el debate sobre quién es “el mejor”, por el de quién es “el menos malo”. Así se han cimentando los triunfos de Macron, Lula, Lasso, Castillo, Boric, Biden.

Los socios no son tan socios y los enemigos no son tan enemigos. Existe un juego permanente de acuerdos tácticos que cambian permanentemente en función de la próxima movida en el tablero. Todo es demasiado líquido como para que más de un actor no se desoriente y se equivoque, y muy complicado para que la sociedad lo comprenda, sobre todo cuando su atención veraniega está en otra parte.

Entre el conflicto por los fondos de la coparticipación y los ataques por los chats del ministro de seguridad de la CABA, el kirchnerismo parece decidido a ponerlo a Rodríguez Larreta en el centro de la escena, y de a ratos a victimizarlo. ¿Parece hecho a propósito? Tanta centralidad a veces la convierte a Bullrich en una comentarista de las cosas que le pasan al jefe de gobierno de la “ciudad opulenta” (los nombramientos, las vallas, el affaire D´Alessandro, la toma del obelisco). Al mismo tiempo Cristina con su renunciamiento / proscripción le quita argumentos a los que querían entusiasmarlo a Macri con que considere la posibilidad de presentarse como candidato a presidente. Seguro que serán casualidades.

Los conflictos en los que se ve involucrado Larreta le dan la oportunidad de volverse más halcón y menos paloma. ¿Se lo habrá visto venir cuando incorporó a dos confrontadores como Wolff y Lospennato, quienes deberían estar más cerca de Bullrich? Se entiende que el rol de un líder es tener cierta clarividencia… e información privilegiada con anticipación.

Otro ítem que estuvo muy comentado en estos últimos días es qué debía hacer Larreta con su ministro de seguridad: pedirle la renuncia, que se tome licencia o mantenerlo en el cargo. Para opinar sobre la conveniencia habría que tener más información. Supongamos que los chats fuesen ciertos, ¿fueron iniciativas del propio funcionario o eran por acuerdo de su jefe? ¿alcanzaría con criticar solo con que es espionaje ilegal? ¿solo amparándose en la falla de origen se evita el costo político de explicar su contenido cuando se dé todo a la luz? ¿Carrió juega su prestigio en defensa del ministro con licencia? ¿tan segura está de su inocencia luego de haber anunciado que su amistad con Macri es cosa del pasado? Demasiados interrogantes que no se pueden responder sin conocer toda la cocina.

Es el tipo de decisiones por las que un jefe jamás le gustaría pasar. Si los chats fuesen ciertos y más allá de si el ministro actuó por propia decisión o con instrucciones de la superioridad ¿hay que cubrirlo como sea y atravesar la tormenta hasta que despeje, o se lo debe apartar desde el vamos? ¿se consigue tan fácilmente otro funcionario con su experiencia en un tramo clave de la carrera política del jefe? Recuerden que esta es una columna de realpolitik. Las consideraciones éticas quedan para otro espacio.

Mientras Larreta está en el centro de la escena –veremos si para bien o para mal- Alberto no tiene mejor idea que sobreactuar su ataque a la Corte Suprema con una debilidad de praxis política característica de sus tres años de gobierno. Era de esperar: en la medida que todo está tan cerca de los comicios provinciales, el / la que tenga algún capital político –sean votos o prestigio personal, o ambos- que perder si se queda pegado a un presidente tan desdibujado, era lógico que iban a tirar la pelota a la tribuna. En esas condiciones están los gobernadores de Neuquén, San Juan y San Luis, que tendrán elecciones desafiantes en sus distritos; los de Santa Fe y Entre Ríos, que muy probablemente vayan a perder, pero no quieren agravar sus panoramas negativos; los de Misiones y Salta, que juegan en los hechos como partidos provinciales, como Río Negro; además de Schiaretti –opositor de facto- y los 4 de Juntos por el Cambio.

El juicio político a la Corte no tiene futuro, pero si tendrá presente. El tratamiento en la comisión de la Cámara de Diputados –con mayoría del Frente de Todos- servirá para que se presenten pruebas (reales o no), se citen testigos, se realicen análisis interesados de los supuestos hechos, de modo de sembrar todas las dudas posibles sobre la honorabilidad de los imputados. Si en el medio de todo eso surge algo comprometedor, el objetivo de base estará logrado: acá nadie es inocente.

Mientras Massa sigue trabajando de plomero del Titanic y Macri está convirtiendo a Cumelén en su Puerta de Hierro, la política se empeña en transmitir que todos tienen un muerto en el placard. Que, si por ahora no se sabe, solo hay que esperar a la próxima filtración de chats

Le siguen pegando abajo

Por Carlos Fara. El autor se pregunta si la viceperesidenta ya no es la misma de antes y que está atorada por la necesidad de defender su cueva familiar, porque ahora viene la causa Hotesur

Cuando se define una estrategia hay que pensar mucho en los imponderables y, en todo caso, se debe imaginar cómo se pueden aprovechar a favor los contratiempos que se presenten. Vamos a meternos en el túnel del tiempo tres meses y medio atrás para ver cómo se concatenaron los hechos:

  • 22 de agosto: el fiscal Luciani pide las penas para CFK.
  • 22 al 26 de agosto: acampes en la puerta del edificio donde vive Cristina.
  • 27 de agosto: el gobierno de la CABA pone vallas en la puerta y se producen tumultos.
  • 1 de septiembre: atentado contra Cristina.
  • 4 de noviembre: acto con la UOM en Pilar.
  • 8 de noviembre: fallo de la Corte Suprema contra la definición de los senadores que integrarían el Consejo de la Magistratura.
  • 16 de noviembre: el Senado desafía al fallo de la Corte.
  • 17 de noviembre: acto en el estadio único de La Plata.
  • 6 de diciembre: el tribunal condena a la vicepresidenta y ella anuncia que no competirá por ningún cargo en 2023.

Por supuesto que en este lapso de tiempo sucedieron varias cosas importantes como los dos dólares soja, la caída del proyecto de suspender las PASO o la polémica por los planes sociales, etc.

¿Qué pasó en el medio para que la situación evolucionara de “no la toquen a Cristina” y el acampe en la puerta de su edificio a todo o nada, a sugerir que no haya movilización a Comodoro Py el martes pasado? Ocurrió que la profundización de la grieta no estaba funcionando. Pasémoslo en limpio: ella evidentemente pensaba que una profundización del debate en blanco y negro iba a producir que los K blandos y decepcionados -por ejemplo, los que se quedaron en casa el año pasado en las elecciones- iban a reaccionar frente al ataque del “partido judicial”, dejarían la indiferencia, y así subirían el piso electoral como primera fase para que el Frente vuelva a ser competitivo pese a las torpezas (¿y deslealtades?) de Alberto y el ajuste económico. Creyó además ver en el atentado una gran oportunidad para volcar sensibilidades olvidadas a favor de la jefa.   

Pero siempre hay un pero. Cuando Cristina puso segunda, la caja de cambios no reaccionó (y el freno tampoco). Conclusión: el riesgo de estrellarse era mayor. Esto significa que la sociedad, lejos de polarizarse, se mostró sucesivamente incrédula y el viejo truco de la polarización radicalizada no surtió efecto. Alguien debería haberle avisado al comando de la calle Juncal que un señor de cabellos alborotados junta el 20% de intención de voto. La grieta claramente se estancó en su capacidad convocante hace mucho.

Eso produjo el golpe de timón que se vio en el acto de La Plata: Ella dejó de hablar de El, se acordó del problema de la seguridad, se vistió de blanco y pidió grandes acuerdos en la Argentina. Otra Cristina, intentando dulcificar su imagen y en un operativo de volver a seducir a ese segmento de votantes K duros, pero que dejaron de serlo. Fue el acto de “La fuerza de la esperanza” (cuyos inconvenientes conceptuales analizamos en este espacio en la nota “La fuerza y la esperanza”).

El punto es que antes de fin de año se iba a conocer el fallo de la causa Vialidad, y eso la iba a obligar a jugar fuerte políticamente. No podía quedarse callada y no podía no subir el volumen de su indignación, más allá de su estado de ánimo interno. Como era lógico, la “crónica de un fallo anunciado” cedió protagonismo al “mi nombre no va a estar en la boleta del 2023. No voy a ser candidata, no voy a tener fueros”. Una jugada fuerte y astuta, aunque debe ser tomada con pinzas. Veamos.

Primero, le quita a la oposición un argumento de corto plazo: necesita fueros. Si bien la situación dista mucho de la de 2015, ella ya transitó dos años (hasta 2017), sin protección legal. Segundo, pone en incertidumbre a propios y extraños respecto de qué hará finalmente, situación que no se develará probablemente en los próximos 6 meses. Tercero, aunque no le crean, pudiese tener un efecto sobre si Macri debe o no ser candidato para ir a una gran final del campeonato mundial contra Ella. Cuarto, todo se convierte en un gran globo de ensayo: ¿cómo reaccionará la opinión pública? ¿qué harán sus fieles e infieles dentro del Frente de Todos?

Vista la reacción de Cristina de lunes y martes, la pregunta central es ¿cuál es realmente su estrategia?; ¿por qué se acabaron los acampes en la puerta de su casa y por qué no hubo movilización sugerida el martes 6? Da toda la impresión que estratégicamente chocan sus necesidades personales con una estrategia racionalmente construida que sirva electoralmente. No puede no ser frontal en todo el plano judicial y al mismo tiempo los grupos focales le sugirieron otra cosa, como intentó mostrar en La Plata.

Las estrategias están para alcanzar ciertos objetivos relevantes, no para satisfacer la ira. Retrotrayéndonos unos 100 días para atrás el cuadro resultante para la vicepresidenta es complicado: no logró polarizar a la opinión pública con la confrontación, no logró encarrilar a Alberto con su poco poder y no logró torcer decisiones judiciales que la involucran personalmente. ¿Se confirma entonces lo que señalamos en esta columna hace un mes atrás respecto a que Ella ya no es la misma de antes y que está atorada por la necesidad de defender su cueva familiar, porque ahora viene la causa Hotesur? Sí, le siguen pegando abajo, parafraseando a Charly.

CFK podría llegar a tener razón en quejarse de que la reacción de sus fieles no fue lo suficientemente firme en la pre y post lectura de la sentencia. Sin embargo, cuando algo falla, la responsabilidad es del que manda. Con este panorama, habría un sinfín de recomendaciones de Sun Tzú que Cristina debería releer. Aquí solamente vamos a detenernos en una: “He oído hablar de operaciones militares que han sido torpes y repentinas, pero nunca he visto a ningún experto en el arte de la guerra que mantuviese la campaña por mucho tiempo”. El cristinismo está embarcado en muchos frentes de larga duración. Los ejércitos se agotan. Finalmente la victoria se aleja.

Todos pierden

Por Carlos Fara. Cuando se producen conflictos como el que sucedió en la Cámara de Diputados todo pierden, es inexorable. Los que piensan que la gente diferencia a unos y otros en la trifulca se equivocan.

Menos mal que existen Julián Alvarez y Mac Allister para generar alguna expectativa positiva. Porque si fuera por la política, el humor social sería mucho peor. Cuando se producen conflictos como el que sucedió en la Cámara de Diputados todo pierden, es inexorable. La dirigencia supone que la mayoría diferencia a oficialismo de oposición en el medio de una trifulca. Es falso. En la lucha en el barro, los luchadores ya no se distinguen. Resultado: confirmación del fastidio con el statu quo, escepticismo, realimentación del pesimismo.

La mayoría de la dirigencia parece olvidar que en política la forma es tanto o más importante que el fondo. No importa mucho quién tiene la razón en la discusión. El escándalo es el resumen. Cada uno se habrá ido a su casa más convencido que nunca de que los adversarios son unos energúmenos. Demás está decir que así no se logra ningún consenso mayor, aunque curiosamente era una sesión para votar proyectos con amplio acuerdo entre las dos principales coaliciones.

¿Quién ganó? Nadie. Todo perdieron. El oficialismo creerá que la oposición quebró una regla al no lograr que se renovaran autoridades de la Cámara, pero se le cayó la sesión. La oposición verá un triunfo en el freno al kirchnerismo, pero el estilo a los gritos la deja del lado del “de noche todos los gatos son pardos”. Si existe una manera de diferenciarse en la política contemporánea, es haciendo las cosas de una manera distinta. “Saliendo de la caja” (out of the box), como se dice actualmente. Ayer el colectivo diputados nacionales se encapsuló dentro de la caja.

Hace tres semanas atrás vino a la Argentina el ex premier español Felipe González y actuando como celador, pidió “dejen de gritar y pónganse de acuerdo” (frase que convertimos en el título de nuestra columna). Pues el sevillano debe haber comprobado que su súplica no tuvo mucho sentido y que lo más interesante para él fueron los honorarios que cobró. Todo el espectro se llena la boca hablando de diálogo y de Moncloas que no está dispuesto a realizar.

No hace falta reflexionar mucho para estimar por qué Milei ronda el 20 % de intención de votos, aún en los lugares más insólitos, y que dicho porcentaje se incrementa notablemente entre los sub 30. ¿A este griterío está condenada la Argentina? ¿Vale la pena quedarse a vivir acá para ver esto? Solo un pequeño recordatorio, el cual por repetitivo da vergüenza: el país viene de 3 frustraciones que dan lugar a sendas elecciones que demandan mayormente cambio. ¿Qué cambio? Uno que parezca que saca esto de un atolladero crónico.

Así como siguen las cosas -gobierno fragmentado, presidente desdibujado, Cristina desgastada y sin salida en la opinión pública, inflación fuera de control, país sin perspectivas aun cuando haya un cambio de signo político-, la mayor probabilidad es que este oficialismo pierda la próxima elección presidencial. Esta es una afirmación casi obvia, solo que el tiempo va reafirmando el pronóstico. La oposición dice que el FdT comete dislates para embarrar la cancha a causa de la situación judicial de CFK. Ya no importan mucho las razones, el resultado es el mismo. El peronismo en fase K no tiene mucho destino en 2023, salvo que se produzca un milagro de la mano de Massa (que a esta altura es una suerte de Scaloni ni bien asumió la dirección técnica de la selección en 2018, mientras se pensaba quién sería el definitivo).

La oposición ya da por ganado el premio mayor el año que viene. Tiene muy buenos argumentos que avalan ese pronóstico. Solo que no despierta entusiasmo: hoy ganaría más por ser “el menos malo” que una “alternativa esperanzadora”. Sus conflictos internos solo quedan de lado cuando confronta con el kichnerismo. Esa parece ser su esencia a esta altura de las circunstancias. Sin ir más lejos -pre escándalo en la cámara de diputados- había re comenzado la polémica sobre “la cuestión Milei”. El debate no se zanjó, solo se postergó por la trifulca.

Más allá del espectáculo a los gritos, CFK marcha hacia algún tipo de condena en esta instancia judicial. La lectura es más política que legal, ya que nada de lo que se anuncie el martes 6 de diciembre en el juzgado cambiará el tablero político. Primero, porque ya se da por hecho el final. Segundo, la película no termina el martes. Tercero, la gran mayoría de la sociedad la considera culpable. Cuarto, los tiempos judiciales hacen que nada le impida ser candidata a algo el año que viene. Por lo tanto, el efecto será más mediático que político, con la incógnita sobre si habrá movilización popular sustantiva. Lo más importante es que Cristina al tener que defenderse políticamente –como hizo esta semana- contradice la estrategia iniciada en el acto en La Plata: la de extender los brazos para contener a todo el Frente y empezar a recuperar desencantados. En definitiva: el griterío del jueves tampoco la ayuda en esa nueva fase.

Mientras tanto, “el plomero del Titanic” (como se autotituló Massa) sigue recurriendo a parches para que la situación no explote, pero el bochorno no lo ayuda. El sigue casi sin hablar de política, recurriendo a los tuits, con pocas y medidas declaraciones públicas, salvo cuando se le escapa alguna tortuga como la de “salir a romper el mercado”.

Este marco de alta negatividad, sin embargo, genera una maravillosa oportunidad para que a alguien que se le prenda la lamparita, marque una diferencia. Tal cual viene el tablero está muy difícil. Pero como “a río revuelto, ganancia de pescadores”, tampoco debe descartarse que algún iluminado y tiempista crea que haya llegado su momento de mostrar sus cartas. Ojo con este detalle.

Ojalá Argentina le gane a Australia (en fútbol, claro, en los indicadores económicos no podríamos competir). Habrá unas horas de paz y alegría efímera. Bauman diría alegría líquida, por fugaz y etérea. Mi gran recomendación a todos y todas es: ¡salgan de la caja! En inglés es: out of the box. Bromeando un poco con la literalidad: dejen de boxear.

La lima de Cristina trabaja sin descanso, pero con un límite

El viaje de 4 días a Europa en plena crisis le servirá de descanso a un presidente que el viernes volvió a sufrir el intenso fuego “amigo” de su vice. CFK va delineando una estrategia que apunta a consolidar su capital político de cara a un futuro que espera no sea asociado con una gestión que quiere mostrar ajena.

Por José Angel Di Mauro

Fue como esas cadenas nacionales en lo que la entonces Presidenta de la Nación había instaurado como su prime time. ¿Cómo olvidar los patios militantes de la Casa Rosada? Ahora ella tuvo algo parecido ante sí en un auditorio afín en el Chaco, otro territorio que considera propio con un gobernador que se ilusiona con una candidatura presidencial en 2023. El panorama es tan poco claro que nadie puede negarle a Jorge Capitanich la posibilidad de mantener esa ilusión.

Tampoco lo tiene claro el cristinismo en general, ni siquiera su principal referente en particular, que sí ya tendría decidido reforzar sus apariciones públicas. Algunos en lo más alto del poder interpretaban lo del viernes como el lanzamiento de campaña de Cristina Fernández de Kirchner. ¿Campaña para qué? No a una candidatura, que hoy por hoy tampoco nadie se anima a descartar; más bien al objetivo de consolidar su espacio, a futuro, en el papel que le toque.

Porque tiene claro la vicepresidenta que las elecciones de 2023 se presentan como “complicadas” -para ser benignos- para el oficialismo, aunque -política al fin- no las dará por perdidas antes de tiempo. Por lo pronto ha sentado las bases en las que se basará su proyecto futuro. Reflotada Unidad Ciudadana, esa marca le servirá al cristinismo más allá del fin circunstancial que tuvo revivirla para capturar un puesto más en el Consejo de la Magistratura. Amén de que tiene en la mira garantizar para su espacio tres o cuatro lugares de los ocho que le corresponden al Poder Legislativo en la futura conformación de ese organismo a partir de noviembre, si como todo indica se mantiene el esquema reinstaurado por la Corte. Así sería por los próximos dos años, aun fuera del poder.

Que el martirio del viernes se repita sistemáticamente atormenta los espíritus de quienes habitan la Casa Rosada, donde sin embargo respiraban aliviados el viernes. Como cada vez que va a pronunciarse CFK, temían lo peor, luego del terreno que había abonado en los días previos Andrés “Cuervo” Larroque. Una ruptura es siempre el fantasma que aflige a Alberto Fernández, que en la previa de la aparición de Cristina en el Chaco anduvo por el otro extremo del país, en Tierra del Fuego, donde pronunció una y otra vez la palabra “unidad” en todas sus formas y acepciones. Contrariamente a lo que piensa su núcleo duro, donde “perdido por perdido” -tal la frase que deslizan- no dejan de ilusionarse nunca con la independización de un albertismo nonato.

Está claro que para el Presidente, esa alternativa no tendría la menor posibilidad de prosperar, más allá de un efímero fervor inicial. Su gobierno no tendría destino sin la presencia del sector dominante del Frente de Todos. Y una actitud independentista tendría sus serios riesgos: ¿qué garantiza que una muestra de autoridad presidencial como podría ser el despido de alguno de los encumbrados funcionarios camporistas vaya a ser obedecida? Si ya un funcionario de segundo orden como el subsecretario Federico Basualdo se le insubordinó hace un año y resistió su despido…

Si se diera tal situación, Alberto Fernández perdería el resto de autoridad que le queda. No está dispuesto a probar. Andrés “Cuervo” Larroque ya fue muy claro: “El gobierno es nuestro”. A buen entendedor…

El consultor Carlos Fara lo analiza así: “Alberto no sabe, no puede o no quiere escalar el conflicto con Ella, ya que si los funcionarios cristinistas del área desobedecen puede ser el inicio de una guerra mundial. O puede ser otra cosa: una rendición semi incondicional del presidente.

¿Qué es lo que quiere el cristi/kirchnerismo al limar permanentemente al Presidente? Es la pregunta del millón. Cristina ha dicho en privado que ella no será Cobos, ni Chacho. Debe interpretarse por semejante cita que no votará en contra del gobierno si alguna vez le toca desempatar, aunque ello no implique que vaya a evitar inspirar insurrecciones. Tampoco se irá, como hizo el vice de Fernando de la Rúa, al que el kirchnerismo supo encolumnar.Digámoslo con todas las letras: ¿Forzará la salida de su elegido para sentarse ella en el sillón de Rivadavia? En función de los hechos, muchos que hasta hace un tiempo lo descartaban de plano, ahora tienen dudas. Pero eso no sucederá. ¿Para qué querría Cristina Kirchner hacerse cargo por un año y medio en semejantes circunstancias? Es más: tiene claro que una eventual vuelta a la primera magistratura por vacancia representaría unos pocos días de frenesí de su tropa más fiel, con la inmediata repulsa del otro lado de la grieta y, más aún, el eventual entusiasmo no se extendería más allá de unos pocos días.

Eventualmente, el escenario más probable en caso de que Alberto Fernández se desmorone sería un adelantamiento de elecciones. O si la situación se tornara inmanejable.

Incluso en el Instituto Patria podrían llegar a verlo con buenos ojos, pues si el destino final es el que imaginan, ¿para qué ir a elecciones en el medio de un colapso?

En vísperas de emprender un viaje a Europa que le servirá para recuperar oxígeno, el Presidente ha dicho a sus funcionarios más cercanos que él resistirá. De hecho, es optimista respecto de los tiempos por venir. Matías Kulfas le pasa datos auspiciosos y ese es uno de los temas que más irritan al cristinismo, que no le cree y que sabe que los datos de la macroeconomía se deshacen con una inflación del 60%. La “agenda productivista” que auspicia el ministro de Producción incluye un paquete de leyes que el año pasado el oficialismo no pudo tratar; lo mandó a extraordinarias y aún siguen esperando. Ahora, por fin, se adelanta que el martes que viene comenzará a debatirse en comisión el proyecto de Compre Argentino, que no tendría mayor problema de avanzar, si el oficialismo no se cierra respecto a eventuales cambios que pueda sugerir la oposición.

alberto fernandez presentacion proyecto compre argentino
Alberto Fernández presentó el 13 de septiembre de 2021 el proyecto de Compre Argentino.

La “agenda Kulfas” incluye también el proyecto de electromovilidad. En el Patria ironizan con el deseo oficial de avanzar con la producción de automóviles eléctricos, híbridos o propulsados a celdas de hidrógeno. Pero sobre todo lo resisten porque la norma establece que a partir de 2041 no se podrán vender vehículos cero kilómetro propulsados a combustibles fósiles. De origen patagónico al fin, el kirchnerismo se pone del lado de las petroleras, que resisten ese plazo.

La semana que pasó el gobierno encontró en el Congreso señales claras de que si negocia le puede ir bien. Así pudo aprobar tres leyes consensuadas por amplio margen. Sigue equivocándose, como cuando convocó a una sesión para abortar la sesión de la oposición para boleta única de papel sin estar seguro de que tendría el número para el quórum. Al advertir que no llegaba a 129, tuvo que negociar con una oposición que después impuso su número para apurar el tratamiento del cambio del sistema de votación. Que era lo máximo que podía llegar a aspirar, pues nunca tuvo los 2/3 para aprobar una ley que merece mayor debate.

Quedó claro el jueves que la oposición puede imponer su agenda. En ese caso le queda al Frente de Todos la instancia del Senado para obturar lo que se apruebe en Diputados.

Ese sería el destino de la boleta única, como ya esbozó el viernes Cristina que resumió el tema así: “Votás una lista de diputados como si fuera una ristra de chorizos y ajos”. Aunque no se descarta que la oposición pueda salirse con la suya, pues los diputados de Juntos Somos Río Negro se han mostrado a favor de la boleta única, lo que sugiere que el senador Alberto Weretilneck podría apoyar, rompiendo el habitual alineamiento que mantiene con el oficialismo en el Senado. Más la oscilante riojana Clara Vega, la oposición podría sacar la ley que en junio tendría media sanción.

Mientras tanto el cristi/kirchnerismo sigue dando señales en el Congreso, con un Máximo Kirchner que presentó un proyecto para adelantar el aumento del salario mínimo. Una iniciativa propia de un legislador opositor, que grafica claramente el estado de cosas. Paralelamente en el Senado los oficialistas presentaron un proyecto previsional no consultado con las autoridades económicas, capaz de impactar fuertemente en el endeble sistema previsional.

Cristina no gobierna, ni quiere hacerlo antes de diciembre de 2023, pero quiere dejar claro que si no hay manera de frenar la inflación, al menos los sueldos deben correr a ese ritmo. De ahí su saludo a Sergio Palazzo por el 60% alcanzado por los bancarios, y su hijo diciendo este sábado en Los Toldos que “lo que hay que subir son los salarios”.

“Olivos Gate”: un gran escándalo sin mayores consecuencias electorales

El apotegma kirchnerista “la Patria es el otro” parece haber sido modificado en esta gestión por el de “la culpa es del otro”. Ya sea responsabilizando de todos los males a la gestión anterior, o aun para cuestiones domésticas, como al hacer el descargo por la foto que confirmó lo que todos presumían.

Por José Angel Di Mauro

Se entiende perfectamente que el “Olivos gate” haya caído tan mal en Gobierno. Justo cuando la campaña electoral toma impulso, y la Rosada ha dispuesto lanzar una montaña de dinero, cuestión de recuperar el terreno perdido en pandemia; justo cuando la mala imagen que alcanzaba niveles alarmantes, según algunas encuestas habría comenzado a revertirse; y cuando las segundas dosis -talón de Aquiles de la campaña de vacunación- avanzan de manera acelerada. En este marco es que estalló el escándalo menos esperado.

Un “cisne negro”, dirían algunos expertos en campañas. “No será así”, confiaban el viernes en la Rosada quienes sostienen que, dentro de todo, mejor que esto haya estallado cuando aún falta un mes para ir a votar y ni siquiera hay clima de elección.

El consultor Carlos Fara tiene la sensación de que esto no le va a restar votos al gobierno. “Obviamente le impedirá obtener votos moderados o independientes, desde ya, pero del núcleo duro no va a perder nada, a priori -expresó a este medio-. Vamos a ver cómo sale esta cuestión, sobre todo teniendo en cuenta que esto va a tener una reverberancia varios días, pero también, como pasó con el vacunatorio VIP, no es que la gente no se indigne, sino que mucho público da por descontado que estas cosas pasan, entonces la indignación se relativiza”.

Y agregó: “Lo que la gente decía con el vacunatorio VIP era que lo sorprendente es que alguien se sorprenda de que esto pase en la Argentina, porque estas cosas siempre pasan”.

Para Carlos Fara, mucho público da por descontado que estas cosas pasan.

Más allá de la consecuencia que vaya a tener en materia electoral, el escándalo impactó en lo más alto del poder, donde el viernes los pases de factura estaban a la orden del día. Curiosamente se cuestionaban haber accedido al pedido de acceso a la información hecho por Poder Ciudadano, que reveló el detalle de visitas a la residencia presidencial durante el primer año de la pandemia. Sugerían que “deberíamos haber hecho como Macri, que no entregó el listado”. La realidad es que cuando Poder Ciudadano hizo por primera vez esa solicitud a la anterior administración, entregaron la nómina de ingresos a Olivos del gobierno de Cristina Kirchner y los primeros seis meses de Mauricio Macri. Cuando más adelante esa entidad reiteró el pedido, el gobierno de Cambiemos ya no respondió, y eso lo suministró la gestión actual, con los datos propios que generaron este terremoto político.

También se preguntan en el gobierno quién filtró la foto de la polémica. Erróneamente circuló el jueves por la noche que había sido Chien Chia Hong. No es así: en esa velada no estuvo la pareja de Sofía Pacchi, amiga de Fabiola Yañez, quien sí asistió en cambio al cumpleaños del presidente Alberto Fernández, el 2 de abril. Según consta en los registros, el empresario de origen taiwanés que ha hecho negocios con el Estado argentino se retiró esa vez alrededor de las 3 de la madrugada. ¿Aparecerá alguna foto de ese festejo realizado a 14 días de decretada la cuarentena estricta?

Ciertamente hay temores respecto de la aparición de otras fotos, por eso la necesidad de que el Presidente formulara un descargo el viernes. No hay que ser muy imaginativo para entender que las reuniones fuera de protocolo eran comunes en Olivos. Botón de prueba es el asado con Hugo Moyano y señora, del que se supo por la foto sin barbijo ni distancia social que se conoció luego. Esa vez fue el propio camionero el que la difundió, como mensaje directo a la CGT.

Los matrimonios Fernández y Moyano sin barbijo, en Olivos.

Circuló todo tipo de versiones respecto del descargo que haría Fernández, y hasta llegó a barajarse la posibilidad de que se autodenunciara. Sobre todo a partir de un tuit del abogado Gregorio Dalbón, en el que anticipó “una sorpresa”, aunque poco después lo borró.

Las disculpas presidenciales no convencieron ni siquiera a los propios. Si hasta el ministro del Interior Wado de Pedro debió arengar a los presentes en el acto celebrado en Olavarría para que aplaudieran. Con ese aplauso que sonó condescendiente, el Presidente trató de autoconvencerse de que había logrado sortear el maltrago. No le resultará tan sencillo. No sonó para nada “sororo” que responsabilizara a la primera dama, por haber convocado a “una reunión con sus amigos”. Ya más temprano habían hecho bastante ruido los argumentos del habitualmente hábil declarante Aníbal Fernández, que se preguntó si el Presidente debía “cagar a palos” a su mujer por haber cometido semejante error. Sonó igual de mal que el Presidente terminara culpando a Fabiola Yañez. “Me doy cuenta que no debió haberse hecho. Y lamento que haya ocurrido. Claramente me arrepiento”, dijo Fernández buscando dar vuelta la página.

En su descargo, Alberto F. lejos estuvo de sonar sincero. Habló de “un brindis”, cuando claramente se veía en la foto que no había solo copas en la larga mesa del quincho de Olivos. Y para brindis, suena demasiado extenso si se tiene en cuenta que los comensales se retiraron cerca de las 2. “Todos lo supieron porque nosotros lo contamos. Porque no ocultamos nada”, dijo AF, cuando es evidente que solo confirmaron la información cuando ya no era posible ocultarla, ante la aparición de una segunda foto del evento.

Así las cosas, el problema serio para Fernández no es la foto, sino el serio deterioro de la credibilidad de la palabra presidencial. No es nuevo, si se contempla que ha debido reinterpretar casi una década de críticas suyas contra Cristina Kirchner.

Precisamente la vicepresidenta está bastante molesta con este episodio, según dejaron trascender allegados. También debe haberla fastidiado que el impacto político de la foto de Olivos haya sido de tal magnitud que dejara en un segundo plano su discurso del jueves en Lomas de Zamora. Sin pelos en la lengua, no anduvo allí con vueltas cuando tildó de “ingenuo” a su compañero de fórmula, ni sobre todo cuando celebró un mensaje de La Cámpora que dejó seriamente expuestas las diferencias notorias en el Frente de Todos.

Sucede que al celebrarse el segundo aniversario del triunfo de la fórmula de los Fernández en las PASO, el PJ publicó en su cuenta de Twitter una imagen de los festejos en los que el protagonista principal de la foto era Alberto Fernández. “Che, se olvidaron de alguien”, tuiteó la agrupación cristinista. Más allá de que Cristina no aparecía en esa foto porque había votado en Santa Cruz y allí se quedó toda la jornada, la vicepresidenta elogió el jueves a la agrupación referenciada en su hijo Máximo por ese mensaje. “Muy bien La Cámpora, eh. Es buena la memoria, siempre es buena la memoria. Si uno no tiene memoria, corre el riesgo de volverse a equivocar”, observó la expresidenta, ya metida de lleno en una campaña que la tendrá como protagonista principal.

Cristina Fernández de Kirchner es la líder de un frente de lo más heterogéneo, en el que todos los espacios están loteados. Se tomó su tiempo el Presidente para resolver cómo cubrir los lugares vacíos por los ministros a los que decidió apartar por ser candidatos. Ya se sabía que Juan Zabaleta iría a Desarrollo Social, pero sorprendió la designación de Jorge Taiana en Defensa. Se respetó el reparto original y en lugar de Agustín Rossi asumió un senador que también responde a la exmandataria. Los enroques terminaron beneficiando al sector que más crecimiento viene experimentando en el Frente de Todos, La Cámpora, pues el alejamiento de Zabaleta para ir al Gabinete terminó dejándole servida en bandeja a esa agrupación una intendencia importante como es Hurlingham. Toda una paradoja cuando inicialmente ese intendente se le había plantado a La Cámpora presentando una lista con él de candidato.

El presidente flanqueado por los dos nuevos ministros.

En este contexto la oposición inició una embestida contra el Presidente que hasta justificó el inefable Víctor Hugo Morales. Inicia un trámite de juicio político contra el Presidente que no tiene chances de prosperar, pues necesitaría los dos tercios en ambas cámaras. Ya aclararon desde Juntos por el Cambio que lo tenían claro aun antes de presentar el pedido. Les alcanzará con lograr al menos que el trámite pueda iniciarse en la Comisión de Juicio Político, lo cual tendría al menos gran repercusión.

Pero más allá de eso, hay otra jugada que podría tener un mejor destino: la creación de una comisión investigadora de las visitas a Olivos. Para eso no hacen falta los dos tercios, se vota por mayoría simple. Esto es, con toda la oposición unida alcanzaría. Y a Juntos por el Cambio, en tiempo electoral, le será suficiente poner a prueba la postura de los otros espacios opositores en un tema de tal importancia.

“Da la impresión de que Alberto Fernández es un poco rehén del Instituto Patria”

Para el consultor político Carlos Fara, el presidente exhibe “mucha menor capacidad de autonomía de la que manifestaba por lo menos al principio de la cuarentena”. No tiene dudas de que el cristinismo lo ve como un presidente de transición.

Al consultor Carlos Fara no lo sorprende que, con “una agenda ligada a la filosofía del cristinismo”, el presidente Alberto Fernández haya terminado inclinado hacia “una dinámica más confrontativa” que lo lleva a “hablar más del pasado y de alguna manera poner de vuelta sobre la mesa a la grieta”.

“Eso iba a depender de cuan bien manejara Alberto la conflictividad general, y particularmente en esta situación” de pandemia, señaló, agregando que “en la medida que Alberto no parece tener una estrategia alternativa para conducir la tensión interna, era esperable que terminara él de alguna manera perdiendo la moderación que era su contrato simbólico originario al momento de ganar la elección”.

Entrevistado para Parlamentario TV, el consultor admitió que esperaba “más tiempo de moderación de parte de Alberto, aunque sea formal, y que, en algún momento, algunos proyectos, sobre todo lo que tiene que ver con el tema Justicia, la situación se endureciese por las propias causas judiciales de ella”.

“Pero no le está dejando resquicio, no sé si tiene que ver con parte de la letra no escrita del acuerdo entre Alberto y Cristina cuando él aceptó la candidatura, o cierta limitación de él para poder equilibrar la situación, para mantener tranquila al ala más radicalizada”.

Fara reconoció que hoy da la impresión de que el presidente “está deslucido. Más allá de la imagen en la opinión pública, claramente la película es de progresivo desgaste. Da la impresión de que él es un poco rehén del Instituto Patria. Un Instituto Patria que, por otro lado, en un punto desconfía de él, porque considera que él trata de quedar bien con todos”.

“Es un poco como el peor de los dos mundos: no satisface ni a unos ni a otros, y aun haciendo buena letra en algunas cuestiones tampoco conforma al ala más radicalizada. Y claramente todos los signos que da es de un presidente que tiene mucha menor capacidad de autonomía de la que manifestaba por lo menos al principio de la cuarentena”, concluyó.

Con relación a la oposición, dijo que en ese espacio ve a “los halcones de Juntos por el Cambio, y las palomas, representadas por Horacio Rodríguez Larreta”. Y agregó que “obviamente se da el típico juego de distintas necesidades: en el mundo parlamentaria vas a encontrar más halcones porque no tienen responsabilidad de administración, y cuando vas a los que tienen responsabilidad, los gobernadores y los intendentes te vas a encontrar con posiciones más moderadas”.

Fara no tiene dudas de que el cristinismo ve a Fernández como un presidente de transición. “Para el cristinismo la discusión es si Cristina decide que para el 2023 es Máximo (Kirchner) o Axel (Kicillof). Esto no me cabe duda. Respecto a él, es probable que se vea como de transición, Por esta cuestión de ‘yo vengo a hacer mi trabajo, una determinada cantidad de tiempo, no vengo como a quedarme’, como que todo el tiempo él está intentando parece como que no es el líder de nada”.

Consultado sobre el presidente de la Cámara de Diputados, Fara cree que Sergio Massa “siempre va a ser una persona de la política, le vaya bien, o no tan bien, en la opinión pública”. Piensa que “todavía tiene cuerda como para pensarse como alternativa presidencial. Creo que, si no me equivoco, 48 años y los presidentes están llegando con no menos de 56”.

“Desde el lado de Máximo te diría que ahí va a haber una puja importante con Axel Kicillof, porque el rol de Máximo es un poco como esas decisiones que se tienen que tomar en algunas PyMEs familiares, respecto de quién es el heredero de la conducción de la empresa: si el hijo del dueño o un externo que vino como gerente y que lo asimilaron como dentro de la familia”.

¿Y Macri? “Es un expresidente, se fue con el 40% de los votos, así que nadie podrá sacarlo de la discusión en primer lugar. Me parece que puede ser un activo, depende del rol que juegue”, observó.

Senado, divino tesoro

Por Carlos Fara. La Cámara alta ha pasado a ser un objetivo deseado por el oficialismo, que allí es mayoría pero no tiene los 2/3. ¿El año que viene eso puede cambiar?

Si la reforma judicial se aprueba y se incrementa el número de integrantes de la Corte Suprema, la Cámara alta puede ser la clave del futuro de Alberto, Cristina, el cristinismo y la oposición. Para eso tenemos que volver a hablar de elecciones, guste o no.

Hoy el oficialismo no tiene los dos tercios para poder nombrar nuevos jueces en el máximo tribunal. Le faltan 4, lo cual es mucho para un bloque opositor abroquelado. Prueba de que no los tiene es que el Gobierno da por caída la nominación del juez Rafecas como procurador nacional.

El año que viene hay elecciones para senadores nacionales en ocho provincias, a saber: Catamarca, Chubut, Corrientes, La Pampa, Mendoza, Santa Fe, Córdoba y Tucumán. Nada más, ni nada menos que en 3 de los 5 distritos más importantes del país. Si se le agregase provincia de Buenos Aires y CABA harían un simulacro de elección nacional. Veamos lo que podría pasar en esos distritos en función de la sociología electoral y luego identifiquemos los factores específicos.

Catamarca, La Pampa, Chubut y Tucumán no deberían tener misterio: son distritos en donde los Fernández ganaron con comodidad, y en la legislativa de 2017 se impuso el peronismo (aunque en La Pampa y Chubut debieron transpirar la camiseta frente a la ola cambiemita). Mendoza viene con un registro parejo, ya sea nacional o provincial, a favor de Cambiemos. Por lo tanto, ahí tampoco deberían esperarse novedades.

Corrientes es particular (como lo ha sido siempre a lo largo de su historia): el gobierno provincial es de radical en Cambiemos (con una alianza multicolor “atrapa todo”), pero en las presidenciales gana el peronismo, que arrastra a sus listas legislativas. Sin embargo, cuando no hay efecto arrastre de lo nacional, se da vuelta la tortilla y se impone el oficialismo provincial: así sucedió en 2013 y 2017. Solo que esta vez al estar en juego los senadores podría ser que el peronismo pierda un senador que lo gane Cambiemos.

Por lo tanto, las dos estrellas serán Santa Fe y Córdoba (podríamos decir que esta va a ser una elección “SanCor”).

Un interesante análisis de Carlos Fara del panorama que presenta la Cámara alta de cara a 2021.

Córdoba es el mejor distrito para Cambiemos a nivel nacional, mejor incluso que la CABA. Como se sabe la gobierna un peronismo con la bandera del cordobecismo que, desde el triunfo de De la Sota de 1998 para acá, ha sabido leer con inteligencia sociológica qué tipo de oferta electoral es la que mejor se adecua a la matriz cultural. El punto es que todas las elecciones nacionales desde 2015 las ganó la coalición cambiemita. Sin duda que Schiaretti va a hacer todas las maniobras consabidas para ganar, pero perder por un punto es mantener el status quo: dos senadores para Cambiemos y uno para el peronismo cordobés.

Por último, Santa Fe (last, but not least). Aquí hay varias cuestiones para señalar. En primer lugar, luego de 3 mandatos ya no está en el poder provincial el Frente Progresista (FP), con lo cual irá a esta elección desarmado de ese aparato estatal. En segundo lugar, si bien es una provincia que ganó Macri en 2015 y 2019, fueron resultados bastante parejos. En tercer término, en las últimas dos legislativas se impuso Cambiemos. En cuarto lugar, el FP tiene fuertes divisiones internas entre un ala filo albertista (Bonfatti) y una moderada (Lifschitz); hay elección interna en el socialismo en noviembre, fuera del poder después de mucho tiempo. Dicho todo esto, se podría proyectar que: 1) la elección se va a polarizar como en 2017 y 2019, mucho más con el FP con menos “fierros” (ahora en manos del peronismo); 2) está para cualquiera de los dos grandes dadas las características sociológicas de la provincia. Ultimo comentario: el caso Vicentín le hace campaña a favor de Cambiemos. Ni hablar si además el electorado percibe que un senador menos para el oficialismo nacional garantiza que la Corte siga siendo “suprema” (¿cuántas veces en la historia la Suprema tuvo dos santafesinos?).

Repasando entonces:

Escenario 1: se mantiene el status quo actual. Bastante probable.

Escenario 2: el oficialismo pierde 1 ó 2 senadores, con cual entierra cualquier maniobra que requiera dos tercios. Medianamente probable.

Escenario 3: el oficialismo gana senadores. Poco probable.

Si finalmente el Senado es una traba para el oficialismo, ¿en qué otros campos dará la batalla?

Carlos Fara es consultor político. Este artículo ha sido publicado en 7 Miradas